Envejecer implica transformaciones en la composición corporal, la disminución del gasto energético y, con frecuencia, también de la actividad física. A esto pueden sumarse cambios en el apetito, el gusto, la dentición o la capacidad para preparar los alimentos. Sin embargo, estos cambios no tienen que justificar la pérdida de fuerza y autonomía en los adultos mayores. En este Día Internacional de las Personas Mayores, debemos cambiar la mirada sobre la fragilidad y la pérdida de funcionalidad como consecuencias inevitables del paso del tiempo.
La nutrición como aliada de la fuerza y la autonomía: envejecer no significa perder la independencia
La alimentación, el ejercicio y el cuidado de la masa muscular son claves para prevenir la fragilidad y sostener una vida activa durante la vejez. La detección temprana de cambios en el peso y el apetito permite preservar la funcionalidad.
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Los datos no son el problema
La importancia de la nutrición para mantener la fuerza durante la vejez.
Aunque las necesidades energéticas pueden disminuir con los años, se mantiene la necesidad de una alimentación con alta densidad nutricional, con nutrientes de alta calidad en volúmenes adecuados para cada persona. En este contexto, preservar la masa muscular, la fuerza y la funcionalidad es uno de los principales objetivos. Las proteínas tienen un rol central: no solo importa alcanzar un requerimiento diario adecuado e individualizado, sino también distribuirlas a lo largo de las distintas comidas del día. A esto se suma la práctica de ejercicio, especialmente de fuerza, y el aporte de vitamina D y calcio, indispensables para la salud ósea y muscular.
Qué es la fragilidad y cómo prevenirla
Cuando la ingesta disminuye y se pierde masa muscular o peso de forma involuntaria, puede aparecer la fragilidad. Este síndrome geriátrico reduce las reservas fisiológicas y vuelve a la persona más vulnerable frente a situaciones de estrés, como una enfermedad o una cirugía. En la vida cotidiana, puede traducirse en mayores dificultades para caminar, subir escaleras, hacer las compras o realizar otras actividades de manera independiente. Por eso, hablar de nutrición es también hablar de autonomía.
Prevenir estas situaciones también implica prestar atención a hábitos cotidianos: asegurar una correcta hidratación, sostener una alimentación regular, completa y variada, y estar atentos a los cambios en el apetito. La pérdida de peso no buscada nunca debería considerarse una consecuencia normal del paso de los años. Ante las primeras señales de alarma, la evaluación profesional es indispensable.
La importancia del seguimiento nutricional
Cuando una enfermedad aguda, una cirugía o un cuadro crónico hacen que la alimentación habitual resulte insuficiente, el primer paso es evaluar el estado nutricional e identificar las causas para establecer un plan individualizado. Según cada situación, puede recurrirse al asesoramiento nutricional, a la modificación de los alimentos y, cuando existe indicación clínica, a suplementos nutricionales orales. La recuperación tampoco termina necesariamente con el alta: muchas personas regresan a su domicilio necesitando recuperar peso, masa muscular y funcionalidad, lo que requiere continuidad y seguimiento.
En el marco del Día Internacional de las Personas Mayores, vale la pena recordar que el objetivo final no es simplemente alcanzar un número en la balanza. Es preservar la fuerza y la capacidad funcional necesarias para que cada persona pueda seguir decidiendo y disfrutando de su día a día con independencia.
Medical & Nutritional Science Head Adults & Niche en Danone Argentina.
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