28 de octubre 2002 - 00:00

Un mandatario que rompe los moldes

San Pablo (ANSA)- Con su arribo al gobierno de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva representa una absoluta novedad en la política local y latinoamericana, ya que es el primer obrero, líder de un partido de izquierda, que llega al poder.

El «marketing» electoral lo obligó a podar la barba, usar trajes Armani, corregir la gramática y modular como si fuera un vendedor de perfumes, pero en verdad él es el primer presidente de Brasil extraño al mundo de la élite que ha gobernado al país.

«Lula no se integró a la élite, recorrió el camino típico de un obrero. Ese es su mundo. Por lo que él representa, es un extraño en el nido de la élite. Ahí está la gran novedad, de ahí el malestar de algunos y la esperanza de muchos», explicó el historiador José Murilo de Carvalho.

Lula, un ex tornero mecánico que ayer cumplió 57 años, es también un sobreviviente del hambre: nació en las zonas áridas de Pernambuco, en el nordeste, y sus padres eran dos campesinos pobrísimos que debieron emigrar a San Pablo. Comenzó a leer a los 10 años y sólo terminó el nivel primario. Será el primer presidente brasileño sin formación universitaria, uno de las características que sus adversarios más mencionaron.

«A principios del siglo XX hubo otro presidente de origen humilde, como Lula. Era Nilo Peçanha, quien era mulato, además. Pero él se integró al mundo de la élite republicana, se formó en Derecho y siguió los pasos tradicionales de la carrera política», recordó Carvalho.

• Ruptura

Los intelectuales que simpatizan con Lula Da Silva, que no son pocos, subrayan la «ruptura con el establishment, con el Brasil de las élites», como señala el politólogo Cándido Mendes en su libro «Lula: La opción más que el voto».

«Lula representa una ruptura histórica muy importante: es la primera vez que se acepta a un trabajador en la Presidencia y exorciza el drama de los casi 400 años de esclavitud, que está en el origen de nuestra abrupta desigualdad social», afirmó el sociólogo
André Martín. El estudioso enfatizó que la esclavitud «implicó el traslado por la fuerza a Brasil de unos 6 millones de africanos, cuyos descendientes integran la masa de sectores populares excluidos».

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