"Es imposible que un radical se adapte a la democracia"
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Carlos Mesa
Periodista: El dirigente cocalero Evo Morales, líder del MAS, exige a las petroleras que abonen al Estado 50% de sus beneficios. ¿Es viable?
Carlos Mesa: No. Por una simple y sencilla razón. El porcentaje de regalías que abonan las petroleras no se puede tocar porque es parte de un contrato. Si se alterara unilateralmente, se vulneraría la seguridad jurídica y podrían llevarnos a un arbitraje. Por el contrario, los impuestos son potestad privativa del Estado, y las empresas no pueden intervenir. Si yo le digo a Evo Morales que voy a recaudar la
misma cantidad de dólares con 18% en regalías y 32% en impuestos, no tiene argumento para sustentar su tesis.
C.M.: No hay posibilidad de secesión. Ni por deseo, ni por realismo. Salvo algún grupo radical, no hay voluntad de independencia. Ni los más duros en sus propuestas autonomistas se plantean la posibilidad de separarse. Desde el punto de vista práctico, sería suicida la secesión por la ubicación geográfica de Santa Cruz y su vinculación en producción y mercados con el occidente de Bolivia.
C.M.: En este tema debo ser muy prudente. La relación personal de amistad que pueda tener el presidente Chávez con el señor Morales es decisión suya. En la medida en que sea manejada en el marco del respeto mutuo y de la soberanía boliviana, yo no tendré nada que decir. No poseo ningún elemento, más allá de la observación que le comenté, que me permita ir más lejos.
P.: ¿Evo Morales es más agitador que político?
C.M.: Su partido, el MAS, es el primero del país. Ahora, Evo Morales está en un proceso de transición. Estaba construyendo un proyecto político, empezaba a trabajar con una mirada más de dirigente de partido que de líder sindical. De pronto, dio un salto atrás. Ahora lo veo mucho más como líder sindical, no digo agitador, que como dirigente político. Se ha aliado a grupos ultrarradicales que habrá que combatir con las armas de la democracia. Es imposible convencer a un radical de que entre en la estructura de la democracia y en sus reglas.
P.: En Bolivia se comenta que su forma de gobernar ha sido demasiado angelical. ¿Le faltó autoridad?
C.M.: Es un equilibrio difícil cuando tienes una sociedad con un Estado tan débil. Y no es un Estado débil por la forma de gobernar del presidente Mesa. Ya lo era con Sánchez de Lozada, Quiroga o Banzer. Los tres trataron de que ese Estado débil reaccionara con la fuerza de la ley: el resultado fueron 200 muertos.
Yo dije: «Vamos a intentar que el Estado débil al menos respete los derechos humanos y la vida». Tiene costos, como que te digan que no gobiernas. Llevo un año y cuatro meses gobernando con esa lógica. No he tenido muertos ni sangre, he resuelto conflictos y he cedido mucho menos que los tres presidentes que me antecedieron. Vamos a intentar que se ajuste la aplicación de justicia a quien cometa delitos, que en el pasado ha sido laxa. Se actuará en función del ejercicio de violencia de los radicales.
P.: Es la única persona que se ha plantado ante Evo Morales, con críticas muy duras. El país cerró filas con usted. ¿Puede empezar el declive del líder del MAS?
C.M.: Aquí hay una verdad de puño. Sin la clase media, Evo Morales no puede ser presidente. Así de simple y de claro. Corre el riesgo de enajenarse a la clase media. Hace cuatro o cinco meses era una firme opción presidencial; hoy tendría que revisarse. Evo Morales está en una línea de radicalización que no le hace ningún favor a su proyecto personal de llegar a la presidencia de Bolivia.




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