30 de noviembre 2004 - 00:00

Espanto a inversores

(Mauricio Rojas es hoy diputado del Partido Liberal del Parlamento sueco. Emigró de Chile tras el golpe militar de Augusto Pinochet y fue uno de los intelectuales citados por el canciller trasandino Ignacio Walker cuando éste calificó al peronismo de «fascistoide». Dialogó con este diario sobre los prejuicios que existen sobre la economía de mercado en la Argentina.)

PERIODISTA: ¿Por qué cree que en América latinatienen éxito electoral discursos que cuestionan la economía de mercado?

Mauricio Rojas: Cuando la economía de mercado funciona tiende a crear un resentimiento en los que se quedan atrás, se transforman en perdedores y es difícil aceptarlo. Por ello aparece la falsa ilusión de protección que vende la política.


P.:
¿Cómo evalúa la situación actual de la Argentina en términos de atraer inversiones?

M.R.: En la Argentina espanta la precariedad de las reglas de juego, por eso los empresarios optan por países como Chile, en donde el derecho de propiedad está garantizado. De la Argentina, en donde en cualquier momento puede aparecer un sindicato, o piqueteros o un intendente que actúen con métodos de patota, los inversores huyen.


P.:
¿Qué sería para usted lo positivo del país?

M.R.: Digamos que pese a todo, la estructura económica es sana en lo fundamental. El nivel de apertura es bastante amplio pese a 20 años de romper las reglas de juego. El gran recurso del país es el capital humano por la inserción cultural de grandes capas de la población.


P.:
El canciller Walker citó un libro suyo cuando calificó al peronismo como « fascistoide» en el diario «El Mercurio». ¿Coincide con esa apreciación?

M.R.: Debo decir que cuando Ignacio escribió eso tuvimos un intercambio de mails amistoso. Para mí es un error la focalización en el peronismo como una especie de mal que llega de repente. Es una larga enfermedad que viene desde la época de Rosas, la política de la patota que asalta al resto, y afecta a muchas corporaciones políticas, sindicales y empresariales. La década infame no era peronista y funcionaba en los mismos términos.

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