Se aleja Japón de la alianza en Afganistán
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Sin embargo, la opinión pública sobre esa misión está duramente dividida en un Japón cuyo Ejército no ha disparado desde que Estados Unidos impuso al país una Constitución pacifista tras la Segunda Guerra Mundial.
Los países aliados del actual gobierno conservador intentaron inútilmente durante los últimos meses persuadir a la oposición para que cambiara su postura. Sin embargo, también dentro de esos mismos países han crecido durante meses las críticas contra su participación en la campaña contra los talibanes afganos.
Pero Japón es la única nación donde la oposición del Partido Democrático de Japón (PDJ) se hizo en julio con el control del Senado debido a los numerosos escándalos de corrupción que salpicaron al ejecutivo del ex primer ministro Shinzo Abe.
Ichiro Ozawa, el líder del PDJ, ya aseguró que se opondrá a todas las iniciativas del gobierno de Fukuda hasta que éste no convoque a elecciones anticipadas. Irónicamente, Ozawa apoyó durante mucho tiempo un papel militar activo para Japón.
La misión en el Océano Indico sirvió como pionera de la deseada iniciación de Japón en materia militar activa. Tokio envió a continuación a sus tropas a una misión de reconstrucción, no bélica, en Irak.
Deseoso de mostrar su compromiso en la «guerra contra el terrorismo», Japón había señalado su intención de aumentar su ayuda a Afganistán y, posiblemente, también a Pakistán, que es un aliado cercano de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo islamista.
Japón ya donó 1.200 millones de dólares a Afganistán desde la caída del régimen talibán, en 2001, y está considerando enviar más fondos para refugiados o desarme, señaló el portavoz gubernamental Nobutaka Machimura.
Tokio siempre ha usado la ayuda internacional como una de sus principales cartas diplomáticas. Sin embargo, los sucesivos gobiernos conservadores han abogado por un aumento del papel militar nipón para incrementar su credibilidad a nivel mundial.



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