4 de junio 2004 - 00:00

Desde el préstamo de 1824 hasta esta reestructuración

Desde el préstamo de 1824 hasta esta reestructuración
A largo de la historia argentina, hubo presidentes que endeudaron al país y otros que tuvieron manejos responsables del endeudamiento, según se desprende del libro «El default y la reestructuración de la deuda», de Eugenio Bruno.

El primer préstamo internacional fue tomado por la provincia de Buenos Aires en 1824 y cayó rápidamente en default en 1828. Manuel Dorrego fue el primer defaulteador. Luego Rosas mantuvo el estado de incumplimiento, declarando que era necesario «priorizar la deuda interior». En el medio, ofreció a Inglaterra entregar las Islas Malvinas en pago de la deuda en default. Sólo en 1857 se arregló con los acreedores, acuerdo que se terminó de pagar en 1904. Luego, las administraciones de Mitre y Sarmiento tomaron distintos empréstitos en el extranjero que resultaron muy onerosos para el Tesoro, al punto que Nicolás Avellaneda dijo que se mantendría el crédito argentino, aun a costa del hambre del pueblo.

• Crisis del '90

Durante su primera presidencia, Roca también generó varios préstamos, política que fue continuada por su sucesor, Miguel Juárez Celman, y que terminó en la tremenda crisis del '90. Con los posteriores arreglos de la deuda de Carlos Pellegrini y del ministro de Finanzas Romero, la Argentina inició un período de crédito extraordinario, que hacia 1914 le daba un virtual estatus de investment grade de la época. Bajo su segunda presidencia, entre 1898 y 1904, Roca se redimió del sobreendeudamiento de la primera.

Los radicales Yrigoyen y Alvear actuaron distinto frente a la deuda. El primero descreyó de los mercados y no contrajo nuevo endeudamiento, aunque llevó adelante políticas poco responsables en lo fiscal; el segundo actuó al revés: accedió a los mercados internacionales, pero mantuvo las cuentas públicas en mejor estado. Los conservadores, en el marco de la crisis del '30, mantuvieron los pagos, en un contexto en el que la mayoría de los países de América latina decretó el default.

Perón
canceló la deuda con los privados, aunque tomó préstamos con bancos oficiales norteamericanos. Desde entonces y hasta 1976, la Argentina no tomó nuevos empréstitos privados significativos. A partir de ese momento, la deuda creció abultadamente desde u$s 7.000 millones hasta u$s 200.000 millones en la actualidad.

Según se describe en el libro citado, todos los períodos de sobreendeudamiento desembocaron en crisis terminales; el del período Mitre-Sarmiento, en la crisis de 1873/1874; el de Roca-Juárez Celman, en la de 1890. El próximo capítulo ocurriría casi un siglo después: entre 1976 y 1983 -la dictadura militar-, la deuda creció casi u$s 40.000 millones. La Argentina de Alfonsín padeció lo que se conoció como la década perdida (todos los ochenta), durante la cual no hubo crecimiento. La deuda se incrementó más de u$s 15.000 millones, principalmente por el no pago del total de los intereses devengados.

Finalmente, el libro reporta la crisis de fines de 2001. La década del noventa fue, en cierta medida, parecida a los gobiernos roquista y juarista. Se puede ver que en ambos casos hubo realizaciones muy significativas, importantes y absolutamente destacables para la modernidad y bienestar del país.
Pero también toma de endeudamientos, quizá, por sobre los niveles razonables de un repago seguro.

• Errores

Posiblemente, el país no estaba al borde la crisis ni cuando se fue Roca en 1886 ni cuando Menem dejó el cargo en 1999. Los posteriores colapsos terminales de 1890 y 2001 podrían haber sido evitables hacia 1886 y 1999. Pero Juárez Celman y De la Rúa no sólo no pudieron contener el sobreendeudamiento, sino que, además, lo incrementaron y cometieron errores políticos y económicos en la administración del país que, sumados a la herencia, llevaron a la crisis.

El problema del sobreendeudamiento argentino continúa, plantea la obra. Desde la pesificación de la deuda en marzo de 2002, el endeudamiento aumentó
u$s 85.000 millones, más que en los gobiernos de Menem y De la Rúa sumados. Este último endeudamiento se basa en la emisión de bonos locales para compensar las pérdidas ocasionadas por la devaluación, en el no pago de los intereses de la deuda en default, en la asunción de las deudas provinciales y en la prórroga de los pagos debidos al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al BID, entre otros conceptos.

La reestructuración de la deuda nacional tiene un resultado incierto en términos de levantamiento del default y de solución del enorme nivel de aquélla. No es demasiado realista suponer que el peso de la deuda bajará de manera significativa en el corto plazo.
«¿Creerá el presidente Kirchner que él va a resolver la actual deuda pública argentina, que es la más grande en default que haya conocido el mundo? Néstor Kirchner será sólo una etapa de la deuda pública que podrá normalizarse y reducirse, pero muy raro cancelarse antes de decenas de años», plantea el autor.

• Deuda total

Sí podrá haber mayores plazos y menores tasas de interés con ciertas y relativamente importantes quitas en el capital (aunque no del orden de las anunciadas por el gobierno ante el rechazo de los acreedores), sostiene. Pero recordemos que la Argentina debe u$s 100.000 millones que no están en default y que no se están renegociando. A estos montos se les suman más de u$s 100.000 millones que sí se están renegociando y que, aun con quitas, no se reducirán por debajo de unos u$s 50.000 millones, con lo que la deuda pública total quedará en no menos de u$s 150.000 millones, es decir, más que cuando cayó De la Rúa, cuando era de u$s 144.000 millones.

En la segunda parte del libro, se trata en profundidad el actual proceso de reestructuración.
«Aun con las mejoras, el resultado de la oferta es incierto», asegura. Puede no haber acuerdo en las condiciones planteadas, pero, de haberlo, no alcanzaría cifras importantes, como por ejemplo, superiores a 75% de los acreedores. Un porcentaje de adhesión como el pensado por el gobierno (50%/66%) no soluciona el problema, ya que quedaría un monto muy significativo en default. Por caso, con una aceptación de 60%, quedarían en default unos u$s 50.000 millones hacia fines de 2004, casi el doble de lo que fue el default de Rusia en 1998 y diez veces el de Ecuador en 1999.

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