Un país sin capacidad de consenso
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Carlos Mesa
Cuando más presionado estaba, el presidente Carlos Mesa devolvió una vez más la papa caliente a sus oponentes, sacando de la galera la convocatoria a un masivo encuentro entre los diferentes actores políticos y sociales, a celebrarse la próxima semana.
El mandatario defiende una vía moderada, favorable a negociar con las compañías la firma de nuevos contratos adscritos a los cambios de reglas de juego y a la creación de un impuesto progresivo de 32 por ciento que, sumado a la actual regalía o pago fijo a la producción del 18, genere 50 por ciento deseado.
Los parlamentarios quieren que el tributo de 32 por ciento sea inmediato y que tenga la categoría de regalía, y exigen la migración obligatoria de las empresas a la futura reglamentación, lo que es considerado por Mesa como el argumento que conducirá a Bolivia a tener que defenderse en tribunales internacionales.
Ante este panorama, el presidente resolvió el martes hacer una « observación de carácter conceptual» al conjunto de la normativa, opción que en la práctica tiene el carácter de un veto y en la teoría requerirá de una nueva discusión en el Congreso. Mesa justificó este rechazo por la necesidad de entablar un amplio diálogo nacional que evite la fragmentación de un país estigmatizado por el descrédito de los partidos políticos y la resolución de sus problemas mediante la presión de las protestas callejeras.
Pero también por el creciente desprestigio de un presidente limitado para gobernar sin representación parlamentaria o lograr acuerdos duraderos con los sectores en conflicto, cuyos objetivos se alejan cada vez más del lema de esta nación sudamericana: «Unidad en la diversidad».




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