2 de octubre 2002 - 00:00

Una incipiente rebelión en el PT

San Pablo (ANSA, EFE) - Los sectores más radicalizados del Partido de los Trabajadores (PT), los campesinos Sin Tierra y los grupos «progresistas» de la Iglesia Católica votarán el domingo por su candidato, Luiz Inácio Lula Da Silva, pero aun antes de los comicios muestran ya resquemores hacia su liderazgo y su nuevo estilo moderado.

Al mismo tiempo, estos grupos de izquierda advierten que no van a arriar sus banderas en un eventual gobierno «petista».

«Lula no va a traer los cambios que Brasil necesita porque Lula priorizó su alianza con las elites», dijo Newton Viana, responsable de comunicaciones del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST). «A pesar de todo, en el MST votamos a Lula, aunque termine siendo un versión brasileña de Tony Blair», agregó.

Lula ha llevado como lema de campaña promover una reforma agraria pacífica, sin invasiones de tierras consideradas improductivas, algo que puede chocar con los métodos del MST.

«Nosotros no vamos a ceder en nuestra lucha por la reforma agraria, sea quien sea el que gobierne. No pediremos permiso a Lula para nuestras ocupaciones de tierra», dijo Viana.

«No necesariamente habrá un enfrentamiento con un eventual gobierno de Lula; eso va a depender de la actitud de Lula hacia las luchas populares y contra el latifundio», señaló el vocero del MST.

A las disidencias radicales de los Sin Tierra se suman las diferencias de sectores de la Iglesia y del propio Partido de los Trabajadores (PT) con el giro del candidato hacia un aún impreciso centro izquierda. La relación entre el PT y los sectores considerados «progresistas» de la Iglesia tiene una larga historia, tanto que «muchos sospechaban que el PT respondía a la Iglesia», recordó Lula en un templo protestante. Pero las discrepancias crecieron desde la nominación de un representante del Partido Liberal, controlado por los evangelistas, como candidato a vicepresidente de la fórmula «petista».

• Crítica

La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil criticó públicamente el hecho: «No hay que aliarse con el diablo para ganar las elecciones», dijo uno de sus voceros.

El tercer frente de tormenta que puede abrirse en un hipotético gobierno de Lula Da Silva surge de la propia entraña partidaria. Sucede que las corrientes izquierdistas conservan importantes espacios de poder dentro del PT: no sólo controlan 30% de la cúpula nacional, sino que cuentan con peso territorial en estados clave como Rio Grande do Sul y Rio de Janeiro. El gobernador de Rio Grande do Sul,
Olívio Dutra, es uno de los referentes de los sectores más combativos.

En la biografía del PT hay dos fechas recientes que marcaron su reconversión hacia posiciones moderadas: en 1995 fue electo presidente José Dirceu, referente del ala moderada; y en 1999, en su segundo congreso, el PT bajó la bandera del socialismo y, en su lugar, pasó a hablar de «cohabitación con la economía de mercado».

La tesis del ala izquierdista derrotada en ese congreso puso de manifiesto sus diferencias con la corriente moderada, que es liderada por el propio Lula. «Para el neorreformismo de la dirección petista, el instrumento para los cambios son las elecciones. Pero esto no es posible, las conquistas más básicas se logran con terribles revoluciones», sostenía el documento respaldado por los sectores más combativos.

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