Desde el préstamo de 1824 hasta esta reestructuración
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Perón canceló la deuda con los privados, aunque tomó préstamos con bancos oficiales norteamericanos. Desde entonces y hasta 1976, la Argentina no tomó nuevos empréstitos privados significativos. A partir de ese momento, la deuda creció abultadamente desde u$s 7.000 millones hasta u$s 200.000 millones en la actualidad.
Finalmente, el libro reporta la crisis de fines de 2001. La década del noventa fue, en cierta medida, parecida a los gobiernos roquista y juarista. Se puede ver que en ambos casos hubo realizaciones muy significativas, importantes y absolutamente destacables para la modernidad y bienestar del país. Pero también toma de endeudamientos, quizá, por sobre los niveles razonables de un repago seguro.
• Errores
Posiblemente, el país no estaba al borde la crisis ni cuando se fue Roca en 1886 ni cuando Menem dejó el cargo en 1999. Los posteriores colapsos terminales de 1890 y 2001 podrían haber sido evitables hacia 1886 y 1999. Pero Juárez Celman y De la Rúa no sólo no pudieron contener el sobreendeudamiento, sino que, además, lo incrementaron y cometieron errores políticos y económicos en la administración del país que, sumados a la herencia, llevaron a la crisis.
El problema del sobreendeudamiento argentino continúa, plantea la obra. Desde la pesificación de la deuda en marzo de 2002, el endeudamiento aumentó u$s 85.000 millones, más que en los gobiernos de Menem y De la Rúa sumados. Este último endeudamiento se basa en la emisión de bonos locales para compensar las pérdidas ocasionadas por la devaluación, en el no pago de los intereses de la deuda en default, en la asunción de las deudas provinciales y en la prórroga de los pagos debidos al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al BID, entre otros conceptos.
La reestructuración de la deuda nacional tiene un resultado incierto en términos de levantamiento del default y de solución del enorme nivel de aquélla. No es demasiado realista suponer que el peso de la deuda bajará de manera significativa en el corto plazo. «¿Creerá el presidente Kirchner que él va a resolver la actual deuda pública argentina, que es la más grande en default que haya conocido el mundo? Néstor Kirchner será sólo una etapa de la deuda pública que podrá normalizarse y reducirse, pero muy raro cancelarse antes de decenas de años», plantea el autor.
• Deuda total
Sí podrá haber mayores plazos y menores tasas de interés con ciertas y relativamente importantes quitas en el capital (aunque no del orden de las anunciadas por el gobierno ante el rechazo de los acreedores), sostiene. Pero recordemos que la Argentina debe u$s 100.000 millones que no están en default y que no se están renegociando. A estos montos se les suman más de u$s 100.000 millones que sí se están renegociando y que, aun con quitas, no se reducirán por debajo de unos u$s 50.000 millones, con lo que la deuda pública total quedará en no menos de u$s 150.000 millones, es decir, más que cuando cayó De la Rúa, cuando era de u$s 144.000 millones.
En la segunda parte del libro, se trata en profundidad el actual proceso de reestructuración. «Aun con las mejoras, el resultado de la oferta es incierto», asegura. Puede no haber acuerdo en las condiciones planteadas, pero, de haberlo, no alcanzaría cifras importantes, como por ejemplo, superiores a 75% de los acreedores. Un porcentaje de adhesión como el pensado por el gobierno (50%/66%) no soluciona el problema, ya que quedaría un monto muy significativo en default. Por caso, con una aceptación de 60%, quedarían en default unos u$s 50.000 millones hacia fines de 2004, casi el doble de lo que fue el default de Rusia en 1998 y diez veces el de Ecuador en 1999.




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