26 de julio 2005 - 00:00

Un problema muy serio en tiempos de guerra

Nueva York - La brecha política entre ciudad y campo, Sur y Norte y costa e interior que se puso de manifiesto en los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre del año pasado vuelve a aparecer en los últimos datos sobre el reclutamiento de las fuerzas armadas de EE.UU.

A escala nacional, se intensifica la grave crisis de enrolamiento, según se puede deducir, achacable a la guerra en Irak. El ritmo de reclutamiento del ejército en la reserva se ha desplomado. Se situó el mes pasado 23% por debajo de su objetivo. Para el ejército regular, el déficit era de 21%. Un dato llamativo es que el alistamiento de mujeres, afroamericanos y latinos cae más que otras categorías.

Esto ha ocurrido pese a las agresivas campañas de enrolamiento. El ejército pretende ampliar el número de reclutadores, ahora situado en 5.000, y les aplica exigentes metas de productividad. «Si no cumples con los objetivos de reclutamiento, te lo hacen pasar muy mal», dice el ex reclutador y marine Jimmy Massey, de Carolina del Norte. Por eso, añade, es cada vez más frecuente «saltarse las normas sobre salud física y mental y el uso de drogas» a la hora de fichar a jóvenes.

• Eficacia

Pero las campañas en contra del alistamiento -organizadas por grupos como Deja en Paz a mi Niño y Abuelas por la Paz para excluir a los reclutadores de los institutos- han resultado bastante eficaces, sobre todo en California, según Kathleen Hernandez, de la Topanaga Peace Alliance de Los Angeles.

Sin embargo, la caída en el reclutamiento es principalmente un fenómeno de los feudos demócratas en las ciudades, en la costa y en el Nordeste. Los estados republicanos del interior y el Sur son responsables de 63% de los nuevos reclutas desde octubre del año pasado, pese a que les corresponde una población muy inferior a la de los estados urbanos. El 40% de los alistados desde octubre proviene del sur rural y escasamente poblado.

Mientras que el
reclutamiento en el Nordeste se ha desplomado 30%, el de los estados sureños ha registrado descensos mucho más leves, en torno a 18%. En otros estados rurales del interior, como Kansas o Missouri, el enrolamiento sólo ha caído 14%.

Dicho de otro modo, las fuerzas en Irak provienen de forma cada vez más acentuada de los estados rurales que votaron masivamente a Bush en noviembre. Este proceso se ve impulsado por el cierre de bases militares en los estados demócratas. Se produce, por ejemplo, una « desmilitarización del Nordeste» ( Massachusetts, Nueva York, Pennsylvania y Nueva Jersey), según el analista militar
John Pike. «Ser soldado en los estados demócratas va a acabar siendo anormal», dijo a un diario de Pennsylvania.

La división se refleja inevitablemente en el cómputo de muertos en Irak, según ha comprobado el sociólogo de la Universidad de Texas
Robert Cushing. El número de soldados muertos que son oriundos de municipios rurales -con menos de 25.000 habitantes- es dos veces mayor que el de los que proceden de ciudades con más de un millón de habitantes.

Los ideólogos republicanos suelen explicar esto por el mayor patriotismo del Sur y el interior -lo que el presidente Bush suele llamar
heartland, tierra del corazón-. Pero Cushing cree que es « principalmente una historia de economía».

Los estados rurales del interior y el Sur tienen las poblaciones más pobres de EE.UU. y los últimos recortes de servicios de salud y de prestaciones sociales han sido especialmente duros en estados como Texas. «Los estudios militares demuestran que una economía empobrecida es un buen estímulo para el reclutamiento.»

Y pese a que el Departamento de Defensa insiste en que la clave del alistamiento «no es el dinero, sino el mensaje», los últimos spots publicitarios de reclutamiento -intercalados entre los de cerveza Budweiser y vehículos Hummer durante los partidos de béisbol y baloncesto- hacen hincapié en las mejoras de salario, seguro médico y financiación de estudios que se ofrecen a los reservistas. Son zanahorias eficaces en una economía en la que 30 millones de habitantes carecen de derecho a tener un médico, un número desproporcionado de ellos en el Sur y en el interior.

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