Roban en Irak 350 toneladas de explosivos
-
Trump volvió a cuestionar a la OTAN tras reunirse con su secretario en la Casa Blanca
-
Irán dispuso rutas alternativas en el estrecho de Ormuz por una posible presencia de minas
RESPALDO: Bill Clinton, aún convaleciente de una operación de corazón, pidió ayer a los estadounidenses que voten por John Kerry, con quien se mostró exultante. Con voz firme, Clinton, de muy buena llegada a las bases demócratas tradicionales, habló diez minutos ante varios miles de militantes una plaza de Filadelfia. «Mis queridos compatriotas, podemos estar mejor. ¡En ocho días podemos estar mejor con el presidente John Kerry!», arengó.
La difusión de la noticia tomó descolocado al gobierno, que contaba con la información de la desaparición desde hace 10 días. Joe Lockhart, asesor de Kerry, se preguntó: «¿Por qué esta informaciónfue sacada a luz por la prensa? ¿Estaba acaso encubierta por nuestros funcionarios de seguridad nacional?».
El vocero del Departamento de Estado, Adam Ereli, explicó en rueda de prensa que el gobierno provisional iraquí informó a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de la desaparición de unas 350 toneladas de explosivos el pasado 10 de octubre. Cinco días después, añadió, la AIEA transmitió la información al gobierno de EE.UU. «a través de una carta a nuestra embajada en Viena, creo». «Los datos sobre dónde están esos explosivos y qué pasó con ellos es algo que está bajo investigación», admitió Ereli.
Varios medios de comunicación estadounidenses señalaron, por su parte, que los explosivos desaparecieron de la base militar de Al Kakaa, al sur de Bagdad, poco después de que EE.UU. invadiera el país árabe, en marzo del pasado año. Hace pocas semanas, la AIEA había denunciado la desaparición de armamento y el desmantelamiento de edificios que los albergaban, ocurrida poco después de la invasión de marzo de 2003. Esas instalaciones habían sido controladas por la AIEA durante el régimen de Saddam Hussein, pero el desbande producido tras su caída posibilitó que fueran saqueadas, posiblemente por extremistas.
En el campo de batalla, nuevas acciones de la insurgencia provocaron ayer once muertes, un día después de la masacre en que murieron unos 50 reclutas del ejército iraquí. Tres civiles iraquíes murieron y seis resultaron heridos en la explosión de un coche bomba contra una caravana de soldados australianos cerca de su embajada en Bagdad, indicó un comunicado de la fuerza multinacional. Un soldado estonio murió en otra explosión. En Mossul los muertos fueron tres, en Ramadi, tres y en Baaquba, uno.




Dejá tu comentario