19 de enero 2005 - 00:00

En el Mercosur, Brasil es global; la Argentina, local

E n los años '80 los ambientalistas norteamericanos inventaron un eslogan que es una genialidad en lo que a pensamiento sistémico se refiere: «Piensa globalmente, actúa localmente». ¿Por qué empiezo este artículo sobre una fracasada unión aduanera disfrazada de mercado común de esta manera? Porque refleja la diferencia entre Brasil y la Argentina al momento de definir lo que quieren y esperan del Mercosur.

Brasil siempre pensó en grande y aplicó el eslogan de modo consistente. El ejemplo del reciente estatus de economía de mercado otorgado a China sin consultar a la Argentina es bien ilustrativo. Y el futuro acuerdo que Brasil va a firmar algún día con EE.UU. también va a ser tan demostrativo como contundente. A diferencia, la Argentina nunca aplicó el eslogan sino más bien siempre pensó provincialmente. Es que la Argentina tiene una dirigencia política y empresarial que, salvo contadas excepciones, es de cabotaje. Nunca van a poder aplicar el eslogan porque no pueden pensar globalmente. No han sido capaces de entender el mundo desde la Argentina y se han conformado con abrazarse a Brasil como tabla de salvación para que el mundo globalizado no se los devore. Sueñan con un sistema políticoeconómico que a unos los deje seguir manejando el barrio (principalmente la provincia de Buenos Aires) y a otros vender tranquilos en el barrio de Once. Bien por ellos, no por el resto. Pero me temo que tarde o temprano la realidad les va a demostrar otra cosa.

• La culpa no es brasileña

Brasil no tiene la culpa de semejante mediocridad y más bien se siente cada día más incómodo frente a tanta incompetencia (en el sentido de negarse a competir). Es cierto que jugó siempre su carta de ir transformando a la Argentina en un socio menor, respetado pero, en definitiva, un seguidor. Trató siempre con respeto a la Argentina y le otorgó al señor Duhalde un título de fantasía en agradecimiento a la luz verde para comprar una empresa gigante de energía vendida por uno más de los tantos dueños-empresarios argentinos que arriaron las banderas del desarrollo industrial favorecidos por un tratamiento impositivo que no grava ganancias de capital al momento de vender empresas.

Pero los planes brasileños siempre fueron, como corresponde, industrializar a Brasil para hacerlo un jugador mundial. Todo lo que ha venido ocurriendo en los últimos dos años va en la dirección de mostrar que están preparándose para integrar el grupo de países grandes ( denominados los BRIC por Brasil-Rusia-India-China) que van a emerger económica y políticamente afuera del G-7. No hay problema con esto. El problema es que la Argentina entra en este esquema sólo como un socio-ayudante con un mercado importante para la venta de productos manufacturados brasileños y un proveedor confiable de materias primas. Obviamente la industrialización de la Argentina nunca va estar en ese plan.

• Perdimos la brújula

Si esta interpretación está cerca de la realidad, entonces tenemos un gran problema de este lado de la frontera. Cuando digo «tenemos» me refiero a todos, desde los más proteccionistas y proclives a un Mercosur mercado-internista, hasta los más liberales y que han venido anunciando y pregonando el fracaso de la estrategia, y pasando por los muchos que hemos creído y escrito durante muchos años en favor de un Mercosur que es un instrumento para hacernos más globales y competitivos.

Los primeros no saben, honestamente, cómo tapar la incompetencia de una estrategia que va camino a una encerrona, disimulada en acuerdos sectoriales que sabemos que no pueden ser una estrategia sostenible a largo plazo. Los segundos, y entre ellos muchos economistas ortodoxos, siguen creyendo en la quimera de que una apertura unilateral --sumada ahora a la búsqueda de acuerdos por nuestra propia cuenta-es económica y políticamente sostenible y nos libera de un Mercosur anquilosado. Por el contrario, yo nunca vi nada tan favorable a los intereses de la elite industrial paulista que esta posición liberal que apunta a que debemos abrirnos e ignorar la geografía. Finalmente, los defensores de un Mercosur como una etapa de integración a la economía globalizada nos hemos quedado sin argumentos frente a los hechos y al fracaso del intercambio balanceado en el sector industrial. Pero el punto es que a todos, en más o en menos, se nos ha perdido la brújula y tenemos que encontrarla antes de que sea demasiado tarde.

• Diagnóstico y estrategia

La estrategia pasa por tener un buen diagnóstico conjunto, de equipo argentino, y actuar en consecuencia. Tenemos que juntarnos y hacer un «brain-storming» en serio sobre esta cuestión, porque esto no puede quedar en manos de un gobierno o de un grupo de personas o de un partido de gobierno que una década decide ser global-liberal y la siguiente nacionaldesarrollista. Necesitamos un balance y una política de Estado.

Desde un punto de vista técnico, creo que a esta altura nadie negaría que lo que estamos observando es producto de muchos años de baja inversión en nuestra economía. Mi explicación favorita es tan simple como el argumento de que con un poco de economías de escala, tamaños de planta relativos que pasaron de 3 a 1 a más del doble no dan margen para un intercambio intraindustrial balanceado por más diferenciación de productos (y tipo de cambio real) que uno le ponga. Y los acuerdos sectoriales sin mucha inversión y tecnología de este lado van ser como querer tapar el sol con las manos. Es decir, por más que no nos guste el argumento de los brasileños, lo cierto es que tenemos tres problemas: inversión, tecnología y capacidad empresarial. Nuestra anemia estructural se ha visto aumentada por las decisiones de inversión directa de firmas multinacionales que van a mirar al miembro de los BRIC con más simpatía que a una Argentina que usa un lenguaje espantainversores. No podemos ignorar esto y debemos resolverlo positivamente. Sentarnos con nuestros socios brasileños y decirles que celebramos tener una estrategia conjunta para que ellos sean BRIC y nosotros nos industrialicemos integrándonos al mundo. Pero, principalmente, preguntarle a nuestra clase empresarial cómo vamos a llevar adelante las cuantiosas inversiones en capital y tecnología que se necesitan, sin prebendas ni ilusiones de aguantar hasta vender a alguien de afuera. Como decía mi abuelo, esta vez los consejos van a tener que ser la mitad en efectivo.

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