Uruguay votó ley para que enfermos terminales puedan interrumpir tratamientos
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cual se trenzaron a golpes los diputados Sergio Botana, nacionalista, y Alvaro Vega, oficialista, quienes fueron separados por sus colegas.
La norma aprobada por el Parlamento, de 11 artículos, establece que "toda persona mayor de edad y psíquicamente apta, en forma voluntaria, conciente y libre, tiene derecho a oponerse a la aplicación de tratamientos y procedimientos médicos salvo que con ello afecte o pueda afectar la salud de terceros".
Asimismo, señala que las personas "tienen derecho de expresar anticipadamente su voluntad en el sentido de oponerse a la futura aplicación de tratamientos y procedimientos médicos que prolonguen la vida en detrimento de la calidad de la misma, si se encontrare enferma de una patología terminal, incurable e irreversible".
En caso de que el enfermo se encuentre inconsciente y no haya establecido cómo quiere ser tratado en el último tramo de su vida, la ley fija que "la suspensión de tratamientos o procedimientos será una decisión del cónyuge o concubino, o, en su defecto, de los familiares en primer grado de consaguinidad".
En todos los casos el médico deberá comunicar la decisión a la Comisión de Bioética de la institución de salud en la que se tomó la decisión y, si en un plazo de 48 horas esa instancia no se pronuncia, se considerará tácitamente aprobada la suspensión del tratamiento.
En síntesis, la norma considera "el derecho que tiene un individuo de oponerse -llegado el momento y si tuviere una patología que fuera incurable e irreversible y cursara la fase terminal- a la realización de un nuevo tratamiento o nuevas instancias", dijo el médico y diputado Miguel Asqueta, de la Comisión de Salud.
"Esa es la base del proyecto que no habla de suspender ningún tratamiento instituido o medidas paliativas o de sostén", aclaró.
En rechazo a la ley, el vocero de la Mesa Coordinadora Nacional Provida, Néstor Martínez, afirmó que la iniciativa "legaliza la eutanasia" y consideró que el principal "problema" de la norma es que "la voluntad de decidir sobre la vida del paciente recaiga en manos de un tercero".
Martínez cuestionó además la "voluntad anticipada", que consideró "un cheque en blanco que el paciente firma al médico y a la institución médica sobre su vida".




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