El software ha muerto

El software pasó de ser el corazón del negocio tecnológico a un commodity. La IA ya no asiste: construye, simplifica y reemplaza código complejo en semanas.

Anthropic desarrolló un compilador de C en dos semanas con agentes de IA, una tarea que a una empresa tradicional le habría demandado dos años y millones de dólares.

Anthropic desarrolló un compilador de C en dos semanas con agentes de IA, una tarea que a una empresa tradicional le habría demandado dos años y millones de dólares.

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No, no es un título baitero (por “clickbait”). La frase "El software ha muerto" es una alegoría deliberada a una de las citas más conocidas de Nietzsche: "Dios ha muerto", en la que no hablaba de religión en un sentido literal, sino del fin de una era y del nacimiento de otra. Del corrimiento de un eje central que durante siglos estuvo puesto en Dios hacia el hombre. A partir de ese quiebre, Nietzsche postuló que es el hombre —y no lo trascendental— el centro de todo.

Lo que estamos viviendo hoy con el software es conceptualmente parecido.

Cuando el software era el centro

Durante décadas, el software fue —y sigue siendo— el corazón del mundo tecnológico, incluso más que el hardware. Es el activo principal, el diferencial, la barrera de entrada. Las empresas más valiosas se construyeron alrededor de líneas de código, stacks tecnológicos complejos, equipos enormes de desarrollo y años de acumulación de conocimiento técnico. El software no solo era una herramienta: era en parte su negocio.

Pero hoy vemos que ya no es así. No estamos hablando de proyecciones ni teorías sobre lo que podría llegar a pasar. La IA está transformando el software en un commodity. Literalmente.

X y la simplificación radical

Apenas adquirió X (ex Twitter), Elon Musk publicó el código fuente del algoritmo de recomendaciones. Ese código representaba años de trabajo acumulado: múltiples lenguajes de programación, capas de negocio superpuestas, reglas, excepciones y sistemas auxiliares. Era, en términos clásicos, “software de verdad”. Costoso de desarrollar, difícil de mantener y prácticamente imposible de replicar sin recursos extraordinarios.

Hace algunas semanas se publicó el código de la nueva versión. Los eruditos del tema lo analizaron y encontraron algo inesperado: gran parte de la complejidad histórica había desaparecido. Se eliminaron capas de negocio, reglas explícitas y abstracciones acumuladas con el tiempo. En su lugar, X adoptó un enfoque mucho más simple, apoyado en unos pocos componentes centrales hechos en Rust (un lenguaje de programación) y una integración directa con Grok, el modelo de inteligencia artificial desarrollado por xAI.

Dicho de otra forma —y dicho simple—, X reemplazó software altamente complejo, costosísimo de desarrollar, por una capa lógica mínima montada sobre inteligencia artificial. No reescribió el sistema: lo redujo. Lo achicó. El software dejó de “pensar”. La lógica dejó de estar codificada de manera explícita. Quien ejecuta las funciones, quien procesa las decisiones y quien entiende el contexto es directamente la inteligencia artificial. Y eso cambia todo.

Cuando la IA deja de asistir y empieza a construir

El segundo evento ocurrió todavía más recientemente, con el lanzamiento de Claude 4.6, el nuevo modelo de Anthropic. En esta actualización, la empresa agrupó un conjunto de agentes de inteligencia artificial y los puso a trabajar a todos en un mismo proyecto. Cada agente cumplía un rol específico, de manera muy similar a un equipo humano: planificación, desarrollo, revisión técnica, control cruzado y testing.

A ese grupo se le asignó una tarea extremadamente compleja: desarrollar un compilador de C (un compilador es un programa que traduce código escrito por humanos a instrucciones que la computadora puede ejecutar). En fin, el compilador en sí no es lo importante; lo relevante es que se trata de uno de los tipos de software más complejos de desarrollar, históricamente reservado a equipos altamente especializados.

Para ponerlo en perspectiva: un compilador es software de infraestructura, crítico, sensible, con décadas de historia. A una empresa con alta sofisticación técnica y recursos millonarios, un desarrollo de este tipo le habría demandado alrededor de dos años de trabajo y muchos millones.

