7 de junio 2005 - 00:00

La inflación en EEUU está bajo control

(El especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, el banquero de inversión de la película «Wall Street», considera que los mercados ya han dado el veredicto de que la inflación en Estados Unidos está bajo control. Si bien espera algún movimiento de la Reserva Federal en las tasas de corto antes de fin de año, no anticipa subas en las tasas de largo.)

La inflación en EEUU está bajo control
PERIODISTA: El «acertijo» de las tasas de interés se torna cada vez más insondable. El recorrido de las tasas de largo plazo -cayeron en picada en las últimas semanas- se aparta más y más de lo que describen los libros. Y ahora se sugiere que en las tasas cortas, la Fed se encuentra a un solo tiro de su objetivo de política monetaria neutral. ¿Es así?

Gordon Gekko: No. Lo que los futuros de tasas insinúan es que no hay una sola bala sino, como mínimo, dos, en el cargador de la Fed.


P.:
¿Cada una de ellas de un cuarto de punto de suba?

G.G.: Sí. Pero además se le asigna un 50% de probabilidades a un tercer ajuste antes que culmine el año. De ahí la lectura de 3,63% que está implícita en el valor del contrato futuro que expira el próximo 6 de enero.


P.:
El presidente de la Reserva Federal de Dallas dijo otra cosa. ¿No señaló, acaso, que la Fed está ya en la octava entrada del partido? No soy un experto en béisbol, pero es fácil averiguar que los encuentros se disputan con nueve carreras en total.

G.G.: Richard Fisher asumió en la Fed de Dallas el 4 de abril. Es un novato. ¿ Oficiará de vocero del pensamiento del Comité de Política de Mercado Abierto de la Fed? ¿Se habrá estrenado con una asignación tan sensible como adelantarles a los mercados que el proceso de suba de tasas está próximo a concluir? Mientras sea una voz solitaria, déjeme ponerlo en duda.


P.:
¿Quizá se fue de boca por impericia? No habrá medido bien la repercusión que tomarían sus dichos.

G.G.: No sería extraño.

P.: Sin embargo, ocupa un asiento en el Comité y estará allí a fin de mes, cuando se celebre una nueva reunión y haya que tomar una decisión. Tendrá voz y voto todo el año.

G.G.: Eso es correcto. Haga de cuenta, entonces, que ya conoce una de las doce posiciones. Pero volviendo a sus palabras, recuerde que en el béisbol, cuando el encuentro está igualado, hay turnos extra de lanzamiento. El partido no acaba allí. Fisher tampoco negó esa posibilidad.


P.:
¿Cómo influye en la Fed, si es que lo hace, el hecho de que las tasas de largo plazo se empecinen en bajar pese a toda la verborragia alcista que utilizó Greenspan tanto a fines del año pasado como a mediados de febrero?

G.G.: La Fed maneja las tasas cortas. Los inversores deciden las tasas de largo plazo. Son los dos extremos de la curva. Hay un tópico, sin embargo, que constituye un área de interés común: el derrotero de la inflación. Los bonos del Tesoro son a largo plazo y no tienen ninguna cobertura contra la pérdida de poder adquisitivo que genera la suba de precios. Y por ello son un excelente barómetro para las expectativas de inflación.


P.:
La Fed se ha referido, en distintos comunicados, a esas expectativas.

G.G.: Están muy bien «ancladas», a juzgar por el comportamiento de los bonos del Tesoro. La credibilidad de la Fed es óptima. La inflación a corto plazo está trepando luego de una inyección masiva de estímulo fiscal y monetario aplicada -a mansalva- entre 2001 y comienzos de 2004. El petróleo se ubica en niveles nominales récord, igual que los commodities. Los costos laborales unitarios -declinantes todos esos años- ahora se elevan deprisa. O sea, se detecta una efervescencia en los precios en el corto plazo y, sin embargo, los bonos no se perturban.


P.:
Y en las últimas semanas, contrariando los consejos de Greenspan, los bonos se fortalecen.

G.G.: El mensaje es clarísimo: en el frente de precios, las escaramuzas no cesan y, mas aún, se multiplican, pero el veredicto de los mercados es que se ha ganado la guerra.


P.:
Tal vez sea porque la economía se está deslizando hacia una recesión.

G.G.: Los bonos han subido con marcada vehemencia a la par de que la hipótesis del «soft patch» -la idea de un «bache» en el crecimiento- se ha retirado con rapidez de escena. Y, en rigor, el «acertijo» de las bajas tasas de largo plazo no es reciente. El año pasado convivió en armonía con una economía que se expandió 4,4% en los EE.UU. (y al ritmo más vibrante desde principios de los '70, si se repara en la economía global).


P.:
Esto permite pensar en una Fed que no empujará tanto las tasas de corto plazo.

G.G.: No tengo dudas.

P.: Pero si las tasas largas no suben, la burbuja inmobiliaria estará lejos de amainar.

G.G.: No será el primer sapo ni la primera burbuja que la Fed tendrá que tragar. Lamentablemente, rige la ley de Tinbergen. Si usted está equipado con una única arma no puede, a la vez, apuntarles a dos blancos distintos. La idea de Greenspan era hacer una carambola, subiendo las tasas cortas para que impulsen también a las largas y moderen la fiebre inmobiliaria. Pero no funcionó. Le queda el consuelo de pensar que si las expectativas de inflación son correctas, es lógico pensar en precios de inmuebles más elevados que en el pasado. Aunque en algunos casos no hay modelo conocido que justifique la apreciación de los últimos tres años.

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