¿Es posible que un Estado decida, por dogmatismo o indiferencia, asistir impávido a la eutanasia de su propio motor productivo? Esta es la pregunta de investigación que hoy desvela a la Unión Industrial Argentina (UIA). Mientras los despachos oficiales celebran una estabilidad financiera ficticia cimentada en el “carry trade” y un tipo de cambio asfixiante, el entramado fabril —especialmente el metalúrgico y las pymes de valor agregado— se desintegra bajo el peso de una recesión que ya no es cíclica, sino estructural. El desprecio presidencial hacia los líderes del sector, personificado en ataques mediáticos a referentes de la talla de Paolo Rocca de Techint (Don Chatarrín), no es solo un exabrupto del presidente Milei; es la declaración de guerra de un gobierno que confunde la eficiencia con el desierto productivo.
La desarticulación deliberada de la industria argentina
Un análisis crítico sobre la crisis estructural del sector fabril, el impacto de las políticas económicas actuales y el riesgo de un colapso productivo y social, en un escenario de recesión profunda, apertura indiscriminada y pérdida sostenida de capacidad industrial.
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Alerta en la industria electrónica y lumínica: cae la producción, crecen las exportaciones y las empresas apuestan a una cauta estabilidad en 2026
El Gobierno le declara la guerra a la Industria Argentina.
I. Radiografía del derrumbe: la metástasis de los números
La realidad cuantitativa es una bofetada al relato oficial. En noviembre, la industria argentina encadenó su quinta caída interanual consecutiva, registrando un retroceso del 6,1%. Esta debacle no es un evento aislado; coloca el nivel acumulado del año un 0,5% por debajo del ya magro 2024. La industria cerrará 2025 en retroceso por tercer año consecutivo, un hito de destrucción que preanuncia un 2026 de fractura social.
El eslabón roto: la metalmecánica y el sector automotriz
La metalmecánica, termómetro histórico de la salud pyme, presenta una caída acumulada del 3,1%. Pero el epicentro del desastre se sitúa en el complejo automotriz. En noviembre, el sector retrocedió un inverosímil 29,7% interanual. La producción de automóviles se desplomó un 50,8%, alcanzando apenas 13.000 unidades, el nivel más bajo desde la parálisis de enero de 2022. Este “crack” productivo ha forzado a gigantes como Stellantis a adelantar paradas de planta en Palomar y Ferreira, desnudando la inviabilidad del modelo bajo los actuales costos de reingeniería de negocios.
Sectores en caída libre y la ilusión de la mejora
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Químicos y Plásticos: la rama que mayor aporte realiza a la contracción industrial, con un hundimiento acumulado del 9,5%.
Papel y Celulosa: registra una merma del 5,2%.
Bienes de Consumo Durable: un retroceso del 5,6%, reflejo directo de la pulverización del salario real y el encarecimiento del crédito.
Insumos Textiles: tras un breve respiro, en noviembre volvieron a mostrar signos de agotamiento y retroceso.
II. La trampa exógena: Brasil y la apertura suicida
La estrategia de supervivencia se ve amenazada por una apertura comercial que no contempla la asimetría impositiva ni la falta de competitividad local. En el mercado de vehículos, la participación nacional es una sombra de lo que fue: hoy solo el 40% de los patentamientos son locales, mientras Brasil captura el 49%. La amenaza de los vehículos chinos, que podrían representar el 10% de las ventas en 2026, augura un tiro de gracia para las terminales locales.
La dependencia de Brasil se ha vuelto una soga al cuello. Las exportaciones hacia nuestro socio cayeron 29,2% en noviembre y acumulan una baja del 15,8% en el año. Con el Banco Central de Brasil manteniendo la tasa Selic en 15% para combatir una inflación que supera sus metas, la demanda de bienes durables argentinos ha desaparecido de su radar.
III. Construcción y alimentos: los líderes que se doblan
Incluso los sectores que sostuvieron cierta inercia están llegando al límite de su resistencia. Minerales no metálicos, aunque acumula un alza del 6,5%, vio cómo en noviembre su crecimiento se frenó al 1,3% (frente al 11,7% de octubre). Los despachos de cemento volvieron al terreno negativo, afectados por la parálisis de la obra pública y un mes corto en términos de días hábiles.
En alimentos y bebidas, el panorama es desolador para el consumo masivo. La rama de bebidas cayó un 7,1% en el mes, una cifra sintomática de la debilidad de la demanda de bienes no durables. La faena vacuna, con cinco meses de caída consecutiva (-9,2% en noviembre), confirma que incluso la proteína básica se ha vuelto un lujo inalcanzable para vastos sectores de la población.
