30 de noviembre 2021 - 23:58

Memoria activa 2001 (Parte 7)

El establishment aplaudió el plan económico del efímero ministro de Economía, Ricardo López Murphy. ¿Qué pasó después?

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Recuerde a López Murphy flanqueado por Federico Sturzenegger y Daniel Artana (FIEL) en aquella foto de los principales medios del país y “los países serios”. Medio millar de personas ligadas al establishment, empresas privatizadas, multinacionales, sector servicios, ámbito bursátil y finanzas, brindaron su apoyo al plan económico del ministro de Economía López Murphy, basado en el recorte del gasto público y una reforma estructural del Estado.

Los hombres reunidos en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, escucharon a López Murphy explicar el alcance de las medidas, y con posterioridad manifestaron su satisfacción. La exposición del Ministro de Economía, fue interrumpida en tres ocasiones por aplausos surgidos de la tribuna empresaria que respondió masivamente a la convocatoria del flamante y efímero equipo económico, del cual solo sobrevivió el impenetrable Sturzenegger.

COMO ENTENDER LA CASTA AUTOINMUNE

Mariana Heredia (2015) intenta comprender, a partir de una metodología sociológica y desde una perspectiva argentina, cuándo y cómo los economistas se convierten en agentes determinantes en la política.

Para la autora en la segunda mitad de los años 70 se yuxtaponen procesos y fenómenos que hacen posible erigir a los especialistas económicos en autoridades públicas: la inflación, por un lado, como un fenómeno que desbordaba la realidad, como una especie de flagelo; y por otro, las malas prácticas económicas y malas decisiones políticas por parte de las autoridades. Esto, junto al creciente reproche de la sociedad, reafirma a la ciencia económica en el lugar que estaba comenzando a ocupar.

Y así, los economistas se convirtieron en garantes de “objetividad” y “racionalidad”. Los expertos emprendieron en ese momento una función política en Argentina, y desde entonces pretenden hacerlo desde la racionalidad técnica. Pero no pudieron escapar, sin embargo, de los valores políticos en juego, de la misma construcción de esos valores y de la estructuración de la dinámica social; en el marco de esta tensión es que comienzan a establecer un “nuevo orden”, que no careció de errores y vertiginosidad.

Heredia logra interpretarlos como sujetos heterogéneos, compuestos de cientificidad, pero también insertos en una realidad que no sólo ayudaban a conformar, sino que también los atrapaba, una suerte de retroalimentación; la política de convertibilidad en Argentina fue ejemplo de ello, alzando su reputación primero y dejándolos caer después.

Para Plotkin y Neuburg (2014), en un trabajo enfocado a la historia del Instituto Di Tella, sostienen que la emergencia en Argentina de lo que denominan “una nueva elite intelectual-estatal” se da a partir de la década de 1950.

Este origen y evolución sería producto de dos procesos convergentes: por un lado, una demanda de “burocracia estatal modernizada”, con los nuevos requerimientos que imponía un plano internacional cambiante y la profundización de la presencia del Estado en el campo económico, y por el otro el desarrollo específico que tuvo “la economía como disciplina científica y de Estado” en Argentina, en el marco de la modernización e internacionalización de las ciencias sociales.

Así explican la capacidad de estos profesionales para constituirse como “especialistas formados específicamente para desarrollar su actividad cerca del poder” y a la disposición de éste, cercanía que puede validarse por crédito “en el plano académico o en el mundo de los negocios”.

La cercanía y el prestigio hace que ocupen también un lugar de intermediarios entre “el campo económico nacional y los flujos de dinero internacional”, ya sea cerrando o abriendo ventanas en el ámbito estatal e internacional. Aunque se considera que, debido a su posición, estos economistas no poseen demasiados estímulos “para realizar una inversión mayor en la construcción de instituciones estatales”, quedando por ende signados por una débil lealtad hacia los gobiernos (Plotkin y Neuburg, op. cit, p. 229). Es importante comprender cómo su participación contribuye a ciertos procesos estatales y a la evolución de los conocimientos disponibles en las ciencias sociales, en la disciplina y la sociedad.

En Argentina, para 1950 no se disponía de un buen reconocimiento exterior y los “discursos nacionalistas de Perón” no ayudaban: el país no había sido capaz de “establecer una colaboración amistosa con Estados Unidos”, pilar de la producción académica económica, y esto, de acuerdo a los autores, esto desarrolló “un interés mayor en formar elites latinoamericanas”, que fueran al menos receptivas y “eminentemente técnicas”, además de internacionalizadas.

Argentina no había adherido a los organismos financieros internacionales surgidos de Bretton Woods, a pesar de que en la región la presencia de ellas iba en aumento, especialmente como ámbitos de información y contactos personales. Y aunque contó con algunos aportes y un relativo avance en éste sentido, especialmente a través del entonces director de CEPAL Raúl Prebisch, y dado el interés de contar con “cuadros técnicos” ante las necesidades productivistas, sólo evolucionaría con mayor fuerza tras el golpe de estado de 1955 -llamado “revolución Libertadora”-, en la que se conformaría algo similar a una elite estatal técnica-, conformada por los economistas que habían comenzado a tener mayor autonomía académica y habían podido generar vínculos internacionales (Plotkin y Neuburg, op. cit, p. 231). ¿Recuerda a los alternados Alsogaray, Alemann, Martínez de Hoz, Krieger Vasena?

Continuará mañana.

Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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