5 de octubre 2026 - 15:26

La inteligencia artificial transforma la industria cosmética: de un mismo producto para millones a la personalización masiva

Nuevas herramientas permiten a las marcas conocer mejor las características individuales de los consumidores. Corporaciones en alianza con startups, desarrollan productos, ingredientes y experiencias de cuidado basadas en datos de los clientes.

La industria de la cosmética ingresa en una etapa de transformación de la mano de la IA.

La industria de la cosmética ingresa en una etapa de transformación de la mano de la IA.

Históricamente, la industria cosmética construyó buena parte de su negocio sobre productos desarrollados para grandes grupos de consumidores: una determinada crema para piel seca, otra para piel grasa, una base para cada rango de tonos o un perfume pensado para un segmento específico.

Pero la irrupción de la inteligencia artificial (IA) está modificando progresivamente ese modelo al permitir que las compañías incorporen cada vez más variables individuales para diseñar recomendaciones, fórmulas y experiencias de consumo personalizadas.

El cambio apunta hacia una nueva forma de personalización a escala, en la que la tecnología permite analizar información de cada usuario y utilizarla para ofrecer productos más ajustados a sus características. Todo esto sin perder la dimensión que el negocio necesita.

A esto apunta la expresión “personalización masiva”. No implica abandonar la producción industrial, sino utilizar tecnología para conservar las ventajas de la escala mientras se incorporan características individuales que permiten atraer y fidelizar clientes.

El tipo de piel, pigmentación, textura, hábitos de vida, condiciones ambientales, exposición a la radiación ultravioleta e incluso el microbioma pueden convertirse en datos utilizados para determinar qué producto o tratamiento resulta más adecuado.

La transformación no se limita a las ventas. La IA comienza a intervenir en diferentes etapas de la cadena de valor: desde el descubrimiento de nuevos ingredientes y el desarrollo de formulaciones hasta el diagnóstico de la piel, la recomendación de productos y, en algunos casos, la fabricación de una fórmula específica para cada consumidor.

Uno de los casos más avanzados es el de la firma europea L'Oréal, que viene desarrollando tecnologías destinadas a combinar inteligencia artificial, imágenes y datos ambientales. La compañía desarrolló un dispositivo capaz de analizar la piel mediante la cámara del teléfono y utilizar información sobre las condiciones del entorno -como temperatura, humedad, radiación UV, polen y clima- junto con las preferencias del consumidor para generar productos personalizados.

América latina, con ecosistema propio

El fenómeno no se limita a las grandes multinacionales. En América latina comenzó a desarrollarse un ecosistema en el que startups de tecnología aplicada a la belleza, biotecnología y química verde exploran diferentes formas de incorporar datos e inteligencia artificial a la industria.

Uno de los casos es Skinology, startup chilena que desarrolló SkinQuiz, un cuestionario que recoge información sobre las características de la piel, síntomas y estilo de vida. Los datos son procesados mediante IA para determinar los ingredientes y concentraciones que debería contener una fórmula destinada a cada usuario. Posteriormente, el desarrollo es revisado por especialistas y el producto es fabricado específicamente para esa persona.

El concepto representa de manera concreta el pasaje de la producción masiva a la personalización individual. En lugar de elegir entre una cantidad limitada de productos disponibles en una góndola, el consumidor aporta información sobre su piel y recibe una formulación diseñada en función de sus características.

En Uruguay, otro emprendimiento trabaja sobre una variable todavía más específica: el microbioma de la piel. Cryosmetics, empresa incubada en el Institut Pasteur de Montevideo, desarrolla una plataforma que utiliza aprendizaje automático para personalizar las rutinas de cuidado facial a partir del análisis de los microorganismos presentes en la piel.

La compañía trabaja junto con investigadores del Laboratorio de Genómica Microbiana del Institut Pasteur para utilizar información sobre el microbioma en el desarrollo de productos y recomendaciones. El proyecto recibió además apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Uruguay para avanzar hacia la personalización de fórmulas cosméticas.

