Romney se afianza en la candidatura republicana con un triunfo en New Hampshire
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Con un pasado tanto de gobernador como de hombre de negocios, Romney salió aparentemente airoso de las duras críticas que le lanzaron el resto de contendientes sobre su supuesta debilidad y sus contradicciones.
En un Partido Republicano obsesionado con sacar a Obama de la Casa Blanca a cualquier precio, Romney, ex gobernador de Massachussets, donde promulgó una cobertura sanitaria casi universal, recuerda demasiado al presidente demócrata, según los más escépticos.
Pero Romney, que ya en 2008 fue un candidato infatigable para la nominación republicana, lució distendido y sonriente frente a todas las críticas, arropado por un buen equipo de campaña y con una presentación exitosa en los dos debates republicanos del pasado fin de semana.
La próxima cita republicana es en Carolina del Sur el 21 de enero, pero Romney tiene una cómoda ventaja en términos de delegados para que el Partido Republicano lo elija como contendiente oficial en la convención general de agosto.
En segundo lugar aparecía Ron Paul, de 76 años, un veterano político, representante de una muy minoritaria franja del electorado conservador estadounidense, el libertario, que cree ante todo en la defensa a ultranza de la Constitución, la libertad económica y que es paradójicamente contrario a las intervenciones militares en el exterior.
Santorum, el gran rival de Romney en Iowa, de 53 años y ultraconservador, pareció desinflarse en New Hampshire, con un discreto 10% de los votos, siempre según las primeras proyecciones.
Jon Huntsman, de 51 años, un moderado que había basado todas sus esperanzas en New Hampshire, intentaba disputarse el segundo lugar con Paul pero su candidatura aparecía claramente en peligro.
Las elecciones internas de los partidos estadounidenses son dominadas tanto por el mensaje como por el dinero que pueden cosechar los candidatos para mantenerse durante semanas o meses en liza.
Gingrich, 68 años, expresidente de la Cámara de Representantes, y Rick Perry, de 61 años, gobernador ultraconservador de Texas, aparecían igualmente en posición muy precaria para continuar con la costosa carrera para la elección.




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