Anthropic lo hizo en apenas dos semanas. Sus agentes trabajaron solos, sin supervisión, sin pausas, con un costo estimado de veinte mil dólares. Dicho así, deja de ser una anécdota más. Es una señal enorme de lo que ya está pasando.

El verdadero cambio de paradigma

Para alguien ajeno al mundo tecnológico, estos dos ejemplos pueden parecer curiosidades dentro del universo de la inteligencia artificial. Para quienes están ligados a la tecnología, son la confirmación de un cambio de paradigma completo.

Durante los últimos meses, la conversación estuvo puesta en el reemplazo de personas por inteligencia artificial. Diseñadores, programadores, redactores, analistas, copywriters. Ese proceso, con matices y resistencias, ya es historia conocida. Ya ocurrió, está ocurriendo y, en gran medida, el mercado está haciendo esfuerzos por asimilarlo.

Lo que está sucediendo ahora es distinto. Mucho más profundo. Ya no se trata de que la inteligencia artificial reemplace personas dentro de un sistema. Se trata de que el sistema mismo está siendo reemplazado.

Porciones enteras de software, con altísima complejidad y años de desarrollo acumulado, están siendo eliminadas y sustituidas por acceso directo a modelos de inteligencia artificial. El software, tal como lo conocimos, deja de ser el centro. La lógica de negocio ya no está escrita: está aprendida. Ya no se ejecuta código. Se ejecuta inteligencia artificial. El código pasa a ser apenas un orquestador, un pegamento, una interfaz mínima. Nada más. Y nada menos.

Una buena y una mala noticia

Esto es, al mismo tiempo, una mala y una buena noticia.

La mala noticia es que la mayoría de las empresas cuyo modelo de negocio se basa en “hacer software” van a tener que transformarse. El software ya es prácticamente un commodity. Cuando eso sucede, los márgenes se comprimen, las ventajas competitivas se diluyen y los modelos históricos dejan de funcionar. Esto ya empieza a reflejarse en los mercados, incluso en el S&P 500. Basta con ver lo que está pasando con Microsoft, ServiceNow, Atlassian o Salesforce. No por mala gestión, sino porque el piso se está moviendo.

La buena noticia es igual de potente. Nunca fue tan barato crear tecnología. Empresas con muy pocos recursos pueden hoy desarrollar soluciones que, hasta hace poco, estaban reservadas a corporaciones con presupuestos multimillonarios. El software deja de ser una barrera de entrada, y eso reconfigura por completo el mapa competitivo. Para bien y para mal.

Un llamado de atención para las empresas argentinas

Este reemplazo no se limita al rubro tecnológico. Ya se observa una merma sostenida en la demanda de diseñadores, animadores, copywriters, consultores generales e incluso en áreas tradicionalmente consideradas seguras, como la consultoría legal. La inteligencia artificial no está simplemente asistiendo a los profesionales. En muchos casos, los está reemplazando. Directamente.

Hoy, con herramientas de agentes autónomos, como Openclaw (que merece un artículo aparte), un ejecutivo puede solicitar un informe por Telegram a su agente de IA personal y este lo genera autónomamente conectándose directamente a su ERP, sin intervención de desarrolladores ni analistas financieros.

Desde una mirada local, el riesgo para las empresas argentinas ya no es únicamente la macroeconomía, la inflación o la política. También se suma el riesgo es no entender que estamos entrando en una nueva era. Una era donde el software ya no es el negocio, es un commodity, y donde la inteligencia artificial es el centro. Las empresas que no lo comprendan no van a quedar rezagadas. Van a desaparecer.

La historia tiene analogías claras : a comienzos del siglo XX, la industria del caballo y el carruaje era fenomenal, pero la llegada del Ford T eliminó ese sector por completo. Lo que estamos viviendo ahora es aún más rápido, más transversal y más disruptivo. Y bastante más incómodo, también.

Tal vez suene exagerado. Puede ser y no déjà de ser una opinión personal. Pero estos dos acontecimientos muestran con claridad que estamos transitando un punto de inflexión en la historia humana. Los pronósticos sobre la inteligencia artificial que parecían alocados hace apenas unos meses ya no son promesas de futuro. Son realidad.

Emprendedor y empresario tecnológico, estratega cloud con trayectoria en crear, escalar y M&A de compañías tech.

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