En este caso, la tecnología permite introducir una dimensión que resulta difícil de abordar mediante los métodos tradicionales: dos personas pueden presentar aparentemente el mismo tipo de piel, pero tener diferencias en la composición de su microbioma. El análisis de estos datos abre la posibilidad de desarrollar tratamientos y productos con un grado de personalización mayor.

Biotecnología: de la piel al ingrediente

La inteligencia artificial también está modificando otra parte de la industria: la búsqueda y desarrollo de nuevos ingredientes.

En Argentina, Bioeutectics constituye un ejemplo de cómo la tecnología puede intervenir antes de que el producto llegue al consumidor. La startup desarrolla solventes naturales y biodegradables destinados a diferentes industrias, incluida la cosmética, y utiliza herramientas de IA para diseñar y adaptar sus desarrollos.

La compañía trabaja con sistemas eutécticos naturales, una tecnología que permite desarrollar alternativas a determinados solventes tradicionales. La utilización de herramientas computacionales permite explorar combinaciones y características de los materiales con mayor velocidad, lo que puede reducir los tiempos necesarios para identificar formulaciones con determinadas propiedades.

En este segmento, por lo tanto, la personalización funciona de otra manera. No se trata todavía de elaborar una crema diferente para cada consumidor, sino de utilizar la IA para diseñar nuevos componentes y formulaciones que posteriormente pueden incorporarse a productos cosméticos.

Corporaciones y startups, una alianza que crece

El avance tecnológico también está modificando la relación entre las grandes compañías cosméticas y las startups. En lugar de desarrollar internamente todas las capacidades necesarias, las empresas tradicionales recurren cada vez más a alianzas con compañías especializadas en inteligencia artificial, biotecnología, análisis de datos o diagnóstico digital.

Dos grandes corporaciones de Brasil lideran este mercado en la región: Natura y Grupo Boticario. La primera compañía comenzó a probar tecnologías de personalización cosmética dentro de un entorno regulatorio experimental.

El proyecto contempla máquinas capaces de crear fragancias en tiempo real con apoyo de IA y bases de maquillaje desarrolladas teniendo en cuenta el tono y subtono de piel de cada consumidor.

Grupo Boticário informó que utiliza la IA en su etapa de Investigación y Desarrollo bajo un enfoque denominado "Territorio Data Driven". El objetivo central es cruzar la macrocomputación con la biología y la química para pasar de una producción masiva a una hiperpersonalización de los productos.

El objetivo se alcanza integrando el desarrollo de laboratorio con el diagnóstico en tiempo real en los puntos de venta. Mediante una alianza estratégica con la plataforma de IA Haut.AI, el grupo expandió esta tecnología a miles de sus tiendas físicas, donde asesores de belleza utilizan dispositivos móviles para escanear el rostro del cliente.

En poco más de un minuto, el software analiza más de 150 biomarcadores faciales (líneas de expresión, hidratación, uniformidad del tono de piel). La IA procesa estos datos clínicos para prescribir y recomendar de forma exacta la rutina y la fórmula de cuidado de la piel que requiere cada consumidor.

Cambia la lógica en la industria de cosméticos

En todos los casos, el desarrollo de estas herramientas lleva al punto buscado: la inteligencia artificial no solamente recomienda qué comprar, sino que empieza a intervenir directamente en qué producto es conveniente fabricar.

En este escenario, el dato comienza a convertirse en un componente del producto, aunque no tenga una presencia física en la fórmula.

El negocio de la industria cosmética se está transformando sobre una combinación de capacidades. Las grandes compañías aportan escala, marcas, investigación, distribución y conocimiento del consumidor. Y las startups incorporan velocidad, especialización tecnológica y nuevos modelos de desarrollo. La inteligencia artificial funciona como el vínculo que permite procesar información y convertirla en productos, ingredientes y recomendaciones.

El resultado es un cambio en la lógica tradicional del negocio. Durante buena parte de la historia de la cosmética, las empresas fabricaron productos para encontrar consumidores. El modelo que está tomando forma ahora invierte parcialmente esa relación: primero se conoce al consumidor y después se diseña, recomienda o ajusta el producto que se quiere vender.

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