17 de enero 2002 - 00:00

Un arrepentido comienza a develar el caso Enron

Un arrepentido comienza a develar el caso Enron
Washington (Reuters, EFE, AFP, ANSA) - David Duncan, un asociado en la firma de auditorías Andersen seriamente implicado en la escandalosa quiebra del gigante de la energía Enron, comenzó ayer a declarar ante una comisión investigadora del Congreso en medio de rumores de que prestará una plena cooperación y de que podría recibir inmunidad en calidad de arrepentido.

Su testimonio, que complementará las seis cajas de documentación que ya ha entregado a los legisladores, podría resultar clave para comprender la trama de la mayor quiebra corporativa de la historia de los Estados Unidos y develar posibles y explosivas derivaciones políticas.

En ese sentido, el nombre de otro alto colaborador del presidente George W. Bush entró ayer en la lista de los vinculados al caso. Se trata del consejero económico del presidente, Larry Lindsey, quien admitió haber estudiado el impacto sobre la economía norteamericana del posible colapso de la sociedad de energía que declaró la quiebra el 2 de diciembre. Lindsey formó parte del consejo de administración de Enron y recibió 50.000 dólares en 2000 de esa compañía.

• Aportes

La Casa Blanca sostiene que no intervino en la crisis del coloso energético, pero lo cierto es que la empresa fue la mayor aportante a la campaña electoral de Bush y el vicepresidente Dick Cheney. Además, se ha comprobado que el secretario del Tesoro, Paul O'Neill; y el de Comercio, Donald Evans, supieron de la crisis de la empresa en momentos en que ésta -mediante una contabilidad tramposa- seguía mostrándose pujante llevando a la calle a 20.000 empleados y arrastrando a miles de ahorristas.

Otros funcionarios mencionados en la trama son el secretario de Energía, Spencer Abraham; el subsecretario del Tesoro, Peter Fisher; y el jefe del equipo de Bush, Andy Card, quien fue informado por Evans.

En tanto, mientras
la prensa aventura que el escándalo podría tener connotaciones políticas mayores al del caso Whitewater que atormentó a Bill Clinton, la Casa Blanca salió a exigir al Congreso que no politice el tema.

David Duncan fue el ejecutivo de la firma de auditoría que dio la orden desesperada, el 23 de octubre último, de destruir miles de documentos que contaban los contactos Enron-Andersen después de haber sabido que la SEC, la agencia que controla la Bolsa, había iniciado una investigación.

Según Andersen, la orden de destruir los papeles la dio Duncan -quien fue despedido- por decisión propia, pero éste dijo a los legisladores que actuó por órdenes superiores y comenzó a contar lo mucho que sabe.


• Colaboración

«Mi cliente está colaborando -dijo el abogado de Duncan, Robert Giuffra-, y su posición es que no hizo nada equivocado: sólo cumplió órdenes.» Mientras, fuentes del Congreso se negaron a confirmar rumores de que ya hay negociaciones para dotarlo de inmunidad a cambio de sus secretos.

Acorralado por el escándalo, el presidente de Andersen -una de las cinco mayores sociedades de auditoría del mundo-,
Joe Berardino, hizo comprar una página en los diarios más importantes y publicó ayer una carta abierta a los clientes para asegurar que la sociedad «dará todos los pasos necesarios para mantener la confianza en la integridad» de la firma.

Pero los problemas para la Andersen parecen acumularse. Una sociedad petrolera de Oklahoma, la Samson Investment, inició una acción legal declarándose dañada por la frustrada vigilancia que Andersen realizó sobre Enron.

Según los analistas, esto prenuncia una avalancha de problemas judiciales para la firma.

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