Gaza - Un guerrillero gigante aplasta con su bota el tejado de un chalet judío y todo se resquebraja: el grupo integrista Hamas ha forrado estos días la ciudad de Gaza con imágenes que lo dicen todo. En otro cartel de la misma serie, el gigante islamista arranca de cuajo las casitas y sus jardines de la corteza terrestre: nada quedará de los asentamientos hebreos. Una nueva fe y un nuevo urbanismo sustituirán el orden arquitectónico sionista. Nadie quiere vivir en un espacio delineado por el enemigo.
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La deconstrucción está ya pactada. Los israelíes se encargan de demoler todas y cada una de las 2.800 casas que conformaban los 21 asentamientos de Gaza. Sólo quedarán en pie unos pocos edificios comunitarios.
Los palestinos quieren sacar de Gaza las 80.000 toneladas de escombros. Empresas de demolición palestinas y egipcias retirarán toda esa ruina, en una operación que costará unos 24 millones de euros y que sufragará por entero Israel.
Como los milenios tienen la rara manía de no detenerse, llegará un siglo en que unos u otros excavarán los cimientos de estos chalets, o de los bloques que se construyan encima, para seguir cimentando bíblicas reivindicaciones.
En el futuro inmediato, sin embargo, quedará un vacío, y llenar un vacío es siempre complicado. Los israelíes habían construido en horizontal porque no pasaban de 8.000 colonos que ocupaban el 20% de Gaza. Los palestinos no tendrán otra opción que construir en vertical: en el 80% restante de esta estrecha franja vive un mínimo de 1,3 millones de personas, una de las densidades de población más altas del mundo y la que más galopa: en 2025 tendrá unos tres millones de habitantes. Inevitablemente, el aireado paisaje de las casitas pasará a la historia. El cemento de la ciudad de Gaza le ganará al césped y al aire de esta parte de Tierra Santa por goleada.
La cuestión es por cuántos goles: por cuántas toneladas de cemento, por cuánta anarquía arquitectónica, por cuánta corrupción.
Los palestinos no están acostumbrados a entrar en los espacios, a ellos siempre los han echado de todas partes, y es en éste, su primer regreso, donde se la juegan. Todas las facciones armadas palestinas esperan impacientes su entrada para plantar sus banderas sobre la ruina de los adosados y sacarse la foto. Y todas las facciones armadas parecen ansiar su pedazo de la torta territorial.
• Turismo
Existe la voluntad oficial de atraer a Gaza turismo de todo tipo: el religioso, potenciando el hecho de que el tío de Mahoma está enterrado allí, y con el permiso del islamismo el turismo no religioso, porque los israelíes devuelven a los palestinos una de las mejores playas del Mediterráneo, llamada Palm Beach.
Para hablar de cemento, claro, nada mejor que un constructor. Jawdat Judary no sólo levanta grandes edificios y obras públicas en la Franja y en el resto de Palestina: en su jardín están resguardados los restos de las construcciones y las civilizaciones que pasaron por Gaza, que son casi todas. Raro en un constructor, Judary es partidario de dejar el territorio devuelto por los israelíes tal cual; no tocarlo en al menos diez años. Lo ve como una oportunidad única. «Para llenar ese espacio de anarquía urbanística», afirma contra su corazón, «es mejor que siga en manos israelíes». Ahora se construirá en vertical, y la anarquía urbanística de Gaza puede extenderse a toda la Franja.
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