La histórica Bioceres S.A., fundada en Rosario en 2001 como emblema de la biotecnología aplicada al agro, quedó formalmente en quiebra. El juez Civil y Comercial de Rosario Fernando Mecoli decretó la apertura del proceso tras el pedido presentado por la propia compañía, que había ingresado en cesación de pagos en 2025 y acumulaba una deuda superior a u$s39 millones.
La Justicia decretó la quiebra de Bioceres S.A. en plena guerra por el control del holding
El juez Fernando Mecoli dispuso el desapoderamiento de la sociedad que dio origen al grupo. La pelea entre Federico Trucco y Juan Sartori escala al plano judicial y financiero.
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La tecnología HB4, tolerante a la sequiía, es uno de los desarrollos más relevantes de Bioceres.
La resolución implica el desapoderamiento inmediato de la sociedad, cuyos bienes pasan a ser administrados en el marco del proceso universal de quiebra. Además, el magistrado ordenó un análisis exhaustivo de la estructura financiera y societaria, en un expediente que ya anticipa derivaciones complejas por la ingeniería corporativa desplegada en los últimos años.
La empresa había entrado en default en julio de 2025 al incumplir pagarés bursátiles por más de u$s5 millones. Para entonces ya se evidenciaba un deterioro profundo: patrimonio neto negativo cercano a los u$s110 millones y una estructura de pasivos que superaba ampliamente la capacidad operativa residual de la firma.
De holding global a sociedad residual
Hasta mediados de 2025, Bioceres S.A. era la controlante de Bioceres Crop Solutions, la compañía que cotiza en el Nasdaq bajo el ticker BIOX. Sin embargo, una reestructuración interna modificó el esquema original del conglomerado y dejó a la sociedad argentina fuera del perímetro de control de los activos más valiosos.
El nuevo paraguas corporativo quedó bajo la órbita de Moolec Science, estructura vinculada al empresario uruguayo Juan Sartori, quien consolidó participación accionaria en medio de la crisis financiera. Desde ese momento, la Bioceres local pasó a convertirse en una sociedad residual, con deuda propia y sin injerencia directa sobre los negocios internacionales.
Del otro lado del conflicto se ubica el histórico CEO Federico Trucco, quien continúa al frente de BIOX y rechaza la narrativa del nuevo control. La confrontación entre ambos bloques se transformó en el eje central de la crisis.
El actual directorio de Bioceres S.A. sostuvo en comunicados recientes que la quiebra fue una medida “razonable e ineludible” ante el deterioro patrimonial heredado y que las pérdidas acumuladas al cierre del ejercicio 2025, superiores a $157.000 millones, reflejan decisiones financieras adoptadas bajo la gestión anterior. El auditor externo Price Waterhouse Coopers emitió una abstención de opinión y advirtió sobre la continuidad como empresa en marcha.
Desde el entorno de Trucco, en cambio, afirman que la cesación de pagos fue inducida por la nueva mayoría accionaria tras tomar el control y que el objetivo final era desconsolidar activos estratégicos para quedarse con participaciones en BIOX. Incluso anticipan acciones judiciales y denuncias penales vinculadas al proceso asambleario y al pedido de quiebra.
Activos estratégicos y efecto dominó
La quiebra no solo tiene impacto patrimonial sino también simbólico. Bioceres nació en plena crisis de 2001 como iniciativa de productores agropecuarios que decidieron financiar ciencia aplicada. Entre sus desarrollos más relevantes figura el evento HB4, tecnología resistente a sequía desarrollada junto al Conicet y aprobada en Estados Unidos. La expansión incluyó adquisiciones como Rizobacter y un desembarco en Wall Street en 2019 a través de un SPAC que dio origen a BIOX.
El derrumbe bursátil terminó de agravar el escenario: la acción pasó de cotizar por encima de los u$s15 a operar por debajo de u$s1, transformándose en una penny stock y exponiéndose a riesgo de desliste.
El fallo judicial también habilita una investigación sobre la existencia de activos no declarados. En la resolución se dejó constancia de que la empresa manifestó no poseer bienes registrables a su nombre, lo que obliga a la sindicatura a analizar la trazabilidad de operaciones dentro de una estructura transnacional compleja.
En paralelo, la crisis alcanza derivaciones colaterales. El naming del Bioceres Arena en Rosario, acuerdo firmado en 2024, podría quedar sin efecto tras el incumplimiento de pagos comprometidos por la compañía.
Con la quiebra ya decretada, la sociedad fundacional del grupo queda fuera de juego operativo y el conflicto se traslada definitivamente al terreno judicial y bursátil.





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