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Actualmente, más de 50% de los depósitos en pesos es a la vista. La comprobación efectuada a partir del tequila, de que en las crisis los depósitos transaccionales son más estables que los plazos fijos, no es confort suficiente para los bancos para basar en ese fondeo financiamiento a plazos mayores. Sin mencionar que --atenuada para los bancos que ingresaron en el sistema de «matching»- la exposición al sector público como resultado de las reestructuraciones y de los bonos compensatorios, consume parte importante de la propensión de los bancos a descalzar plazos.
Los plazos fijos tienen un plazo promedio de sólo 40-45 días, y una parte sustancial es de inversores institucionales, más volátiles. Y aun en períodos de estabilidad, como 1997/1998, los plazos fijos en la Argentina han sido de corto plazo, como respuesta del público a la volatilidad de la economía y al recurrente maltrato de la cultura de ahorro.
Las principales fuentes del fondeo largo de los '90, que eran las líneas financieras del exterior y los bonos, han continuado reduciéndose y, aunque volverán -en parte por haber sido el financiero uno de los sectores de mejor cumplimiento con el exterior-, tardarán en reaparecer.
• Riesgo de tasas
Los bancos han mostrado, sin embargo, alguna disposición a prestar a mediano y largo plazo. Pero, dado el corto plazo de los depósitos, se presenta el riesgo de tasas, por lo que sus ofertas de créditos largos son a tasa de interés variable o ajustables por el índice de precios.
De igual modo, la ampliación del plazo de los depósitos o la generación de otro fondeo de mayor plazo -por ejemplo, los anunciados bonos indexados para las AFJP-también requiere ofrecer a los inversores tasas de interés variables o cláusulas ajustables, por lo que los bancos requerirán de los demandantes de crédito las mismas cláusulas.
Pero es dudosa la propensión de empresas e individuos a endeudarse a tasa variable o por ajuste de precios, dada la alta volatilidad de los mercados en la Argentina. En particular, dado el rezago que tiene el nivel de precios de los servicios, que ponderan fuertemente en los precios al consumidor, cualquier productor de bienes consideraría doblemente riesgoso endeudarse con ese ajuste.
El único demandante de crédito indexado ha sido el sector público, al pesificar los préstamos garantizados y entregar BODEN y otros títulos ajustables. Los bancos, tenedores de esos activos, podrían estar interesados en captar depósitos ajustables por precios para «hedgear» (tener una cobertura) sus libros (aunque actualmente es menos costoso financiarse a tasa nominal), pero difícilmente encontrarán demanda privada de crédito indexado.
Los depósitos en moneda extranjera son por naturaleza semejantes a un depósito con cláusula ajustable, pero luego de la crisis han virtualmente desaparecido. Sin embargo, dado el elevado tipo de cambio real vigente, podría ser más conveniente para una empresa -aun productora de no transables-o para un individuo endeudarse en dólares que en pesos indexados por precios.
• Propuestas
Aunque son claras las dificultades para que se prolongue el plazo de los depósitos a tasa fija, que permitirían limitar el riesgo de liquidez y adaptarse a la demanda de crédito, es posible generar algunas propuestas.
La primera es estimular la complementación entre bancos y mercado de capitales, con los primeros utilizando sus redes y capacidades de administración de riesgos para generar créditos, que luego descargarían en el segundo. Esto resuelve el descalce de plazos, pero la disponibilidad de crédito seguirá a tasa variable o en condiciones ajustables, como lo muestran los últimos fideicomisos, que han debido pasar a tasa variable para captar inversores.
La segunda es facilitar el desarrollo de certificados de depósitos transferibles, apoyados en su liquidez por la actuación de los bancos como «market makers», de modo que los depositantes estén dispuestos a prolongar plazos con la expectativa de poder hacerse de liquidez en cualquier momento.
Tercero, debe instrumentarse un mercado de derivados de tasas de interés que permita a los distintos actores de los mercados financiero y de capitales poder «hedgear» posiciones y ordenar sus libros de activos y pasivos en la forma que sus expectativas y propensión al riesgo sugieran.
Finalmente, reitero la propuesta que desarrollé en varias notas durante 2002/ 2003, de habilitar un segmento de captación de depósitos en dólares bajo ley extranjera, con la obligación de los bancos de prestar esos recursos a tomadores argentinos, pero también bajo ley extranjera.
Competiría con la banca offshore pura -que se traduce en salida de fondos que no se aplican a créditos en el país-, así como con la banca onshore en dólares, que se aplica a créditos en el país, pero, al operar bajo ley doméstica, puede desestimular a un segmento importante de depositantes.
Y también sería conveniente considerar que los bancos puedan limitadamente prestar en dólares a tomadores con ingresos en pesos, sujetando esos préstamos a un requisito adicional de capital, que podría a su vez ser creciente a medida que el tipo de cambio real fuera menor.
(*) Economista jefe Banco Banex




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