8 de diciembre 2004 - 00:00

Amucharse o integrarse

El sueño de la Unión Sudamericana puede tardar muchísimo en concretarse. Por ahora, Eduardo Duhalde lo ha caracterizado acertadamente como un ejercicio «impregnado de un fuerte impulso emocional.» Legítimo y de loables horizontes, pero confinado todavía a regiones más próximas a la utopía que a la proximidad.

Reconoce, por supuesto, raíces muy profundas en el ideario de casi todos nuestros próceres, pero adolece de un accionar eficiente por parte de nuestros contemporáneos. La manera en que un proyecto se materialice en América del Sur siempre dependió de la naturaleza que en cada momento histórico estuvieran manteniendo sus países más gravitantes. En el Cono Sur, Brasil y la Argentina.

• Comparación

Una cosa ha sido siempre si transitan asociados como iguales o lo hacen con el predominio que surja de la mejor posición que uno esté ocupando en comparación con el otro. De cómo sea esa relación resultará la que luego se extienda al ejercicio mayor con los demás. Los impulsores de la idea la han comparado con la Unión Europea y la definen como una suerte de amalgama de regiones ya en marcha -Mercosur y el Grupo Andino-en feliz sumatoria de potencias locales emergentes como Chile.

Cabe preguntarse si el mejor horizonte del Mercosur le aguarda en su dispersión semicontinental o, por el contrario, en la tan retrasada profundización de sus componentes estructurales para después si, exitoso en su propio objetivo, lanzarse a la ambición de ámbitos mayores.

Porque el Mercosur se encuentra estancado por las mismas dificultades que ya hoy acechan a la flamante Unión Sudamericana: la falta de voluntad política suficiente para integrarnos apenas aparecen grandes dificultades. En esa perspectiva, su giro hacia un destino de inmersión en un ámbito mucho mayor supone, en los hechos, el abandono del imprescindible esfuerzo de concentrarnos en terminar la tarea aquí pendiente antes de embarcarnos en otra todavía mucho mayor.

Un eventual liderazgo brasileño, país hermano y amigo, entendido como el mandato y no la resignación de sus vecinos podría generar energía suficiente para llevar adelante estos dos enormes emprendimientos (Unión y el Mercosur) al mismo tiempo. Infortunadamente, el accionar de Brasilia en los últimos años viene evidenciando una voluntad nacional admirable pero mucho más orientada en los modos de la hegemonía que en los de la sociedad, lo que podría generar una inflación de compromisos emocionales y un congelamiento de integraciones profundas.

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