Durante generaciones, la familia Brown logró mantener el control de una empresa de bebidas que creció hasta convertirse en un gigante internacional. Una de sus mejores apuestas fue Jack Daniel's, marca que adquirió en 1956 y transformó en uno de los whiskies más reconocidos del mundo.
El imperio que perdió u$s6.000 millones: la historia de la familia detrás de Jack Daniel's
La familia Brown convirtió el negocio en una marca internacional, pero la caída bursátil y una pelea interna pusieron en juego décadas de riqueza.
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La compañía atraviesa una etapa de conflictos internos y cambios en el mercado.
Pero esa realidad cambió con la caída en el consumo de alcohol, los conflictos comerciales y el desplome de las acciones de Brown-Forman. Ahora, una oferta de compra por u$s15.000 millones generó una fuerte pelea entre los herederos sobre si conviene vender o mantener el control familiar.
Una caída del 60% en bolsa y miles de millones perdidos por la dinastía Brown
La historia de Jack Daniel's empezó mucho antes de la llegada de los Brown, ya que su fundador, Jack Daniel, no tuvo hijos y terminó dejando la destilería en manos de familiares. Décadas después, en 1956, sus herederos la vendieron a Brown-Forman por u$s18 millones, lo que hoy equivaldría a unos u$s220 millones. La compra terminó siendo extraordinaria y el negocio pasó de ser una destilería pequeña a convertirse en la marca principal del grupo y una de las más vendidas del mercado internacional.
Con ese crecimiento también aumentó el patrimonio familiar. Actualmente, más de 100 descendientes de la familia Brown tienen participaciones en la compañía y su fortuna conjunta está estimada en al menos u$s10.000 millones. El problema llegó con el derrumbe bursátil, cuando las acciones Clase B de Brown-Forman pasaron de superar los u$s70 a negociarse por u$s20, una caída de aproximadamente 60%.
La compañía llegó a superar los u$s30.000 millones de capitalización bursátil en su mejor momento, pero actualmente su valuación es de u$s15.000 millones. Para la propia familia Brown, el golpe fue enorme. Dos de sus principales vehículos de inversión controlan 120 millones de acciones con derecho a voto. Si se toma una caída de u$s50 por título, la pérdida nominal ronda los u$s6.000 millones.
A eso se le suman otros problemas, como el hecho de que el consumo de alcohol en Estados Unidos cayó hasta niveles que no se veían desde hace décadas y las bebidas estadounidenses también sufrieron represalias comerciales en otros mercados, como por ejemplo Canadá.
Aún más problemas: la guerra de herederos y los millones rechazados
La caída terminó generando una pelea interna. En julio, los herederos de quinta generación WL Lyons Brown III y Stuart R. Brown enviaron una carta de siete páginas a más de 130 familiares. En el documento cuestionaron a la conducción de Brown-Forman y sostuvieron que las decisiones tomadas durante los últimos años destruyeron una parte importante de la riqueza generacional.
El conflicto se profundizó después de que la compañía analizara una posible fusión con Pernod Ricard, grupo francés propietario de marcas como Absolut y Jameson. Las conversaciones no prosperaron, porque las partes no lograron acordar el precio, ni la composición del directorio.
Después apareció una propuesta mejor. Sazerac, otro gran grupo familiar de bebidas, presentó una oferta de u$s15.000 millones en efectivo para quedarse con Brown-Forman, pero la compañía rechazó la propuesta. Sazerac volvió entonces directamente sobre los accionistas y sostuvo que su oferta implicaba una prima del 40% frente al precio de mercado. También aseguró contar con respaldo financiero de Wells Fargo y Apollo Global Management.
Pese a eso, Wolf Pen Branch, el vehículo que concentra la mayor parte del poder de voto de los Brown, mantuvo su negativa, porque la venta no encajaba con la estrategia histórica de la familia. El dilema es complejo, ya que aceptar la oferta permitiría asegurar miles de millones de dólares y cerrar una operación en efectivo, pero también terminaría con más de 150 años de control familiar sobre Brown-Forman.
Rechazarla implica apostar por una recuperación futura, algo posible ya que la empresa sigue siendo rentable y durante el último ejercicio distribuyó unos u$s427 millones en dividendos, de los cuales más de u$s100 millones terminaron en manos de integrantes de la familia. Ahora, los 180 descendientes y cónyuges del clan Brown tienen que decidir si mantener intacta la dinastía o aceptar una oferta multimillonaria después de haber perdido u$s6.000 millones en valor.




