La Matanza avanza en un desborde eclesial: Fe y política transforman la marginalidad

Opiniones

Los 50 años de "descarte" se están transformando por una comunidad que se organiza en una fe revolucionaria. La política ahora lo entendió. Se viene entrega de escrituras y urbanización.

“Ladrillo por ladrillo. Compañeras con compañeros. Familia con Familia, ayudándose”. La cita textual pertenece al mensaje navideño del Papa Francisco del 2020. En ese discurso, pidió por la urbanización de Puerta de Hierro y San Petersburgo, que ahora en los últimos tiempos avanzó desde lo legal y organizacional para que se concrete.

La estación Villegas frente al barrio Puerta de Hierro, en San Justo, era zona liberada para la marginalidad y el narcotráfico. Desde que la Iglesia católica logró su primer cura villero nacido en una villa, el Padre Bachi fallecido por Covid, fue el inicio de un proceso de transformación que viene hace cinco años engendrando un desborde eclesial-social que los grandes medios de comunicación aún no saben, o les resulta indiferente visibilizar.

En la década del ’70 la dictadura militar no tuvo mejor idea que erradicar las periferias, las villas miserias, los ranchos de los pobres. Fue el caso de la villa en el barrio de Belgrano, cerca del estadio de River Plate. Las familias terminaron en La Matanza. Allí, en Villa Palito se crió el niño paraguayo que fue monaguillo y llegó a sacerdote: el recordado “Bachi”, que siendo uno de los descartados de la renaciente democracia nunca olvidó su origen. Se hizo religioso para ayudar en la organización comunitaria y desde allí poder transformar la realidad matancera con una fe profundamente revolucionaria. Una palabra que el Papa Francisco explica no debemos temer en decirla porque es la transformación de una realidad sufriente y dolorosa para gran parte del pueblo.

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Ante la zona liberada en La Matanza, el distrito más poblado y grande del conurbano bonaerense, la presencia de las organizaciones del mal se adueñaron de los barrios levantados por los villeros erradicados de la Capital Federal.

La presencia del mal se generó con bandas de marginales armados para la distribución y venta de drogas. Los pasillos de las villas se tapiaban, las familias se enrejaban en sus casas, los colectivos que no frenaban en muchas paradas, el tren que llevaba adictos de todo el Conurbano y Capital a profundizar las llagas de su dolor. Pero ese panorama cambió lentamente.

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“El Tano llegó y abrió el cielo”. Así lo explicó Paula, una doña matancera y religiosa, que en medio de una charla con Luisa y Ana, otras dos amigas, misioneras de la Virgen de Luján y San José y devotas del Rosario, cuenta la historia del Tano. Allí, hablaron de cómo era vivir en el terror de la delincuencia y la transformación posterior que inspiró el sacerdote nacido en el barrio porteño de Villa Crespo hace 37 años, Nicolás "Tano" Angellotti, quien se hizo cura por misionar de adolescente entre el pueblo fiel de Dios en la Villa 21/24, con el pastoreo del Padre Pepe Di Paola.

“Las obras. No sólo la fe”. Me agrega la doña en la parroquia San José, delante de la imagen de la Virgen de la Esperanza, como se llamaba antes cuando era capilla.

Desde hace cinco años las obras traccionadas por la comunidad que encabeza el cura villero Tano, gracias a las donaciones que gestiona Cáritas o el dinero enviado por el Papa, como fondos nacionales y provinciales, transformaron esos inmensos terrenos baldíos. Ahora, las obras se profundizan, ya que la Legislatura porteña votó días atrás el traspaso de tierras propiedad del Instituto de la Vivienda (IVC) a la provincia de Buenos Aires, mientras que el municipio de la Matanza aceptó condonar la deuda impositiva.

San José, un sueño matancero

Con esas decisiones políticas, ya está todo listo para iniciar la urbanización de los barrios precarios de Puerta de Hierro y San Petersburgo. Es inminente la realización de la entrega de escrituras de los barrios 17 de Marzo y 17 bis por parte del gobernador, Axel Kicillof, como el intendente, Fernando Espinoza.

El desborde eclesial-social mantancero puso a la comunidad en el centro. El protagonista no es uno solo, un héroe, es la herocidad de un conjunto que tiene una Fe activa y alegre, que no espera como ocurre con el derrame, donde uno es pasivo, ve que cae de arriba y pelea con sus hermanos para manotear algo para sobrevivir. En La Matanza católica los de abajo se movieron unidos y, entonces, los de arriba activaron. La periferia conmovió al centro.

Nunca dejaron la fe y la obra, no esperaron. Directamente, lo hicieron. Esto se ve solo con ir al territorio o pasar por avenida Crovara, donde se han levantado escuelas primarias, secundarias, jardines, centros de salud y hasta hogares de recuperación de las adicciones, drogas o alcohol, que han alcanzado más de mil personas.

La urbanización por parte del gobierno provincial no será fácil. Las cientos de familias matanceras heredaron la desconfianza en los “políticos”. Son la quinta generación de argentinos expulsados. Están esperando por esto hace 50 años.

El techo y la lucha contra las drogas fue un pedido del veterano cura villero Lorenzo “Toto” Vedia delante de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en el encuentro con curas villeros, tras el milagro del fallido magnicidio. Cristina conoce de la realidad matancera por su propio hijo. Como se viene contando en este espacio de Ámbito, Máximo Kirchner acompaña y alienta el desborde eclesial-social mantancero.

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La dirigencia del peronismo se re-unge

“Ungimos repartiéndonos a nosotros mismos, repartiendo nuestra vocación y nuestro corazón. Al ungir somos re-ungidos por la fe y el cariño de nuestro pueblo”, enseña el magisterio del primer Papa argentino y jesuita.

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La dirigencia eclesial también se re-unge en Matanza. Lo demostraron cuando el sábado 24 de septiembre pasado, por primera vez, se consagró en sus votos perpetuos una religiosa junto al pueblo de las barriadas matanceras. La peregrinación, con una decena de monjas del pueblo, salió desde la parroquia San José hasta el Polideportivo San José. Se dejó la catedral en el centro del municipio para realizar la santa misa en la periferia.

Los pobres llenaron con su fe y alegría una ceremonia de consagración de la joven religiosa. Colgaron una gran bandera amarilla con el lema: “Ni un pibe menos por la droga”, otro gran trapo era la bandera argentina, más la banda musical, el almuerzo y las tortas que se compartieron como el saludo de la paz y las ostias.

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