En cuanto a inventos se trata, muchos surgen con la intención de generar miles de millones de dólares, mientras que otros apuntan a beneficiar al resto del mundo con su creación. Aun teniendo la posibilidad de convertirse en multimillonarios, hay quienes deciden priorizar el acceso libre y favorecer a todos con lo que desarrollaron.
Podría haber ganado millones con su invento, pero prefirió revolucionar el mundo tecnológico
Su creación pudo convertirlo en el dueño de una increíble fortuna, pero decidió que sea un aporte a la sociedad sin fines de lucro.
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El inventor consiguió darle un gran beneficio a la humanidad sin comercializar su producto.
Masahiro Hara es uno de esos casos. Su descubrimiento está implementado en todo el planeta y es utilizado de forma cotidiana, especialmente en la actualidad. Sin embargo, antes que cobrar regalías o comercializar su idea, prefirió que cualquiera pudiera usarla sin restricciones.
Quién es Masahiro Hara, el creador del QR
Masahiro Hara nació en Tokio en 1957 y se formó como ingeniero en la Universidad de Hosei. Tras graduarse, ingresó a Denso, una empresa tecnológica vinculada al Grupo Toyota, donde comenzó a trabajar en sistemas de identificación orientados a optimizar procesos industriales, sin imaginar que ese proyecto podía derivar en un desarrollo de alcance global.
A comienzos de los años noventa, Hara recibió el encargo de crear un sistema que superara las limitaciones del código de barras tradicional. Ese formato permitía almacenar poca información y resultaba poco eficiente para el seguimiento de piezas y productos dentro de la industria automotriz y comercial japonesa.
La idea central surgió durante una pausa laboral, mientras jugaba al Go. Al observar los patrones blancos y negros del tablero, pensó que podían utilizarse para codificar datos en dos dimensiones. Esa intuición dio lugar al código QR, presentado oficialmente en 1994, un invento que con el tiempo demostraría que su impacto iba mucho más allá de los millones que podía generar.
Un invento revolucionario accesible para todos
El código QR fue diseñado para ser leído con rapidez y precisión, incluso en condiciones adversas. Sus tres cuadrados de referencia permiten identificar la orientación del código de inmediato, mientras que el resto del patrón almacena una cantidad de información muy superior a la de los códigos tradicionales, lo que lo volvió atractivo desde el punto de vista técnico y comercial.
Aunque la patente quedó en manos de Denso Wave, la empresa tomó una decisión clave: no cobrar licencias ni restringir su uso. Esto permitió que cualquier compañía o persona pudiera implementar la tecnología libremente, acelerando su adopción en supermercados, transporte, pagos digitales y servicios cotidianos.
Con el paso del tiempo, el código QR se convirtió en una herramienta habitual en todo el mundo, especialmente a partir de la pandemia. Hara reconoció que no patentar su invento le impidió ganar millones de dólares, pero siempre sostuvo que su mayor satisfacción fue ver cómo una solución técnica simple se integró de manera permanente en la vida diaria.
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