En tiempos de burnout y agendas al límite, no sorprende que millones de personas sueñen con un respiro. Lo insólito es que, en vez de hablar de licencias o bienestar, una parte del mercado encontró un atajo: vender “justificativos” listos para usar, como si el descanso se pudiera comprar.
Insólito: se hicieron millonarios vendiendo excusas para faltar al trabajo
De un rumor de oficina a un sitio web inesperado: una idea polémica generó millones y abrió un debate sobre ética y ausencias.
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Una idea polémica convirtió la ausencia en producto y abrió un gran debate.
La historia tomó vuelo en 2007, cuando dos empleados ligados a una empresa de seguridad descubrieron que varios compañeros ya improvisaban certificados médicos falsos. En vez de denunciar la trampa, armaron un servicio en línea y lo presentaron como una solución “práctica” para quienes no querían inventar una excusa desde cero.
Un negocio insólito: cuál fue la idea millonaria de John Liddell y Darl Waterhouse
John Liddell y Darl Waterhouse detectaron el patrón en su trabajo: las ausencias se justificaban con papeles armados a mano, con nombres de médicos o centros de salud escritos a las apuradas. La pregunta que se hicieron fue tan simple como provocadora: si ya había demanda, ¿por qué no ofrecer un “producto” prolijo y vendible?
Así nació la Red de Ausencias Justificadas, ligada a Vision Matters y conocida también como Excused Absence Network. El modelo era directo: por una tarifa baja, la persona recibía plantillas para completar con datos de un médico, una guardia o una institución local, y presentarlas como respaldo ante un jefe o una escuela.
El catálogo no se quedaba en lo sanitario. Además de supuestas consultas y hospitalizaciones, incluía opciones como citaciones de jurado o programas de servicio fúnebre armados con estética formal, poemas y listas típicas de ese tipo de folletería. La promesa era tentadora: una excusa “verosímil” sin esfuerzo creativo.
El ruido llegó rápido: aparecieron cuestionamientos por ética y por posible fraude, sobre todo por el uso de nombres de profesionales que no tenían relación con el caso. Hubo ejemplos de fallas que expusieron el riesgo: si alguien llamaba a verificar, el argumento podía caerse. Aun así, los fundadores defendieron la idea con un giro llamativo: dijeron que solo ofrecían entretenimiento y que, de todos modos, la gente iba a mentir igual.
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