Vuelve a caer el gobierno belga
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El primer ministro Yves Leterme, a cuatro meses de haber asumido, presentará su renuncia al rey Alberto II.
La eurodiputada ecologista belga Isabelle Durant ha asegurado que esta crisis "mina gravemente la imagen de Bélgica en la Unión", porque el país era considerado hasta ahora "como una máquina de hacer compromisos".
Los dirigentes de todos los partidos de la mayoría -democristianos flamencos (CD&V), socialistas (PS), liberales (MR) y humanistas (CdH) francófonos- han criticado la maniobra del Open VLD que atribuyen a intereses exclusivamente electoralistas.
Abandonando a tiempo el gobierno federal, cuando todavía no se atisba una solución para el conflicto lingüístico de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV), los liberales, cuya prioridad nunca han sido las cuestiones regionales, estarían pensando en ganarse una reputación entre el electorado flamenco nacionalista.
Empresarios, sindicatos y representantes del mundo de la cultura han apelado a la responsabilidad de todos los dirigentes políticos para evitar que Bélgica se hunda en enfrentamientos estériles.
Cuando la dimisión todavía no era un hecho, el ex primer ministro democristiano Mark Eyskens advirtió de que, con una deuda pública que ronda ya el 100% del PIB, Bélgica puede convertirse en la segunda víctima de los mercados financieros, detrás de Grecia, si cunde la desconfianza sobre su futuro.
La crisis se aceleró desde que el martes pasado el mediador real, el veterano Jean-Luc Dehaene, entregara su informe en el que proponía algunas pistas de negociación para resolver la cuestión de BHV.
Los flamencos exigen desde hace años que las poblaciones de Halle y Vilvoorde, situadas en Flandes pero donde vive una mayoría de francófonos, sean separadas a efectos electorales y judiciales de Bruselas, la región-capital, única que disfruta de un estatuto bilingüe.
La escisión pondría fin a lo que constituye una anomalía desde que se fijó la frontera lingüística en este país, pero despojaría a miles de francófonos de derechos básicos, como el poder votar por listas francófonas y ser juzgados en la lengua materna.
Dehaene, ex primer ministro y una de las personalidades flamencas más respetadas al sur del país por su moderación y espíritu de compromiso, había planteado la escisión pero con compensaciones sustanciales para los francófonos.
Se trataba ahora de negociar sobre esa base, algo a lo que todos se declaraban dispuestos, pero la insistencia de los liberales flamencos en zanjar la cuestión sin más demoras ha precipitado al país en una crisis de muy difícil solución.
Un signo de la efervescencia nacionalista que los acontecimientos pueden desencadenar ha sido la escena vivida en la Cámara de Diputados, donde algunos parlamentarios del separatista Vlaams Belang han desplegado sobre el hemiciclo una banderola en la que llaman pura y simplemente a la independencia de Flandes.
Otro partido nacionalista flamenco, la NV-A, que apoyó y luego también retiró su apoyo al gobierno de Leterme, ha pedido a todos los políticos de Flandes que opten abiertamente por una salida confederal a la crisis del Estado.


