Pospandemia: ¿Cómo salir de la crisis?

Opiniones

Estamos en una etapa de crisis sostenida donde la abundancia de capitales del mundo está evaluando el comportamiento de las economías regionales, pero sabemos que el camino al éxito está plagado de problemas y requiere de una combinación de soluciones políticas pragmáticas pero integrales.

En 2018 Argentina fue elevada a la categoría de “mercado emergente” dejando de ser un país “fronterizo”, lo que auguraba una etapa de mayor y mejor acceso al crédito internacional. Si bien la noticia era buena, alertamos al respecto ya que el efecto de la recategorización no era inmediato y dependía de que nuestros gobiernos hicieran bien los deberes.

Pero eso no ocurrió y luego llegó la pandemia que produjo parálisis e incertidumbre en todo el mundo y donde los países, con diferente capacidad de reacción acorde a sus fortalezas, se vieron obligados a buscar estrategias que les permitieran recuperarse de la inconmensurable tragedia. En esa capacidad de reacción, pudimos observar diferentes comportamientos, especialmente en los segmentos de países en desarrollo, emergentes y pobres.

Sabemos que en las categorías más bajas se presenta mayor complejidad ya que se agrega el problema de la deuda acumulada y la necesidad de acceso a nuevos créditos, por lo cual es imprescindible diseñar soluciones integrales para enfrentar las debilidades en conjunto, que por supuesto, fueron agravados por la crisis Covid-19.

Esto explica porque la magnitud del desafío es enorme ya que implicará más de 4 billones de dólares solidarios y de emergencia, que deben ser aportados por múltiples fuentes, como los bancos multilaterales de Desarrollo, el FMI, instituciones como el BM, BID, CAF, BCIE así como los gobiernos y los privados. Obviamente, para poder realizarlo, es necesario diseñar un plan para capitalizar estos organismos y que puedan hacer frente al desafío que persistirá por largo rato.

Sobre el problema del endeudamiento de los países, hubo avances con la suspensión de los servicios de deuda oficial para los más desprotegidos, que tal vez sea necesaria también para algunos emergentes, siempre que demuestren responsabilidad y planificación real a futuro asegurando sostenibilidad.

Referido a Latinoamérica, la mayor parte de sus economías son emergentes y para ellas el financiamiento del sector privado es fundamental. Pero la crisis pandémica produjo una impactante fuga de capitales que el FMI estimó en más de 100 mil millones de dólares, produciendo un violento derrumbe de los mercados financieros. Por ello rápidamente salieron al rescate la Reserva Federal de USA y los bancos centrales europeos para estabilizar y recuperar los mercados de valores, lo que permitió, con diferente velocidad según el país y las medidas adoptadas, el financiamiento privado hacia las economías emergentes se animara con diferente impacto acorde al tipo de instrumento, como acciones y bonos.

Respecto a los Fondos de Inversión de los países desarrollados, la evolución de la emergencia hizo que prestaran nuevamente atención al mercado de bonos públicos y privados regionales ya que atraían con rendimientos superiores a los de las economías maduras, generando un panorama atractivo para el financiamiento de la recuperación.

Pero en Latinoamérica esta reactivación fue aprovechada en forma muy desigual ya que depende del profesionalismo, seriedad y credibilidad de sus gobiernos, liderando el proceso países como Chile, Perú, Panamá, México, Paraguay, Colombia y Brasil, y quedando más relegados Argentina, Ecuador y Venezuela. Por supuesto que a la hora de las inversiones el riesgo pospandemia aumentó pero la baja de la tasa de interés de los títulos del Tesoro de EEUU actúa como amortiguador, elevando los rendimientos de los bonos de las economías emergentes así como sus índices.

Sobre el problema de los países pobres y endeudados, se deberían segmentar y estudiar en detalle los diferentes casos con la ayuda y supervisión de las instituciones internacionales de crédito, reprogramando las amortizaciones de deuda y con pagos de intereses a los administradores de los programas, logrando así un círculo virtuoso que permita obtener fondos frescos para las necesidades que denuncia la pandemia y para la etapa post. Luego, terminada la emergencia, esos países deberían honrar su palabra y cumplir con sus compromisos.

Pero también sabemos que estas reprogramaciones plantean problemas que fundamentalmente radican en las fuentes para el nuevo financiamiento de los emergentes, la madurez de los mercados de capitales, el grado de institucionalidad de cada país, la seriedad de los planes gubernamentales y en el riesgo que implican las demandas legales de los bonistas.

Por todo esto es que no existe garantía de éxito en las futuras emisiones, ya que la recuperación de las economías emergentes será gradual y no en forma de V acelerada, lo que genera incertidumbre. Por eso en tan necesario dar señales claras al mundo de manera que los inversores no elijan activos más seguros como el oro, o países con historia previsible, reduciendo su exposición a las economías emergentes.

En este contexto, los bancos centrales en coordinación con los organismos podrían diseñar instrumentos de crédito ad-hoc sobre la base del Fideicomiso y el Trust, para generar puentes confiables entre la abundante liquidez global y las necesidades de financiamiento de las economías emergentes. A su vez estos nuevos instrumentos servirían como mitigadores de riesgo atrayendo al capital privado hacia las economías emergentes.

Vale destacar que las moratorias son de emergencia y temporales, pero son clave para las economías críticas pues reducen el riesgo del tsunami de defaults soberanos, atacando proactivamente el problema de los deudores antes que dejen de cumplir con sus obligaciones, y previniendo el aumento de la pobreza y marginalidad global, especialmente en América y África.

En definitiva, estamos en una etapa de crisis sostenida donde la abundancia de capitales del mundo está evaluando el comportamiento de las economías regionales, pero sabemos que el camino al éxito está plagado de problemas y requiere de una combinación de soluciones políticas pragmáticas pero integrales, que respetando las condiciones particulares de cada caso, promuevan las inversiones productivas para el crecimiento y desarrollo generalizado, para lo cual es indispensable reforzar los marcos institucionales, planificar con el mayor profesionalismo, y respetar la libertad, el esfuerzo y el mérito teniendo siempre en cuenta, la dignidad del ser humano para llevar verdadera justicia y posibilidades de desarrollo genuino para toda la humanidad.

(*) Profesor del Master de Agronegocios de UCEMA, Ingeniero Agrónomo y Doctor en Dirección de Empresas, Director Ejecutivo de la AAFyFID

Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

Temas

Dejá tu comentario