16 de enero 2026 - 15:28

Noruega avanza con la exploración offshore: adjudicó 57 nuevas licencias para frenar el declive de producción

El Ministerio de Energía lanzó una fuerte apuesta por el Mar del Norte, el Mar de Noruega y el Ártico. Con un "libro blanco" en marcha para 2027, Oslo busca sostener su rol como principal proveedor de gas de Europa ante la caída de las inversiones.

La masiva adjudicación de licencias y el plan estratégico hacia 2027 envían una señal inequívoca a los mercados globales: Noruega no cederá su espacio sin dar pelea. 

La masiva adjudicación de licencias y el plan estratégico hacia 2027 envían una señal inequívoca a los mercados globales: Noruega no cederá su espacio sin dar pelea. 

Noruega ha reafirmado su decisión de consolidarse como el garante energético de Europa. En una medida clave para el futuro de su plataforma continental, el Ministerio de Energía adjudicó participaciones en 57 licencias de exploración de petróleo y gas a un total de 19 empresas. La adjudicación, parte de la ronda anual APA (Áreas Predefinidas), se produce en un momento de tensión entre la necesidad de sostener los ingresos fiscales y el declive natural de sus campos maduros.

"La industria del petróleo y el gas debe desarrollarse, no eliminarse gradualmente", sostuvo el primer ministro Jonas Gahr Støre. Esta visión se materializará en un documento estratégico -un libro blanco- que el Gobierno enviará al Parlamento en 2027 para fijar las bases de la política energética de la próxima década.

El mapa de la nueva exploración

De las 57 licencias ofrecidas, la mayor actividad se concentrará en las cuencas tradicionales, aunque se mantiene el interés por las zonas más extremas:

  • 31 licencias en el Mar del Norte.

  • 21 licencias en el Mar de Noruega.

  • 5 licencias en el Mar de Barents (Ártico).

La estatal Equinor volvió a ser la gran ganadora al recibir participaciones en 35 licencias (operará 17). La compañía llega con el impulso de un 2025 sólido, donde concretó 14 descubrimientos que sumaron unos 125 millones de barriles de petróleo equivalente recuperables. Le siguieron en relevancia Aker BP (22 licencias) y Vaar Energi (14 licencias), junto a jugadores internacionales como ConocoPhillips, OMV e Inpex.

La urgencia de los números: el fantasma del declive

Pese al optimismo de las nuevas licencias, Noruega enfrenta una realidad geológica desafiante. Actualmente, el país produce el 2% del crudo mundial y es el mayor proveedor de gas del Viejo Continente tras la salida de Rusia del mercado. Sin embargo, las proyecciones de la Dirección Noruega de Offshore (NOD) indican que la meseta de producción actual tiene fecha de vencimiento.

Para 2026, se espera una producción cercana a los 4,1 millones de barriles equivalentes de petróleo por día (boed). No obstante, a partir de 2027 se iniciaría un descenso gradual que llevaría la cifra a menos de 3,5 millones de boed en 2030.

Esta caída coincide con una desaceleración en las inversiones. El gasto total en el sector pasará de los u$s27.310 millones registrados el año pasado a unos u$s20.755 millones en 2030, lo que representa un recorte del 24% en términos reales. "Habrá menos desarrollos autónomos y muchas más interconexiones submarinas", explicó Torgeir Stordal, director del organismo regulador, marcando un cambio de era para la industria de servicios.

El gas como escudo estratégico

En el corto plazo, el gas natural seguirá siendo el pilar de la balanza comercial noruega. Para 2026, se proyecta una producción de 123.100 millones de metros cúbicos (bcm), un incremento respecto a 2025 que busca capitalizar los altos precios y la demanda europea insatisfecha. Por el contrario, el petróleo crudo iniciaría una leve curva descendente hacia los 2 millones de barriles diarios.

La masiva adjudicación de licencias y el plan estratégico hacia 2027 envían una señal inequívoca a los mercados globales: Noruega no cederá su espacio sin dar pelea. El objetivo del Gobierno es claro: incentivar la perforación inmediata (Equinor ya planea entre 20 y 30 pozos exploratorios anuales) para evitar que el agotamiento de los grandes campos deje un vacío imposible de llenar en la próxima década.

El desafío de Oslo será, en última instancia, equilibrar esta agresiva expansión fósil con sus compromisos climáticos, en un delicado equilibrio entre la rentabilidad económica y la transición energética.

Dejá tu comentario

Te puede interesar