Por no criticar a Chávez, Lula en apuros. ¿Y aquí?
La no injerencia en los asuntos internos de otros países es un principio internacional valioso. Sólo que muchas veces los gobiernos abusan de él para evitar definirse sobre temas incómodos. El cierre de la principal cadena privada de TV en Venezuela, acusada de opositora, concitó el repudio mundial, reacción que contrastó con el silencio sugestivo de la Argentina y Brasil. ¿Es lícito omitir un atropello semejante a la libertad de expresión? Lula da Silva, quien calló tanto como Néstor Kirchner, fue objeto ayer de fuertes reproches de los medios brasileños, encabezados por el poderoso grupo Globo. Será difícil que los venezolanos puedan poner un freno a los atropellos de Hugo Chávez si no cuentan con el apoyo de los dos países más importantes de Sudamérica. Los principios no deben olvidarse, por más intereses que haya de por medio.
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El directivo de Globo dijo que «entiende» que el gobierno brasileño no se quiera pronunciar, «porque mantiene buenas relaciones con Venezuela», pero rechazó los motivos que esgrimió el martes el presidente Lula da Silva.
El mandatario aseguró que el caso de RCTV «es un problema de la legislación y gobierno venezolanos» y que no opina ni opinará al respecto.
Marinho dijo que la defensade la libertad de expresión «es un asunto que trasciende» a la política interna venezolana y «a las circunstancias de cualquier gobierno y nación», y es algo que «toda la humanidad debía estar cultivando».
En la misma línea, el presidente de la Rede Record, segunda cadena de televisión del país, Alexandre Raposo, consideró que « todos deben salir en defensa de la democracia», por lo que «en casos como éste, es siempre importante que el gobierno se posicione».
Tras su negativa inicial a pronunciarse, Lula da Silva pareció reaccionar a las críticas al destacar que «si muchas veces una andanada de malas noticias (sobre el gobierno) me parece mal, mucho peor sería si no existiese democracia en este país».
En declaraciones al abrir el 24º Congreso de Radiodifusión el martes a la noche, añadió que la democracia permite que «la prensa diga lo que mejor le parece, en el momento que mejor le parece, y ser juzgada por el único jugador: los oyentes, los telespectadores y los lectores», agregó.
«Si alguien exagera en la noticia, puede tener tres meses de gran audiencia, pero un día percibirá que su audiencia cayó porque dejó de ser verdadero», remató.




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