Memoria activa 2001 (Parte 12)

Opiniones

A poco de asumir Fernando De la Rúa (diez meses), su vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez renunció. Precipitando una crisis de gobierno, de la que nunca se recuperó.

A poco de asumir Fernando De la Rúa(diez meses), su vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez renunció. Precipitando una crisis de gobierno, de la que nunca se recuperó. La renuncia del vicepresidente socavó las bases de la gobernabilidad aliancista, su formato coalicional, y las expectativas depositadas en la renovación y la transparencia institucional del nuevo oficialismo. En este artículo analizaremos el papel que jugó la renuncia de Álvarez en la descomposición del liderazgo presidencial, partiendo de algunos supuestos provenientes de las teorías institucionalistas sobre el lugar de la vicepresidencia en los regímenes presidencialistas latinoamericanos.

Carlos Álvarez, originario del peronismo renovador, historiador graduado de la UBA, había sido uno de los integrantes -tal vez, el más notorio- del “Grupo de los 8” diputados justicialistas que desertó del oficialismo en el año 1990, una vez que Carlos Menem introduce reformas neoliberales desde la Presidencia. Era miembro fundador del Frente Grande, una coalición de partidos de centroizquierda con mucha presencia en la zona metropolitana. En 1994, el Frente Grande liderado por Álvarez se asocia con el partido PAIS, creado por el gobernador justicialista mendocino José Octavio Bordón, otro crítico de Menem. Ambos formarán la fórmula presidencial de la nueva criatura, el Frepaso, que compitió contra la reelección de Menem en 1995, y quedó en segundo lugar.

En general, se asocia la renuncia de Álvarez a la Vicepresidencia como una respuesta al escándalo de corrupción y denuncias de compra de votos (caso “Banelco”) que siguió al intento de reforma laboral del año 2000. Sin embargo, exploraremos otras explicaciones. Además de las dinámicas coalicionales, a las que nos referiremos, y las contradicciones en las que incurrió el Frepaso: la renuncia de Álvarez fue un proceso relacionado con el vaciamiento de voz del Frepaso en la formación de las políticas públicas de la Alianza.

En Argentina, la figura del vicepresidente comenzó a captar la atención de los politólogos a partir de la renuncia de Carlos “Chacho” Álvarez en el año 2000. Atención que se profundizaría, algunos años después, con el conflicto entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el vicepresidente Julio Cleto Cobos. Pero la vicepresidencia, pese a ser una institución de todos los regímenes presidenciales latinoamericanos, no tiene demasiados estudiosos.

El estudio de la vicepresidencia en América del Sur

En las democracias de nuestros países, el rol del vicepresidente es relevante en las elecciones y en la conformación de los gobiernos. Y se trata, también, de una institución – rol que se fortalece en los ambientes de crisis (Bidegain, 2016, pág. 163). En Estados Unidos, cuya Constitución dio forma a la institución hoy vigente, la vicepresidencia se ha desarrollado por el cambio en el modo de selección de los vicepresidentes” (Bidegain, 2016, pág. 165), y por criterios que se hacen presentes en el proceso de selección, como “la necesidad de tener un buen sucesor” o la relevancia de “balancear la fórmula” -es decir, de ampliar el electorado-. Asimismo, se destaca que ha habido otro protagonismo del vicepresidente en las campañas electorales presidenciales y los medios masivos de comunicación.

El ejercicio de éste cargo también ha cambiado en los Estados Unidos, “pasando de un rol de intermediario entre el Legislativo y el Ejecutivo, a una proximidad cada vez mayor al presidente” (ibid.). El vicepresidente va abandonando las tareas legislativas, consigue mayor poder y más recursos, y ha visto aumentar su importancia mediática durante las campañas presidenciales. Asimismo, la evidencia respalda que la vicepresidencia se ha constituido en un paso importante en las aspiraciones presidenciales de los políticos en la mayoría de los presidencialismos: hay varios casos de presidentes que fueron vices y, sobre todo, de vicepresidentes que se convierten -al terminar su mandato, o después- en candidatos presidenciales.

Los trabajos de Serrafero (fundamentalmente 2004, 2011) dedica distintas miradas analíticas a la fórmula electoral, la fórmula de gobierno y la fórmula de sucesión, logrando a través de esta distinción conclusiones significativas sobre las tensiones (intrínsecas) en las que la institución del cargo pone en juego su lealtad hacia el primer man­datario. La tentación de suceder al presidente aparece basada por Serrafero en el hecho de que la vicepresidencia en sí misma no garantiza una carrera política posterior, pese a que en varios casos jugó un rol importante en la conformación de alianzas y coaliciones. Álvarez obró su renuncia guiado por valores y cálculos propios (partidarios, personales, de carrera política: la distinción no es relevante), antes que en función de la estabilidad del acuerdo electoral y gubernamental.

Los compromisos políticos también forman parte de los roles que cumple el cargo en los países de la región analizados, cumpliendo a veces la función de saldar las diferencias internas luego de las elecciones primarias o debates entre corrientes de un mismo partido, o coaliciones, a la hora de elegir el presidente. Para Álvarez, recordemos, la vicepresidencia se originó en un triunfo y en una derrota: el triunfo en la elección presidencial, y la derrota en la elección interna de la Alianza para elegir la fórmula presidencial.

El caso argentino, que comparte características con algunos países, es específicamente descripto por Bidegain como una “vicepresidencia permanente”, es elegido en una misma fórmula y por elección popular con el presidente, y puede ser reelecto una vez de forma continua o suceder al presidente. En cuanto a su relación con el Congreso, es un miembro del mismo en su calidad de vicepresidente y a la vez es el presidente del Senado, con derecho al voto solamente si hay empate, cumpliendo así un rol de mediador integrado. En su evolución histórica (desde 1983 hasta nuestros días), la vicepresidencia argentina tiene límites políticos: no ha habido, tras una elección popular, vicepresidentes elegidos que asuman la presidencia en forma permanente, ni vicepresidentes reelectos, ni vicepresidentes que hayan accedido a la presidencia tras haber competido por ella.

Sí hay un ex vicepresidente que se convirtió posteriormente en presidente, aunque no por votación popular fue Eduardo Duhalde. Notoriamente, los momentos más significativos de las vicepresidencias argentinas fueron las renuncias de vicepresidentes: hubo dos casos, Eduardo Duhalde y Carlos “Chacho” Álvarez, donde el trasfondo de su salida del Ejecutivo fue la mala relación entre el primer mandatario y su suplente (Bidegain). Finalmente, hubo una vicepresidencia sin dudas problemática, la de Julio Cobos, quien se convierte en opositor al gobierno del que fue parte. Cobos, en el marco de la imposibilidad de su destitución, dificultó la tarea presidencial: la primera mandataria, Cristina Kirchner, justificó cancelaciones de giras presidenciales en su renuencia a delegar el poder presidencial a su vice problemático. Continuará mañana.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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