20 de agosto 2023 - 00:00

La relación entre los nietos y los abuelos: ¿quién aprende de quién?

¿Qué es un abuelo para un nieto?  ¿Qué es un nieto para un abuelo?

¿Qué es un nieto para un abuelo?

¿Qué es un nieto para un abuelo?

Freepik.

Entiendo que para un niño un abuelo es entre muchas cosas, un océano de aventura hacia el pasado, hacia los orígenes, y así, hacia el acervo cultural al que advenimos (no puedo dejar en este punto de testimoniar lo dicho, toda vez que evoco las historias contadas por mi abuelo de sus vicisitudes de inmigrante, de remotas leyendas y de ¡con qué disfrute y emoción esperábamos sus nietos aquellos relatos!); es una referencia a la parentalidad donde la corriente tierna se ve menos interferida por la corriente sensual.

La circulación del afecto en ese sentido está menos infiltrada de ambivalencia, y permite efectos si se quiere muy reparadores a nivel emocional; es asimismo y en relación a lo precedente, la posibilidad de complicidad y juego menos interferida por la normatividad parental. En tal sentido funciona como un termostato del superyó parental.

Los padres en su función educativa son menos flexibles a la hora de imponer límites. En cambio los abuelos, menos abrumados por el carácter directamente normativizante, pueden “jugar” muchas veces de modo más versátil, sin que por ello haya peligro de omitir está función que está relegada más específicamente a los padres de aquellos; es también, por estas cuestiones, la posibilidad de apelar a ellos, muchas veces como moduladores de las ansiedades que despierta la relación padres-hijos tensada por dicha cuestión educativa; es la posibilidad del nieto -en contrapartida de lo que toma de ellos- de exhibir la novedad (mucho más aún hoy, en un mundo donde la tecnología se nos presenta como vertiginosa), al tiempo que de transmitirla y enseñarla.

En tal sentido, el niño puede experimentar la posibilidad no sólo de experimentarse como niños jugando con los abuelos, sino un poco “padre” de esos “abuelos-niños” a los que puede enseñarles, sorprenderlos y experimentar orgullo ante la respuesta agradecida de estos.

Luego, ¿qué es un nieto para un abuelo?, creo que entre muchas cosas: el nieto, fruto del fruto remite a la maravilla de la arborescencia y de la proyección más allá de la sabida finitud personal. Esto, a mi juicio, permite la elaboración de la idea de muerte otorgando la posibilidad del orden de la trascendencia y la continuidad; permite la posibilidad -dada la perspectiva del tiempo, del aprendizaje habido y de la mayor aceptación de la finitud- de relacionarse con el nieto, desde un lugar de transmisión no ya estrictamente normativizante, sino más lúdico y distendido. Forma parte de lo que he denominado superyó trófico; conjuntamente con lo anterior, este vínculo ofrece enormes posibilidades reparadoras, especialmente para el abuelo.

El consabido refrán atribuido a nuestro preciado Ringo Bonavena, que reza: “La experiencia es un peine que te regalan cuando te quedas pelado”, tiene aquí una plena aplicación, pero en sentido plenamente benigno. Así, la relación con el nieto ofrece la posibilidad de, si se quiere, de una rectificación emocional respecto de lo que en el vínculo con los hijos se ha proyectado y que pertenece al universo de lo no resuelto con sus propios padres; por todo esto, constituye una gran oportunidad para esos abuelos, de reelaboración de la propia infancia, regada ahora a través de lo lúdico, de lo inédito y de la circulación afectiva en una atmósfera menos comprimida por los avatares de la existencia.

Los padres de los padres están presentes como lo han observado diversos autores –entre ellos por ejemplo Maud Manoni o Francoise Doltó- en las proyecciones que estos últimos desplegarán de modo inevitable e inconsciente sobre sus hijos. Lo no resuelto, lo interferido en aquella vincularidad, sin duda, se hará presente de una u otra manera de modo sintomático en los hijos, del mismo modo que la disposición a un vínculo fecundo con los mismos estará signado por la gratitud hacia aquellos padres. Ser padres es en tal caso, recoger el guante de la identificación a ellos y recrear lo recibido en los hijos. De ahí que siempre he dado, en las primeras entrevistas con padres y niños, un gran importancia a que se me hable de los abuelos del niño.

,Esto introduce el problema de lo que llamaría la "sucesión transgeneracional" y solidariamente con ello, la cuestión del legado emocional; si se quiere al decir del historiador Yuval Noah Harari, de la "red de sentido" en el que se desarrolla la historia humana. Se trata en suma, de ese sentimiento fundamental en la construcción de la identidad, al que Donald Winnicott aludió en el concepto de “continuidad existencial”. ,

De este modo, creo que la relación abuelos-nietos permiten establecer un puente sumamente interesante donde existe la oportunidad de conectar con la idea de trascendencia. Así las cosas, entiendo que la relación abuelos y nietos constituye un canal -potencialmente fecundo- de sublimación enorme, dado que tiene que ver con el saber abierto, con la incógnita de lo que nos trasciende hacia el pasado y el futuro, y que renueva la búsqueda que impone toda castración simbolizante, o sea, el reconocimiento trófico de nuestra incompletud como humanos.

Psicólogo clínico. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Miembro integrante del Departamento de Niñez y Adolescencia de APA. Autor de diversos trabajos y de los libros: Dialogando con Ana Frank. Acerca de la adolescencia. Ed. Milá, Buenos Aires, 2014. Acerca de la felicidad. Del placer al bienestar. Ed. Letra Viva, Buenos Aires, 2020.

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