Una argentina murió bajo los misiles islamistas
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La caída de un centenar de misiles arrojados por el grupo chiita libanés Hizbollah
sobre Nahariya y otras localidades del norte de Israel se tradujo en muerte
y destrucción.
Según un informe de «AJN», los restos de Mónica, de 47 años, radicada en Israel desde hace tres años, serán repatriados al país el próximo domingo. Alrededor de 25.000 argentinos residen en el norte de Israel.
Con este deceso, se elevó a siete el númerode argentinos muertos por la violencia en Medio Oriente, desde el inicio de la segunda Intifada (levantamiento palestino), en setiembre de 2000.
Ayer por la tarde, el gobierno argentino hizo llegar sus condolencias a los familiares. «El gobierno argentino lamenta profundamente que como consecuencia de la escalada de violencia contra la población civil que mucho deplora, haya sido víctima de ese accionar la ciudadana argentina Mónica Lerer de Saidman, acontecido en la fecha, en la ciudad de Nahariya, cercana a la frontera de Israel con el Líbano», señaló el texto difundido por la Cancillería.
Además, se informó que la Embajada Argentina en Israel tomó contacto con los familiares para brindar asistencia y apoyo, y que el canciller Jorge Taiana «instruyó especialmente a la Dirección General de Asuntos Consulares para que provea el auxilio que los familiares residentes en la República pudieran requerir».
Mientras tanto, la población argentina de Nahariya vivía momentos de gran tensión y de mucho miedo tras los bombardeos de Hizbollah. «No es agradable lo que está ocurriendo, hemos pasado toda la noche de explosión en explosión; cuando no eran cohetes, eran nuestros cañones», relató la argentina Amalia Cohen, de 70 años y residente en esta ciudad desde hace 30.
Cohen, madre de dos hijos y una de las dirigentes de la sucursal local de la Organización Latinoamericana en Israel (OLEI), habló mientras preparaba sus valijas para viajar hacia el sur, a la más segura Tel Aviv.
«He vivido en Israel cuatro guerras, entre ellas la del Líbano de 1982 en la que sirvió mi hijo, pero lo de la última noche parece que se está poniendo feo», manifestó.
Cohen dice que aunque «ésta es la situación en Israel y la vivimos desde hace años», decidió marcharse a Tel Aviv, donde vive una hija suya, porque «no hay ninguna razón para arriesgar la vida y toda la población está saliendo de la ciudad».
Cohen refirió que «en los últimos años, a raíz de la crisis económica (2000-2001), llegaron a Nahariya 150 familias argentinas, aunque hoy sólo quedan menos de la mitad». «Lo que está ocurriendo nos trae recuerdos de otras guerras y, como madre de un hijo que sirvió en Líbano, las muertes de los últimos soldados nos duelen a todos como si fueran los nuestros», aseveró.