IV. Conclusión: hacia el colapso socioeconómico
La situación es escalofriante. Desde febrero, la industria se encuentra en una recesión con una caída equivalente anual del 6,6%. Si bien el gobierno se aferra a una mejora desestacionalizada del 0,4% en noviembre como un brote verde, la realidad es que la difusión de la caída sigue siendo amplia y la incertidumbre, total.
La combinación de una inflación que, pese al ajuste, se sitúa en 2,8% para diciembre, un dólar planchado que fomenta la importación sobre la producción, y tasas de interés que imposibilitan la financiación PyME, es una receta para el desastre. Seguir tratando a los industriales con soberbia y burla, mientras las empresas cierran y los despidos masivos se naturalizan, es ignorar que el estallido social suele ser la respuesta a la asfixia económica. El riesgo de un cimbronazo sistémico es inminente; 2026 no será el año de la recuperación, sino el de la reconfiguración forzosa de una Argentina que ha decidido apagar sus máquinas.
La industria en general
La industria argentina atraviesa un proceso de desarticulación sin precedentes. Bajo el dogma de un tipo de cambio planchado y una bicicleta financiera que asfixia la inversión real, el sector fabril encadenó en noviembre su quinta caída interanual consecutiva. La pregunta que nos interpela como nación es: ¿Existe una voluntad deliberada de desmantelar el aparato productivo, o es la impericia de un gobierno que confunde estabilidad con parálisis mortuoria? La realidad es elocuente: la industria cerrará 2025 en retroceso por tercer año seguido.
Radiografía del descalabro: números que gritan
El relevamiento de FIEL arroja cifras escalofriantes: en noviembre, la actividad industrial registró un retroceso del 6,1% interanual. Este desplome coloca el acumulado de los primeros once meses de 2025 un 0,5% por debajo del mismo periodo de 2024. Mientras el Ejecutivo se mofa de los capitanes de la industria, el corazón metalmecánico de las PyMEs se desangra con una caída acumulada del 3,1%.
La asimetría sectorial es devastadora. El sector de químicos y plásticos, vital para las cadenas de valor, lidera la contracción con un hundimiento del 9,5%. Por su parte, la industria automotriz —antes orgullo nacional— registró en noviembre un derrumbe del 29,7%. Dentro de este bloque, la producción de automóviles cayó un inverosímil 50,8%. El nivel de producción —apenas 13 mil unidades— es el más bajo desde enero de 2022.
La parálisis no perdona a nadie. La producción de bienes de consumo durable registra una caída del 5,6%. Incluso los sectores “líderes” muestran un avance anémico: minerales no metálicos apenas creció 1,3% en noviembre, frente al 11,7% de octubre. En el rubro alimenticio, la faena vacuna retrocedió 9,2%, marcando cinco meses de caída y reflejando una crisis de demanda de bienes no durables que es sintomática de la erosión del salario real.
El laberinto de la recesión y la apertura indiscriminada
El gobierno de Javier Milei parece ignorar que detrás de cada punto de caída hay cierres de empresas y familias en la calle. Las expectativas para 2026 están teñidas de incertidumbre ante una apertura que amenaza con una competencia desigual. En el sector automotriz, los vehículos importados ya ganan terreno: solo el 40% de los patentamientos son nacionales, mientras que la amenaza de los vehículos chinos podría capturar el 10% del mercado en 2026.
La dependencia de Brasil, nuestro principal socio, se debilita. Las exportaciones totales cayeron 9,5% en once meses, y los envíos a Brasil se contrajeron 15,8%. Con una política monetaria contractiva en el país vecino y tasas Selic al 15%, la tracción externa será inexistente.
Conclusión: el riesgo de un cimbronazo social
La situación es límite. La industria se encuentra en una recesión desde febrero, con una caída equivalente anual del 6,6%. El desprecio gubernamental hacia figuras como Paolo Rocca —tildado despectivamente como “Mister Chatarrín”— no es solo un exabrupto retórico; es el reflejo de una falta de empatía que puede conducir a un colapso económico y social.
Con una inflación que en diciembre rozó el 2,8% pero en un marco de recesión profunda, el modelo de “dólar planchado” solo beneficia la especulación. Si no se revierte la falta de crédito y la asfixia tributaria, el 2026 no traerá recuperación, sino una reconfiguración forzosa donde solo sobrevivirán los sectores extractivos, dejando un cementerio de fábricas y un tendal de despidos. La historia juzgará esta ceguera ideológica.
Doctor en Ciencia Política. Master en Política Económica Internacional. Profesor de Finanzas en tiempos irracionales. YouTube: @DrPabloTigani, en X: @pablotigani




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