"El petróleo es un mercado en llamas"

Opiniones

El periodista dialoga con un analista de mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el personaje de la película de "Wall Street". El especialista asegura que la especulación, en cuanto al alza del precio del petróleo, juega un rol importante. Gekko adelanta además que la Fed no intervendrá en el alza del crudo.

PERIODISTA: Otra vez el petróleo. Su frenesí no tiene visos de calmarse.

GORDON GEKKO: Es un mercado en llamas.

P.: ¿Hasta dónde llegará la efervescencia?

G.G.: Si la experiencia sirvede guía, irá mucho más allá de lo que resulte sensato.

P.: ¿No hemos traspasado ese umbral hace tiempo?

G.G.: Esa es la pregunta del millón de barriles.

P.: ¿No se está exagerando?

G.G.: Fíjese que el mercado de futuros está operando en contado. Otra vez, como en 2005-2006. Los precios de los contratos ya no declinan a medida que se extienden los vencimientos en el tiempo.

P.: Como suele ser la norma cuando lo que se presume que existe es un trastorno temporario.

G.G.: Correcto. Cuando se piensa que media una escasez transitoria o un extravío momentáneo de la razón causado por un rapto febril de especulación. Y se descuenta que los precios elevados no van a durar.

P.: ¿Qué me quiere decir? ¿Que la suba de precios obedece a fundamentos sólidos?

G.G.: Le quiero decir que si le parece una exageración, tiene una oportunidad a mano. No necesita disponer de crudo. Puede vender los futuros. Cuanto más alejados, mejor. El contrato a diciembre 2016 está 6 dólares por encima del precio contado (spot). O sea 136 dólares (el día anterior cotizó a más de 145).

P.: ¿Cuánto subió el petróleo desde que estalló la crisis financiera y la Fed dispuso la primera baja de tasas de interés?

G.G.: En agosto -cuando se encendió la crisis y la Fed todavía se negaba a recortar las tasas- el barril había retrocedido, levemente, a 70 dólares.

P.: Estamos a un tris de duplicar los precios. En apenas nueve meses. No tiene lógica para mí.

G.G.: Es una lógica en la que la especulación juega un rol importante.

P.: Me da la razón.

G.G.: Nadie más apretaría el acelerador tan a fondo. Pero la especulación no es un recién llegado. Ya estaba presente cuando el barril tocó 30 dólares. Cuando alcanzó 50 dólares. Y nadie discute, hoy en día, la razonabilidad de ese rango de precios. Sólo que la especulación lo vio primero.

P.: Probó estar en lo cierto.

G.G.: Corrió los riesgos y acertó.

P.: Y sigue participando.

G.G.: Aunque cada vez sea más difícil. Son escenarios más sombríos los que están en juego. Ya no basta con una demanda robusta.

P.: Hay que incorporar una oferta estancada.

G.G.: Como mínimo. En un horizonte extendido. Y esperar que la demanda no se resienta a precios que ascienden a la estratósfera.

P.: Los precios altos son su propio antídoto a medida que el tiempo transcurre.

G.G.: Eso es verdad. Como lo es también que hoy es el largo plazo de cuando el petróleo emprendió la suba. Ya en 2002, el barril de WTI superó los 30 dólares. El rango de precios deseado por la OPEP, le recuerdo, era una franja entre 22 y 28 dólares y, hasta entonces, mantenerlo costaba un esfuerzo tremendo. Ahora bien, los valores se duplicaron en 2005. Y el balance al día de hoy arroja dos sorpresas: no vemos fluir el torrente de petróleo que uno imaginaba. Tampoco una recesión mundial mayúscula. De ahí, la tirantez persistente de los mercados de energía. Y -haciendo a un lado el componente especulativo- la presión creciente de los fundamentos sobre las cotizaciones.

P.: El galón de nafta costará pronto 4 dólares en los EE.UU. El doble que en 2006. Muchísimo más que cuando el huracán Katrina destruyó Nueva Orleans. ¿Qué hará la Fed?

G.G.: Nada. No se les ocurriría usar la política monetaria para estabilizar el precio de la nafta.

P.: En las recientes minutas de su última reunión la Fed anticipa que la baja de tasas tocó a su fin. ¿Deberá subirlas?

G.G.: Las tasas quedarán clavadas en 2%. El mensaje oficial sí se tornará más duro. Subirán los decibeles del discurso -en rigor, esto ya comenzó; hoy (por ayer) se sumó el gobernador Kevin Warsh a una larga lista- pero se mantendrán las tasas de interés. La inflación en sí, en los tres meses a fin de abril se moderó. La desaceleración crediticia es muy fuerte. Y llegó para quedarse. Son las presiones inflacionarias las que operan en alza. Sin embargo, la Fed estará más cómoda en su molesta compañía que como estaba a mediados de marzo -con la zozobra financiera en la nuca-. La pesadez de la economía, en los últimos meses, fue una eficaz muralla cortafuego entre las presiones inflacionarias y la inflación núcleo efectiva. Por eso la Fed esperará a que las heridas cicatricen antes de alterar el rumbo de su política. Y pienso que también querrá sumar una nueva herramienta a su arsenal.

P.: ¿Cuál?

G.G.:
La posibilidad de pagar intereses sobre los encajes bancarios. Cuando la posea podrá desvincular la tasa de los fed funds del crecimiento, de la liquidez. Eso le daría la posibilidad de subir las tasas de interés sin necesidad de recortar el volumen de sus mecanismos de asistencia.

P.: Bernanke está muy apurado por obtener la anuencia del Congreso para tal fin. Le remitió una carta a la demócrata Nancy Pelosi con el pedido formal de una autorización inmediata. ¿No será que avizora una necesidad por utilizar rápido esa arma?

G.G.: Por la razón que fuera, desea tenerla en la guantera. Si las expectativas de inflación se dañasen, y hay que reconocer que es un milagro que, a esta altura, no lo hayan hecho, la Fed podría responder con un ajuste de tasas al alza y, a la par, mantener todas sus líneas actuales de asistencia disponibles para casos de fuerza mayor. Y sin restricciones de uso ni la necesidad de esterilizar la expansión monetaria resultante.

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