27 de octubre 2004 - 00:00

"Lo contrario sería la convertibilidad"

Oscar Lamberto, legislador porteño que intervino tanto en el nacimiento como en la muerte del régimen de convertibilidad, consideró ayer que el fallo de la Corte Suprema sobre pesificación de depósitos es la única vía posible.
Oscar Lamberto, legislador porteño que intervino tanto en el nacimiento como en la muerte del régimen de convertibilidad, consideró ayer que el fallo de la Corte Suprema sobre pesificación de depósitos es la única vía posible.
P ara el peronista Oscar Lamberto, el fallo pesificador de la Corte Suprema conocido ayer está absolutamente en línea con la idea que tuvo el equipo económico en origen sobre las consecuencias de la salida de la convertibilidad: «Es un final en línea. No me imagino un fallo al revés.

Sería volver a la convertibilidad»,
dijo a este diario. Ahora diputado nacional, Lamberto fue protagonista tanto del nacimiento de la Ley de Convertibilidad como de su muerte. Fue el miembro informante de la ley en abril de 1991, como presidente de la Comisión de Finanzas y cumplió ese mismo rol en enero de 2002 desde el Senado como jefe de la Comisión de Economía, pero, esta última vez, para votar la Ley de Emergencia Pública que dispuso la devaluación. Y fue el primer secretario de Hacienda de Eduardo Duhalde cuando Jorge Remes Lenicov ocupó el Ministerio de Economía, justo en el momento en que se tomaron todas las decisiones sobre la pesificación.

Periodista:
¿Qué idea tenían en enero de 2002 dentro del equipo económico sobre las consecuencias futuras de la pesificación?

Oscar Lamberto: La salida de la convertibilidad fue un proceso que se instrumentó a través del proyecto de emergencia pública. Ahí se fija el primer parámetro de u$s 1 a $ 1,40. Se decidió también no derogar la Ley de Convertibilidad y mantener vigentes los artículos que establecían que las reservas son garantía de la base monetaria. Ese fue el arranque, pero después empezaron a aparecer otras consecuencias.


P.:
¿Cómo cuáles?

O.L.: El 1,40 fue pensado sobre la base de que ésa era la paridad de una canasta de monedas, euro, dólar y real, con el peso. Al principio, recordemos que existió un doble mercado de cambio: el oficial, a $ 1,40; y el mercado libre, a algo más. A lo largo del primer mes de la salida de la convertibilidad, hubo una serie de conversaciones con el FMI: nos decían que estaba bien haber salido del sistema, pero presionaban por la unificación del mercado cambiario. Fue una serie de hechos que en la práctica llevaron las cosas a terrenos que en el plan inicial no estaban previstos.


P.:
¿Cómo cuáles?

O.L.: Teníamos una política fiscal muy dura, casi sin adelantos del Banco Central al Tesoro y sólo disponíamos del «banquito» de los LECOP para pagar los sueldos. Hasta ahí, la situación parecía controlada. ¿Qué hacía el Banco Central? Daba la plata y esterilizaba con las Lebac y el tipo de cambio. Eso, combinado con dureza fiscal, hizo que todo no se fuera a precios. El problema es que el dólar comenzó a subir cuando empezó a salir la plata de los bancos por la entrega de bonos, por usar los fondos para compras o mediante los amparos. Ahí se dispara la gran devaluación. Si no hubiese ocurrido eso, seguramente el tipo de cambio nunca hubiera llegado a tres pesos.


P.:
¿No existía una forma distinta de hacerlo? Siempre se catalogó al menos de desprolija a la devaluación.

O.L.:Yo creo que no había. Las situaciones interactuaban. Si se hubiera hecho con u$s 30 mil millones de reservas, habría habido más margen de maniobra. Pero, con u$s 9.000 y abandonados por el mundo, no había mucho que hacer.


P.:
¿Qué se decía en ese momento sobre el futuro de los depósitos?

O.L.: Hubo más de una discusión sobre la pesificación. No había dudas de que los depósitos debían hacerse a $ 1,40 más CER. Se les estaba dando a los ahorristas más de lo que tenían, porque se pensaba que el dólar no podía irse mucho más arriba de 1,40.


P.:
Pero ése no era el único problema para resolver...

O.L.: No, por otro lado, estaba la presión por los pasivos de empresas. Esa discusión se dio tiempo después. Mientras estaban seguros de cómo sería la salida de depósitos, no se sabía cómo sería la de las deudas.


P.:
¿Usted está de acuerdo con la solución de la Corte Suprema?

O.L.: Es la etapa final de algo inevitable. Cuando estalló el sistema, había u$s 9.000 millones de reservas para u$s 80.000 millones de depósitos. Si no hubiera existido la pesificación, habría cobrado sólo 10%. Pero hay algo que recordar: no fuimos los únicos. La nuestra fue una copia criolla de la salida de los EE.UU. de la garantía de depósitos con cláusula oro, bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. Fue un proceso que duró 10 años, con 30 millones de desocupados. Incluso, tuvo que cambiar la Corte Suprema y elevarla a 9 miembros para que le votaran la constitucionalidad de esa salida.


Entrevista de Rubén Rabanal

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