La crisis de Bodega Norton quedó oficialmente encuadrada bajo la órbita judicial. Este lunes, el Boletín Oficial de Mendoza publicó el edicto del Primer Juzgado de Procesos Concursales que formaliza el megaconcurso preventivo de la compañía y fija el cronograma completo del expediente, un paso clave que ordena el proceso y expone públicamente la dimensión del pasivo de una de las bodegas más emblemáticas del país.
La Justicia activa el megaconcurso de una bodega emblema de Mendoza
Se trata de Bodega Norton, una de las firmas históricas de la vitivinicultura argentina, que enfrenta un pasivo superior a $44.300 millones y más de 300 de cheques rechazados.
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La publicación del megaconcurso no toma por sorpresa al sector. Desde mediados del año pasado, la situación financiera de Norton venía mostrando un deterioro acelerado.
Según la resolución firmada por la jueza Lucía Raquel Sosa, Norton se presentó en concurso preventivo el 31 de octubre de del año pasado y la apertura fue dispuesta el 27 de noviembre. La novedad ahora es la publicación oficial del edicto, que activa los plazos para la verificación de créditos, impugnaciones y dictámenes de la sindicatura, y convierte el caso en uno de los procesos concursales más relevantes que enfrenta la industria vitivinícola argentina en años.
La calificación de megaconcurso no es simbólica. La bodega acumula más de 300 cheques rechazados por un monto superior a u$s 4.100 millones, además de una deuda bancaria que supera los $44.300 millones. Entre los principales acreedores figuran Banco Supervielle (más de $8.900 millones), Banco Galicia ($6.600 millones), Banco Comafi ($4.600 millones), Bank of China ($4.000 millones), Banco Provincia ($3.100 millones), Banco Nación ($2.600 millones) y Banco de San Juan ($1.800 millones), entre otros.
El edicto publicado establece que los acreedores tendrán plazo hasta el 22 de junio para presentar las solicitudes de verificación ante la sindicatura, mientras que las impugnaciones podrán realizarse hasta el 4 de agosto. En paralelo, los síndicos deberán emitir su informe técnico en abril, incluyendo el análisis de los créditos laborales con derecho a pronto pago.
Una crisis que se venía gestando
La publicación del megaconcurso no toma por sorpresa al sector. Desde mediados del año pasado, la situación financiera de Norton venía mostrando un deterioro acelerado: atrasos en pagos a proveedores, cheques rechazados en aumento y crecientes dificultades para sostener el capital de trabajo. En pocos meses, los registros del sistema financiero pasaron de algunas decenas de documentos impagos a varios cientos, reflejando un quiebre en la cadena de pagos.
La crisis financiera no estalló de un día para el otro. Con un pasivo cercano a los $44.300 millones, la empresa ya exhibía señales claras de estrés en el sistema financiero: los últimos registros del Banco Central muestran que gran parte de su deuda estaba clasificada en situación 3 y 4, muy lejos de una condición crediticia saludable. La acumulación de vencimientos impagos y la presión de acreedores terminaron empujando el conflicto al terreno judicial.
El concurso preventivo, previsto en la Ley de Concursos y Quiebras, busca evitar una quiebra inmediata y permitir una renegociación ordenada del pasivo bajo supervisión judicial. Sin embargo, en el caso Norton, la magnitud del endeudamiento y la cantidad de acreedores convierten el proceso en una prueba de fuego no solo para la empresa, sino para toda la cadena vitivinícola mendocina.
Internas, cambio de mando y juicios laborales
La crisis financiera estalló en paralelo a un profundo reordenamiento interno. En julio del año pasado, Tomás Lange, ex ejecutivo de Campari y Pernod Ricard, asumió como CEO con la misión de estabilizar las finanzas y modernizar la gestión. Su llegada coincidió con la salida definitiva de Michael Halstrick, histórico rostro de Norton durante más de tres décadas.
El desplazamiento de Halstrick, ex CEO y exdueño, no fue solo simbólico. El empresario inició un juicio por despido que ahora podría incorporarse como crédito dentro del concurso, complicando aún más el proceso. A ese reclamo se sumó el de Fernando Merlo, ex gerente de Comercio Exterior, también por desvinculación laboral. La jueza del concurso ya notificó a la sindicatura para que evalúe ambos expedientes.
Detrás del cambio de mando asoma una trama familiar compleja. Desde 2022, la conducción quedó bajo el control de Diana Langes, heredera del grupo austríaco vinculado al imperio Swarovski y media hermana de Halstrick, quien desplazó al equipo histórico y avanzó con una reconfiguración total del management. La transición, lejos de traer estabilidad, coincidió con el deterioro financiero más profundo de la bodega.
Consumo en caída libre
El caso Norton se inscribe en un escenario sectorial adverso. El consumo interno de vino cayó 22,6% en los últimos cinco años, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), y solo en 2025 volvió a mostrar una baja cercana al 3%. El mercado local, que supo absorber más de 10 millones de hectolitros anuales, hoy apenas ronda los 7,4 millones.
Las exportaciones, históricamente el sostén del negocio, tampoco logran compensar. Los precios internacionales de los vinos varietales acumulan una caída cercana al 30% en dólares constantes desde 2013, mientras que los costos (energía, logística, insumos) se mantienen elevados. A esto se suma el crecimiento de las importaciones de vino, que en 2024 aumentaron más del 400%, principalmente desde Chile.
El último informe del IERAL de la Fundación Mediterránea describe una “tormenta perfecta”: exceso de stocks, precios deprimidos, caída de rentabilidad y abandono de viñedos. Los inventarios de vino pasaron de representar cuatro meses de consumo a casi siete, presionando aún más los valores de mercado y la rentabilidad del productor primario.
En ese contexto, incluso las bodegas históricas quedaron expuestas. Norton, con más de 1.200 hectáreas propias, vínculos con 140 productores del Valle de Uco y exportaciones a más de 70 países, sintió el impacto de lleno. Cuando una empresa de ese tamaño entra en crisis, el efecto derrame alcanza a viñateros, contratistas, transportistas y proveedores.
Lo cierto, es que con la publicación del edicto y el cronograma en marcha, el futuro de Bodega Norton queda atado a su capacidad de ordenar el pasivo, sostener la operación y construir una propuesta viable para bancos, proveedores y trabajadores. El desarrollo del expediente durante 2026 será seguido de cerca por todo el sector vitivinícola, que ve en este megaconcurso un límite concreto al endeudamiento y al modelo de negocio vigente.
La Justicia ya puso las reglas. Ahora, la histórica bodega mendocina enfrenta el desafío más complejo de sus 130 años de historia, en una industria que atraviesa un cambio de era.





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