El escenario que miran los expertos para las inversiones globales

Opiniones

Los inversores se enfocaron en países centrales más que en emergentes, que siguen siendo materia pendiente en los mercados.

En un mundo postpandemia de menores restricciones y vacunación masiva, se reforzó la expectativa de una tasa de crecimiento del PBI real de los países desarrollados (en especial EE.UU.) que apunta a un 5,2% para este año y 4,0% para el que viene. En China la reacción alcista que tuvo -cuando todos entraron en recesión en el segundo trimestre del año pasado- seguirá este año (+7,9%) pero con claros signos de desaceleración en estos últimos dos trimestre y un magro crecimiento para el año que viene, además de una burbuja inmobiliaria que empezó a tambalear y múltiples restricciones a empresas de tecnología. Latinoamérica tendrá un rebote parcial y tampoco será buena la tasa de crecimiento del año que viene.

La fortaleza del dólar se fue afianzando este año expectativas de suba de tasas de interés en EE.UU. para septiembre (o noviembre con más probabilidad) del año que viene, a diferencia de otras regiones como Europa en el que ese escenario luce mucho más distante.

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Por otro lo anterior los inversores se enfocaron en países centrales más que en emergentes, que siguen siendo materia pendiente en los mercados. Aconsejo mirar oportunidades pero seguir enfocado en los países centrales. El contexto internacional para los emergentes dejó de soplar como un viento de cola, al menos como lo hizo hasta mediados de año, a excepción de algunos productos como petróleo y algunos metales industriales con una fuerte recuperación.

Presiona sobre la inflación el petróleo en nuevos máximos de muchos años, pero la soja borró toda la suba y está negativa en el acumulado del 2021 por sobreoferta de EE.UU. y un dólar más fuerte, y aumentan las tasas de interés de mercado, algo inevitable a la luz de las altas cifras de inflación interanual: +5,4% minorista y 8,6% mayorista en EE.UU. como hace muchos años no se veía y un precio del petróleo por encima de los 80 dólares el barril de WTI que está dando de qué hablar y retroalimenta los niveles de precios.

La crisis energética se originó por la salida de funcionamiento de muchas usinas a carbón, además varios cuellos de botellas en la provisión de gas natural que se suman al cartel ampliado de la OPEO con Rusia, lo cual promete seguir fogoneando los precios de los combustibles, de un lado y del otro del Atlántico (en Alemania no se observaban precios mayoristas tales desde 1974 y minoristas desde 1993).

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A todo lo anterior hay que hablar de un desinfle de la burbuja inmobiliaria china y una desaceleración de la actividad económica en la segunda economía mundial con directo impacto en los commodities (a excepción de hidrocarburos). Con valuaciones de mercados bursátiles elevadas por cualquier múltiplo de valuación que se tome, los mercados se encuentran a la espera del anuncio de Tapering de la Fed y la expectativa de que las tasas de referencia de la Reserva Federal suban en el cuatro trimestre del año que viene (43,9% de probabilidades para septiembre). La pandemia dejó un fuerte aumento en los déficits fiscales y deudas soberanas, pero que encontraron financiamiento con creces a tasas de las más bajas de la historia y dinero casi infinito por la emisión de los bancos centrales para enfrentar la salida de la pandemia.

Pero sobran motivos como para pensar que si bien lo mejor quedó atrás, no hay razones para que los mercados se derrumben, en parte por la gran sobreoferta de dinero que seguirá habiendo en los mercados, el retorno a la senda del crecimiento de todos los países, buenas temporadas de resultados corporativos en los principales países desarrollados y un factor decisivo: las tasas de interés siguen siendo muy negativas en términos reales (descontándole la inflación) y el dinero va en busca de alternativas de inversión agresivas para obtener rendimientos que al menos los protejan de la pérdida de poder adquisitivo por la inflación.

Hay que ser selectivos porque los bonos en dólares soberanos largos de países emergentes o de empresas se encuentran teñidos de una elevada cuota de riesgo de duration, es decir de la sensibilidad a la tasa de interés de referencia en los mercados, que apunta a cerrar el año alcanzando nuevamente su máximo reciente. El riesgo de default, incluso en los bonos de elevado retorno sin grado de inversión, ha ido reduciéndose fuertemente hasta valores insospechados un año atrás.

Por sectores nos gustan tecnología, bancos y real estate, además de consumo discrecional.

Hasta aquí los mercados bursátiles se las ingeniaron para sortear las complicaciones por China, la inflación en EE.UU. y Europa, y la desaceleración económica de la mano de una mejor temporada de resultado. Además de las elevadas valuaciones relativas por múltiplos. Pero el riesgo medido por el VIX bajó hasta la zona de 16% y se va disipando.

Los inversores analizan la sospecha que la Reserva Federal podría comenzar a reducir su programa de compra de bonos a mediados de noviembre. Pero sin noticias todavía aún del tapering. Se suma un auspicioso debut de la temporada de resultados del S&P 500, en especial de los sectores de Financieras, Consumo Discrecional, Tecnología y Consumo básico, que ya comenzaron a reportar sorprendieron positivamente respecto a lo esperado.

Además se dieron señales positivas en la política norteamericana para aprobar los planes de asistencia pendientes, aunque el techo de la deuda aún es un tema aún no sellado.

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