23 de enero 2026 - 12:18

Acuerdo Mercosur-Unión Europea: la oportunidad que exige evidencia

La baja de aranceles abre una ventana real, pero cambia las reglas: con el acuerdo UE–Mercosur, el acceso a Europa se define cada vez menos por precio y cada vez más por trazabilidad, datos y cumplimiento demostrable.

Un mercado de 720 millones de consumidores, la desgravación del 92% del universo arancelario y un horizonte de hasta 15 años de transición componen la promesa del acuerdo UE–Mercosur.

Un mercado de 720 millones de consumidores, la desgravación del 92% del universo arancelario y un horizonte de hasta 15 años de transición componen la promesa del acuerdo UE–Mercosur.

Un mercado de 720 millones de consumidores, la desgravación del 92% del universo arancelario y un horizonte de hasta 15 años de transición componen la promesa del acuerdo Unión Europea–Mercosur: un salto exportador potencial con un cronograma amplio para implementarse. Suena a alivio. Pero la clave no está solo en lo que baja: también en lo que sube. Baja el arancel, sube la vara. Y ese cambio —silencioso— va a separar a quienes capitalicen el acuerdo de quienes lo miren pasar.

La pregunta incómoda es quiénes van a capturar la oportunidad real de la que se habla. Ahí aparece un factor que no suele entrar en los gráficos: el check list del comprador europeo. Hoy, para una empresa de la UE, comprar no es solo elegir precio y calidad; es elegir a quien cumpla con sus normas y pueda demostrarlo. La confianza ya no se apoya en la relación, sino en la evidencia: trazabilidad, controles, datos consistentes y documentación.

Para orientarse hay una pista útil —no la única, pero sí reveladora—: mirar qué normativas europeas están empujando responsabilidades hacia la cadena de valor. Hay muchas, pero tres señales marcan el camino y anticipan qué va a exigir el mercado.

Primero, la Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa (CSRD). En la práctica, obliga a miles de compañías europeas a reportar sostenibilidad con estándares y auditoría, e incluye información de su cadena de valor. Si el cliente europeo debe informar, va a pedir datos a sus proveedores.

Segundo, el Reglamento europeo de productos libres de deforestación (EUDR). Para materias primas y productos sensibles —como soja, carne, madera, cacao, café, caucho o palma— exige trazabilidad, geolocalización y prueba de legalidad de origen. Con su implementación en agenda, ya no alcanza con declarar buenas prácticas: hay que poder respaldarlas con datos, trazabilidad y documentación.

ACUERDO UE MERCOSUR
La pregunta incómoda es quiénes van a capturar la oportunidad real de la que se habla.

La pregunta incómoda es quiénes van a capturar la oportunidad real de la que se habla.

Tercero, la Directiva europea sobre debida diligencia de las empresas en materia de sostenibilidad. Esta norma, que eleva a rango de ley los Principios Rectores de la ONU sobre empresas, obliga a identificar riesgos en materia de derechos humanos, estándares laborales, ambiente e integridad, previniendo y mitigando impactos. Y sí, esa obligación alcanza a proveedores, contratistas y socios. La cadena deja de ser un 'afuera' y pasa a ser parte del perímetro de responsabilidad.

Esto cambia la escena exportadora. El cliente europeo no solo va a pedir certificados: va a pedir proceso. ¿Quiénes son tus terceros críticos? ¿Qué controlas? ¿Cómo lo registras? ¿Qué hacés cuando aparece un riesgo? ¿Podés sostenerlo en el tiempo? Ese intercambio, que para muchas empresas argentinas todavía suena excesivo, para Europa es gestión básica.

El trabajo político cerró una etapa. El acuerdo está firmado y entra ahora en fase de ratificación e implementación. A partir de aquí, la responsabilidad se muda de los salones de negociación a los escritorios de cada empresa, grande, mediana o chica. Porque en la economía real no gana el que mejor celebra un anuncio: gana el que lo ejecuta.

Ejecutar, en este nuevo tablero, significa profesionalizar el cumplimiento y convertirlo en capacidad comercial. Y en ese punto conviene mirar con honestidad una diferencia cultural: nuestras empresas suelen apoyarse en agilidad y adaptación al cambio; Europa opera en entornos más regulados y premia el método. Políticas, procesos, trazabilidad y disciplina documental. Para las empresas de la UE, el costo de fallar es alto.

El acuerdo ya está firmado. Ahora empieza el examen. Lo prometido no se conquista con entusiasmo, sino con preparación: ordenar datos, mapear la cadena de valor, definir controles, exigir evidencia a terceros y construir documentación exportable. Porque exportar a Europa ya no es solo vender: es demostrar.

Abogada especializada en compliance, ética corporativa y gestión de riesgos en cadenas de valor.

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