9 de junio 2004 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York, que no quiere ser identificado y por eso se lo menciona como Gordon Gekko, el personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». Los temas son la probable inflación por el alza de los precios del petróleo y la posibilidad de que las tasas de interés suban más de lo esperado.)

PERIODISTA: ¿Está la Fed subiendo la apuesta?

Gordon Gekko: Esa es la impresión.

P.:
¿Cómo debe interpretarse este Greenspan súbitamente más agresivo? Que de pronto recuerda el celo con que el banco central debe vigilar la marcha de la inflación. ¿Está abriendo el paraguas frente a los próximos números?

G.G.: El tiempo lo dirá. Pero no necesariamente. Tenga presente que todo el discurso de la Fed había minimizado el ascenso que ya registraron los índices de precios. Un proceso que acusa un ritmo bastante apresurado. Y que se despliega en forma compacta. Uno podría pensar que Greenspan está ahora cerrando esa brecha. Reconociendo la identidad del problema...


P.:
¿Y por qué lo hace?

G.G.: Lo hace porque los mercados han asimilado bien la idea de una suba de tasas en camino. Pueden prestar oídos a otra mala noticia. Sin deprimirse. Las bolsas han retomado la compostura. Y más que eso: el Dow ha vuelto a superar el umbral de los 10 mil puntos, el NASDAQ cruzó los 2 mil puntos y, si uno mira las Bolsas europeas o el mismo Japón, advierte que los ánimos alcistas están otra vez instalados. De repente regresaron los bríos. Como si nada hubiera ocurrido.


P.:
Aun en los confines, aun en los mercados de la periferia...

G.G.: Así es. Que los mercados emergentes también se las hayan arreglado para digerir el cambio de partitura proporciona una buena estimación acerca de la predisposición marginal de los inversores a tomar riesgos.


P.:
Y, después de algún titubeo, parecería que permanece en niveles altos...

G.G.: No se acaba el mundo. Hay vida después de la suba de tasas. Esa es la conclusión implícita de quienes siguen jugando a los dados en el filo de la cornisa...


P.:
El paciente está listo para la intervención...

G.G.: Por eso pienso que Greenspan se permite elevar el tono de sus palabras. En abril -cuando concurrió al Congreso y reveló la voluntad de la Fed de torcer el rumbo- lanzó la primera advertencia. La economía está firme. La evidencia es anecdótica, dijo, pero la anécdota es convincente. Y tenía razón. El tiempo de la desinflación terminó, señaló también. Con acierto. Pero no dijo -se cuidó muy bien de hacerlo- que la inflación fuera el nuevo problema. La Fed, que tuvo la ocasión de enmendar la plana, preferiría luego maquillar el punto haciendo referencia a que las expectativas inflacionarios estaban contenidas. Revise el último comunicado de la Fed y verá que evita pronunciarse en forma directa sobre la cuestión.


P.:
Demasiadas revelaciones para volcarlas todas de golpe.

G.G.: Eso pienso. Es mejor administrarlas en tandas. Eligiendo el momento adecuado. Y la verdad es que los mercados per se ya habían detectado esta perturbación y su sesgo creciente sin necesidad de que la Fed se los señalara.


P.:
¿Está Greenspan transmitiendo el mensaje de que, tal vez, haya que pensar en una suba de tasas de medio punto -y no de un mero cuarto- cuando la Fed concluya su reunión de junio?

G.G.: Tenemos una ronda completa de indicadores de precios por delante. Si nos topamos con números horribles, va a surgir, renovado, ese interrogante. Gracias a estos dichos recientes de Greenspan.


P.:
Si no media un deterioro abrupto del frente inflacionario, ¿rige la vieja idea de una escalera armada con sucesivos peldaños de un cuarto de punto?

G.G.: Mi impresión es que arrancamos jugando una ficha de un cuarto de punto, en junio. Pero en agosto, ahora, es otra historia. Si los mercados absorben el endurecimiento como si nada y si la inflación galopa más ligero, los comentarios de Greenspan son compatibles con un retoque de medio punto.


P.:
O sea que la inflación está ahora en el tope de la agenda.

G.G.: No estaría allí si la economía y los mercados no lucieran tan sólidos a los ojos de la Fed.


P.:
¿No puede un shock exógeno -un atentado, por ejemplo- desbaratar de golpe esa aparente solidez?

G.G.: Un atentado podría desmoronar también una solidez real. No sólo una robustez aparente. Eso está fuera de discusión. Pero no hay un calendario oficial de atentados. Lo que queda claro, entonces, es que la Fed se dispone a comenzar un proceso de aumento de tasas sin vacilar por los riesgos que no controla ni puede predecir aunque sabe que existen.


P.:
¿Tomará esos riesgos...?

G.G.: No tiene mejor remedio a mano. Quizá lo que le interese a Greenspan sea llevar a los inversores a descontar de antemano una suba de tasas mayor de manera de descubrir alguna fisura grave en los mercados, si la hubiera, antes de poner manos a la obra. No mucho más que eso.

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