4 de junio 2004 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Diálogos en Wall Street
PERIODISTA: No escasean los motivos de preocupación. De perder el sueño por la suba de tasas de interés hemos pasado, sin anestesia, a temer disrupciones en la provisión de petróleo. El atentado en Arabia Saudita ha crispado los nervios...

Gordon Gekko: Son tres atentados en un mes. Dos de ellos tomaron como blanco intereses petroleros en el reino.


P.:
Es una escalada de violencia menor que la que se vive en Irak. Y, sin embargo, la repercusión ha sido más acentuada...

G.G.: Irak es un jugador muy importante en el mercado petrolero, pero Arabia Saudita es la pieza clave.

P.:
Es el país que cuenta con mayores reservas.

G.G.: Más que eso. Es la rueda de auxilio de todo el sistema. El único participante que tiene la capacidad y la infraestructura para aumentar la producción en forma significativa en un plazo corto. Y no hay dudas ya de que Al-Qaeda ha decidido incrementar su actividad en este frente.


P.:
Donde, podríamos decir -por la procedencia de sus cuadros-, se siente como en casa...

G.G.: Correcto. Aunque el viejo compromiso con la monarquía -siempre sospechado y que tanto recelo generó en los Estados Unidos y, después de todo, fue una de las razones para llevar adelante la invasión en Irak- parece haberse quebrado definitivamente...


P.:
¿Cuál compromiso?

G.G.: La sospecha de recibir financiamiento a cambio de no desplegar actividades terroristas en el reino.


P.:
«The Times», de Londres, el fin de semana, citó fuentes de inteligencia que piensan que Al-Qaeda estaría próxima a desatar un atentado «espectacular» en el país...

G.G.: El próximo blanco podría ser un ducto. O una refinería. Y el impacto económico, en las actuales circunstancias, sería muy considerable.


P.:
¿Cómo cree que se conjuga esta preocupación por el petróleo con los planes que traía entre manos la Reserva Federal?

G.G.: No es la mejor combinación, por cierto. El petróleo se cuela sin tener invitación... Y su presencia recuerda cuán delgada puede ser la línea que separa a una economía robusta de otra que cae en recesión.


P.:
¿Piensa que la Fed va a tener que corregir sus planes? ¿Quizá llegando al extremo de cancelar el lanzamiento de la suba de tasas?

G.G.: No.

P.: ¿O postergarlo para agosto?

G.G.: Tampoco. Otro sería el cantar, por supuesto, si un atentado «espectacular» ocurriese y éste estrangulara el suministro de petróleo...


P.:
Situación que podría acaecer no antes, pero sí después que la Fed haya movido las tasas de interés.

G.G.: Usted lo ha dicho.

P.: ¿Y entonces?

G.G.: Tendremos que convivir con esa incertidumbre. Como lo venimos haciendo desde el 11 de setiembre de 2001. La alternativa es la parálisis. Como los riesgos existen -en varios frentes-, pienso que la idea de la Fed será inclinarse por un enfoque gradual...


P.:
Coincide con Ben Bernanke, uno de los gobernadores de la Fed...

G.G.: Es que una aproximación paso a paso tiene mucho sentido.


P.:
Se escuchan algunas voces que sugieren, en cambio, un ajuste inicial de medio punto.

G.G.: La vía rápida. Es lo que haría un «trader», un operador. De manera de dejar cuanto antes el asunto atrás.


P.:
¿No lo ve factible?

G.G.: No creo que sea la sintonía que transmite la Fed. La idea es otra. Fíjese que todavía no se tocaron las tasas de corto y ya los tipos de interés de largo plazo subieron un punto completo. O sea que el ajuste empezó, ya está en marcha. La tasa de Fed Funds puede subir más lentamente, no es un obstáculo. Y el beneficio estriba en que se evitan traumatismos innecesarios.


P.: El presidente Bush pierde posiciones en la contienda electoral. John Kerry tomó el liderazgo en las encuestas durante todo mayo... Y otra vez el camino de Greenspan se cruza con Bush en busca de un segundo mandato.

G.G.: Nada personal. Sin este súbito atisbo de inflación que afloró desde comienzos de año, la Fed hubiera preferido dejar su tarea para después de noviembre. Pero no fue así. Tal vez la Fed pueda aplicar un par de dosis de suba en junio y agosto y dejar la cancha libre hasta las dos últimas reuniones del año, ambas programadas para después de los comicios. Esa es la mayor concesión que puede aportar la Fed para no entorpecer la política...

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