San Pablo (ANSA, DPA, Reuters) - El candidato centroizquierdista Ciro Gomes, del Partido Laborista Brasileño (PTB), parece cobrar un decisivo protagonismo en la disputa por la presidencia de Brasil. Las últimas encuestas lo ubican con 22% de intención de voto, el doble que hace un mes, y proyectan una tendencia inesperada para la segunda vuelta: Gomes vencería al izquierdista Lula Da Silva 44 a 43 por ciento.
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La cadena Globo difundió el sondeo elaborado por IBOPE según el cual quedaría relegado de las chances de pasar al ballottage del 27 de octubre el candidato oficialista y preferido hasta ahora de los mercados, José Serra, quien bajó a 15 por ciento de la intención electoral.
Luiz Inácio Lula Da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), se mantiene al tope de las preferencias con 33 por ciento para la primera vuelta del 6 de octubre, a gran distancia de sus perseguidores, pero con tendencia declinante. Por primera vez desde que Roseana Sarney abdicara de la candidatura, el izquierdista se ve superado para el ballottage.
Otro de los candidatos, el socialista y evangelista ex gobernador de Rio de Janeiro, Anthony Garotinho de Oliveira, bajó de 13 a 10 por ciento de las intenciones de voto. Gomes suele decir que «el neoliberalismo es una ideología de quinta categoría que nos es vendida como ciencia» y critica la «pasividad del Estado y su sumisión total al mercado». Sin embargo, tal como analiza la revista «Veja» en la edición del fin de semana, provoca mucho menos pánico en los mercados y en la dirigencia empresarial que el que produce Lula. Tampoco se habla de «efecto Ciro» en los informes de las evaluadoras internacionales a pesar de que en relación con la crisis argentina, Gomes repite que «el modelo que usó la Argentina es el mismo que usamos nosotros y si no cambiamos, seguiremos su camino».
Tal vez sean las frecuentes reuniones que mantiene desde que volvió de estudiar en Harvard con un grupo de sesenta banqueros, directores de fondos de pensión y empresarios, que según sus cálculos, controlan 60 por ciento de la deuda interna, lo que le permitió ser visto con ojos más tolerantes a pesar de su retórica antiliberal y ganar confianza como candidato «anti-Lula».
Gomes es hijo de familias aristocráticas del estado nordestino de Ceará, del que fue gobernador entre 1990 y 1994, año en que su ascendente carrera política se vio afectada por denuncias de corrupción. Ese año fue ministro de Hacienda de Itamar Franco y uno de los creadores del plan Real, pero en 1995, tras pelearse con José Serra, se mudó al Partido Popular Socialista, del que fue candidato presidencial en 1998, saliendo tercero detrás de Cardoso y de Lula.
•Investigación
Sin embargo, en los medios se habla de un posible dolor de cabeza para Ciro Gomes. Su jefe de campaña, José Carlos Martínez, fue investigado por negocios vinculados al misterioso P.C. Farías, ex hombre fuerte de Fernando Henrique Cardoso. Ahora esa investigación cobrará nuevos bríos con la comprobación de parte de los fiscales de que Martínez tuvo un enriquecimiento repentino que no puede explicar. Denuncias de corrupción ya eliminaron a Roseana Sarney de la carrera presidencial y también afectaron a allegados a Serra y al propio Lula.
En una primera reacción ante el ascenso de Gomes, el líder del Partido de los Trabajadores en el Congreso, Joao Paulo Cunha, afirmó que «todavía es muy temprano» para sacar conclusiones. Lula, a criterio de Cunha, «está estabilizado en el primer lugar y la alternancia se produce entre el tercero y el segundo».
Desde el comando de Serra, se esfuerzan en demostrar que Gomes es «el nuevo Collor», en alusión al ex presidente separado del cargo por el impeachment en 1991.
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