¿Por qué Bush aún sostiene a O'Neill?
-
EEUU emitirá pasaportes con un retrato de Trump por los 250 años de la Declaración de Independencia
-
La ONU estima que cuatro millones de iraníes caerían en la pobreza y se perderían un millón de empleos por la guerra
La clase dirigente empresarial está irritada por el entusiasmo de O'Neill para meter en la cárcel a algunos de sus miembros que hacen trampas con los libros. La gente de Wall Street está disgustada con él por sus duras declaraciones sobre ellos. Los demócratas se quejan de O'Neill porque sirve a un presidente republicano, y los republicanos lo critican porque no consideran que lo haga con total sinceridad. (O'Neill describe la manera de hacer política de la Cámara de Representantes como «show business», o puro espectáculo.)
Si su problema fuera la incompetencia, o si lo que él dice simplemente no fuera cierto, O'Neill no sería tan interesante. Pero en general, las declaraciones que lo metieron en problemas no sólo son verdad sino también intencionales.
Cuando les dice a los periodistas que los políticos brasile-ños son corruptos, o que Estados Unidos no tiene una fuerte política respecto al dólar, lo hace porque a) es cierto, y b) no considera que tenga sentido que la gente piense otra cosa.
El mundo andaría un poquito mejor sin la noción de que el gobierno de Washington manipula directamente el valor del dólar, o de que los políticos brasileños no se guardan lo que no les corresponde.
Una gran parte del problema de O'Neill es que le tocó ser secretario del Tesoro durante el hundimiento del mercado de valores y una recesión econó-mica. Si se fuera de boca en un mercado optimista sería ampliamente admirado, y quizás hasta le atribuirían parte del crédito por ello. Pero en un mercado pesimista hay dos argumentos en contra de las indiscreciones de O'Neill:
• El primero es que los inversores no responden a la realidad sino a las percepciones. Si una autoridad confiable les cuenta una mentira alentadora, podrían reaccionar mejor que si se les dice la verdad. Por eso es conveniente mentirles, o al menos no decirles toda la verdad. Eso puede ser cierto, pero en tal caso, ¿qué significa para uno?
• El segundo y más serio argumento contra la forma en que O'Neill encara la política económica es que no habla en nombre de su jefe. Critica continuamente los rescates del FMI -para la Argentina, Uruguay, Brasil-, pero luego se contradice y los apoya.
No es tan malo cuestionar si el dinero que le da el FMI a Brasil puede terminar en cuentas bancarias suizas, si uno tiene el poder para impedir que el organismo envíe los fondos. Si uno no fuera a dar la ayuda, los inversores se retirarían de todas maneras, por lo que bien pueden hacerlo más bien temprano que tarde.
Pero si uno no tiene el poder para frenar un rescate del FMI, y uno critica al país que a la larga terminará ayudando, está en problemas. Uno crea un clima de inversiones que aumenta el costo del rescate, así como las sumas de dinero que se apilan en las cuentas suizas.
Esta desconexión entre las convicciones de O'Neill y las acciones del gobierno de Bush es el mayor problema del secretario del Tesoro. Sus palabras apuntan a una política (la de antirrescate que el gobierno de Bush dice defender), pero terminan cumpliendo con otra política (la de los llamativos paquetes de ayuda).
Ese problema no se resolverá reemplazando a O'Neill. Si la administración cree una cosa y hace otra, quien suceda a O'Neill en el papel de portavoz fallará exactamente de la misma manera.
Lo gracioso -en mi opinión lo más simpático-acerca de O'Neill es que simplemente no puede contenerse. Cada vez que decide portarse bien encuentra la forma de meter la pata. Este mismo mes, por ejemplo, les dijo a los periodistas que ya no sería más causa de titulares. «Me quemé demasiado tratando de darle a la gente una educación», dijo durante una visita a Seattle. «Abandoné cualquier esperanza de lograrlo.» Dijo que de ahora en adelante «seguirá las reglas del juego». Pero la gente que en verdad lo hace no lo dice a los periodistas.
«Seguir las reglas del juego» obviamente significa «mentir», o en definitiva no decir la verdad. ¿Cuán bien puede uno decir una mentira si le avisa a la gente por anticipado?
(*) Autor de «Liar's Poker» («Póker de mentirosos»).



Dejá tu comentario