"Es la primera vez que la Bolsa neoyorquina no anticipa la recesión"
El experto en mercados internacionales que se escuda bajo el personaje de Gordon Gekko de la película de Oliver Stone «Wall Street» valora las acciones tomadas por la Fed en cuanto a desactivar varias minas terrestres, como Bear Stearns, y los seguros de cobertura, pero descree que lo peor ya pasó, y advierte que es la primera vez que la Bolsa neoyorquina no anticipa la recesión.
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P.: Como sea, olvídese de que la Fed haya apelado a recursos contra los que, unos meses antes, despotricaba. ¿No es verdad, acaso, que logró conjurar la crisis? ¿No es ese dato crucial lo que ahora la Bolsa explota a su favor?
G.G.: La Fed consiguió objetivos importantes. Frenó la corrida sobre los bancos de inversión (curando en salud, su obvia secuela, la presión posterior sobre los bancos comerciales). Cortó en seco la oleada de margin calls que en avalancha amenazaba sepultar a todo el sistema. Tomó posesión de una cartera indigesta de 30 mil millones de dólares y demostró que, si hace falta, será también hospital de bancos, con el aval de la administración Bush.
P.: No es poca cosa. Bernanke mostró uñas de guitarrero.
G.G.: No es todo. Desactivó el temor a una explosión en el mercado de credit default swaps (CDS).
P.: El mercado en el que se compra y vende protección contra el riesgo de default.
G.G.: Transferir intactas todas las obligaciones de Bear Stearns a JP Morgan Chase fue la decisión fundamental.
P.: Un subsidio estatal para los vendedores de protección.
G.G.: Nadie sabe con certeza si se hubiera podido cobrar. Se evitó un Chernobyl. Un daño que hubiese derramado consecuencias mucho más allá de las posiciones involucradas en forma directa. De ahí, el alivio que se percibe.
P.: Quizá la crisis no esté reparada. Pero el frente bancario asoma fortalecido. ¿Cómo comprender, si no, que se anuncien, en una sola rueda, nuevas pérdidas crediticias por 23 mil millones de dólares y, a la par, repunten las acciones de los bancos afectados?
G.G.: No son las pérdidas las que se festejan sino las paralelas inyecciones de capital. Ese es el costado positivo.
P.: ¿No existe la impresión de que, a medida que el reconocimiento de los quebrantos avanza, el problema se va agotando en el margen?
G.G.: Existe. Pero es el tercer trimestre que promete ser el último. Si confiamos en las estimaciones de pérdidas en danza, los balances ya reflejan entre la mitad y un tercio de lo que será la factura total. Sin embargo, las propias estimaciones son móviles. Ocurre que la variable clave es el precio de la vivienda. Y tanto la medición de OFHEO como la de Case-Schiller señalan que todavía no se toca fondo. Como la merma procede a un ritmo anualizado de dos dígitos, no está claro quién corre más rápido: si el tumor o su contabilización.
P.: Cuando UBS absorbe un cargo de 19 mil millones por su exposición hipotecaria y dice que traspasará el resto de su cartera a una unidad separada para proceder a su digestión final, ¿no está dando vuelta la página?
G.G.: Ese es el mensaje. Pero el nuevo vehículo será, inicialmente, 100% propiedad de UBS (y financiado en su totalidad por UBS). Es otro vagón pero del mismo convoy.
P.: Poner todos los dolores de cabeza en un furgón de cola no es mala idea. Lo que falta es desengancharlo.
G.G.: Piense que UBS tomó una pérdida de 19 mil millones de dólares en una cartera de productos hipotecarios (subprime y alta) valuada en 54,2 mil millones de dólares a fin de diciembre. Y, pese a ello, tres meses después, subsiste una posición de 31 mil millones de dólares. Son números terroríficos. Bajar 23 mil millones de dólares en exposición, costó 19 mil millones. Estos son activos en estado gaseoso. Cómo saber que no habrá más emanaciones.




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