"Fue un pequeño milagro que la construcción comercial haya atravesado 2007 sin mayores rasguños"
El especialista en mercados internacionales personificado como el banquero de la película «Wall Street», Gordon Gekko, señala que fue un milagro que las hipotecas (no de viviendas) hayan atravesado 2007 sin mayores inconvenientes. En ese sentido vaticina que esta área será la más problemática. Además, pese al rescate de Bear Stearns, recomienda esperar para festejar el fin de la crisis financiera.
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P.: No se olvide de la cartera de Bear Stearns que irá a engrosar un fideicomiso financiado por la Fed de Nueva York.
G.G.: El informe evita entrar en detalles. Pero si se aplicase la pérdida promedio estimada para instrumentos como los que conforman ese portafolio, JPMorgan Chase vería evaporarse su nota de mil millones de dólares y a la Fed se le escurrirían algo más de siete mil millones en esa única transacción.
P.: Interesante.
G.G.: Si el sector público se ve forzado a intervenir para garantizar el funcionamiento ordenado del sistema bancario, habrá que cambiar el nombre del titular de las facturas. Buena parte de lo que figura en la columna de los bancos será traspasado.
P.: Tenía entendido que los préstamos subprime no llegaban a u$s 1,3 billón. ¿Cómo es posible perder u$s 945.000 millones? ¿Cuánto se depreciaron esas propiedades?
G.G.: No se confunda. Yo diría que los resultados por activos hipotecarios non prime (subprime más Alt A más productos estructurados) no van más allá de u$s 300.000 millones.
P.: Entonces.
G.G.: El informe analiza una dinámica de crisis que parte del segmento subprime pero que se extiende a hipotecas residenciales de alta calidad, a hipotecas comerciales, a deuda de consumo y de empresas, a préstamos para fusiones y adquisiciones y a todo el universo de las finanzas estructuradas que se montó sobre ellos.
P.: Es un barrido muy amplio.
G.G.: Amplio pero muy razonable. La economía ya tropezó con la recesión. Las condiciones crediticias son muy exigentes. Y venimos de una sequía financiera prolongada. Es una combinación maligna que augura el contagio de áreas que, hasta el momento, han permanecidoal margen.
P.: ¿Cuál cree que será la más problemática?
G.G.: Las hipotecas comerciales y sus correspondientes productos estructurados (CMBS). A decir verdad, uno esperaba un deterioro en los bienes raíces comerciales, mucho antes. Dos o tres trimestres después de que surgieran los trastornos graves en el mercado de la vivienda. No se produjo. Fue un pequeño milagro que la construcción comercial haya atravesado 2007 sin mayores rasguños. Pero la tormenta persiste, no ceja y la corrosión comienza a insinuarse. Con tardanza pero amenazante. Me consta que los reguladores bancarios están preocupados porque detectan una alta concentración de estos riesgos en bancos regionales.
P.: Los bancos ya han castigado sus balances con cargos por más de u$s 230.000 millones. No está muy lejos de la mitad de lo que sería la cifra final según el Fondo; aun sin contemplar un eventual auxilio del sector público. ¿Es temprano para descorchar?
G.G.: Entiendo a la gente que, después de Bear Stearns, compró las botellas de champagne y las puso en la hielera. Pero no se apure por descorcharlas si no quiere que la bebida se le caliente en la copa.
P.: No será la primera vez que las estimaciones sobre el tamaño de una crisis, en el fragor de los acontecimientos, se exageran sobremanera. ¿No será el caso? ¿Las pérdidas que tomaron los bancos son definitivas? ¿O pueden revertirse si la situación mejora?
G.G.: Unos u$S 30.000 millones en pérdidas están vinculados a situaciones de irregularidad crediticia. Otros u$s 200.000 millones corresponden a ajustes de valuación sin que hayan mediado tales contratiempo.
P.: Pueden remarse si los precios de mercado se tonifican.
G.G.: No lo discuto. Todo es recuperable si la pérdida no se realizó. Pero el horizonte de una recuperación sólida, no se engañe, está distante. Y la presión sobre el capital de los bancos es muy fuerte. No me sorprendería que tal potencial de suba, cuando ocurra, derrame sobre otros inversores. Fondos buitre, de private equity. O, si usted quiere, la propia Fed de Nueva York que se ha dado un plazo de 10 años para manejar su portafolio. Y a la que, como bien sabe, no la corren los problemas de financiamiento.




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