"Quita a deuda es récord. Aún es difícil que acepten"
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Pablo Guidotti
Periodista: ¿Cree que está fundamentado el optimismo que hay en cuanto al proceso de reestructuración de la deuda?
Pablo Guidotti: Hay una clara diferencia entre el optimismo que hay localmente y la información que se obtiene cuando se habla con gente que está en el exterior. El optimismo está basado en que bajaron las tasas para los países emergentes, y mejoraron los precios de los bonos argentinos que no están en default.
P.: ¿Cuál cree que será la aceptación de la oferta argentina?
P.G.: La Argentina todavía se está moviendo dentro de una quita récord, y suena difícil que pueda haber un grado de aceptación de la propuesta muy alto si se tiene a todos los representantes de acreedores en contra. El gobierno se aseguró cierta participación con los acuerdos con las AFJP y otros inversores institucionales locales. Pero los otros acreedores lo están viendo como un trato desigual entre clases similares de acreedores. Hay que ver en qué medida los que objetan estos acuerdos efectivamente pueden influir en la decisión final de los tenedores de bonos.Aunque es difícil predecir cuál será el porcentaje de aprobación, es improbable que la solución esté en niveles intermedios. Habrá mucha aceptación o muy poca. Porque, si hay una cantidad importante de acreedores que queda afuera, el mercado lo va a leer como que el proceso no terminó y que la Argentina en el futuro va a tener que hacer una nueva oferta. Esto puede ser un incentivo para no entrar.
P.: El valor de los bonos en default sigue estando lejos de lo que vale la oferta.
P.G.: Yo no creo que haya que tomar necesariamente los precios actuales como los precios con los cuales se evalúa la oferta. El valor presente neto es actualmente alrededor de 20 centavos por dólar. Significa una quita sustancialmente mayor que las que obtuvieron otros países.
P.: Sin el cupón por PBI...
P.G.: Sí, pero tampoco el PBI está siendo evaluado por los acreedores con un valor significativo. Es importante que, dado lo avanzado del proceso, esta etapa llegue a una conclusión. Seguir dilatando el proceso no es bueno, porque no creo que ocurra que los acreedores se cansen. Esa idea del hartazgo no es cierta. La posición de los acreedores no está determinada por el tiempo que pasó, sino por la dinámica del tiempo que viene por delante. Y eso está relacionado con el poder de negociación que cada parte tiene.
P.G.: A favor del gobierno está la sensación de que la Argentina no enfrenta necesidades financieras muy grandes en el corto plazo y tiene cierto tiempo para prolongar las decisiones. Pero tiene en contra que, cuanto más tiempo pase, mayor es el riesgo de que entremos en una etapa en la cual la tasa de crecimiento de la economía empiece a ser menor, a la vez que el mandato presidencial empieza a ser más corto. Estos son factores que los acreedores verán como debilidades al evaluar el poder de negociación del gobierno.
P.: ¿Qué le conviene hacer a la Argentina entonces?
P.G.: Tratar de cerrar el acuerdo lo antes posible.
P.: El gobierno dice que mucho más no puede pagar...
P.G.: Eso depende del esfuerzo fiscal. La Argentina no está planteando la discusión en términos de lo que puede pagar, sino de lo que quiere pagar, porque está haciendo cálculos basados en superávit primarios menores que los que está obteniendo este año. Esto induce una posición confrontacional de los comités de acreedores, porque se argumenta «no quiero» sobre la base de las prioridades que quiere dársele a la utilización de los recursos fiscales que obtiene. Los acreedores están frente a alguien que le debe y que, bajo las circunstancias actuales, podría pagar más.
P.: ¿Cuál será el resultado final?
P.G.: Lo importante es que el resultado final no sea uno en el cual la comunidad inter-nacional piense que la Argentina se salió con la suya, que estafó a los mercados. El tipo de quita que obtenga la Argentina tiene que reflejar lo que es razonable sobre la base de los shocks externos que tuvo. Y esto se mide por un alto grado de aceptación de la oferta.
P.: ¿Cuál es el riesgo de que el mercado quede con esa sensación?
P.G.: Si el mercado queda con la sensación de que la Argentina logró una reducción muy alta, simplemente porque tiene la sartén por el mango, se va a pagar en el futuro con tasas más altas. El costo no es solamente el actual, sino cómo la negociación actual repercute en el financiamiento futuro.
P.: ¿Cuál debería ser el monto de crecimiento del PBI para tomar en cuenta en el cálculo de la deuda?
P.G.: Podría apuntarse a 4% del PBI. Eso le permitiría lograr un mejor acuerdo. Yo digo esto bajo el supuesto de que se logra un porcentaje bajo de aceptación. Si el gobierno efectivamente obtiene un porcentaje alto sobre la base de la propuesta actual, podrá decir después para qué usa esos mayores recursos.
P.: ¿Es posible que en enero no esté reflotado el acuerdo con el FMI y que hay que pagar vencimiento con reservas?
P.G.: En enero es posible que todavía no haya acuerdo, porque primero hay que concluir la reestructuración de la deuda, y eso, por los plazos que anunció el gobierno, estaría terminando en diciembre. Después, vienen dos aspectos importantes en la negociación con el FMI. Uno es el programa económico que tiene que ver con las metas fiscales y otras reformas. Pero, además, en ese momento, va a surgir la discusión de cómo evoluciona la exposición del Fondo con la Argentina en el futuro. El gobierno asumió en todas las presentaciones que hizo que se mantenía un roll over (renovación) de la exposición inicial por un período muy largo. Pero los miembros del G-7 tienen el convencimiento de que los países deben acceder al Fondo por un tiempo limitado y que no pueden ser deudores permanentes. Por eso, es posible que las negociaciones empiecen en enero, pero que demanden algo de tiempo. En ese contexto, la Argentina va a seguir pagando al FMI si ve que esas negociaciones continúan.
P.: ¿El gobierno aprovechó la alta exposición que los organismos tenían por la Argentina para obtener el acuerdo ventajoso?
P.G.: Es diferente la situación del Banco Mundial y del BID que la del FMI, porque este último, como no accede al mercado de capitales, puede manejar un país en atrasos sin problemas. Pero nadie quiere que un país importante esté en situación de atrasos. Por eso, la comunidad financiera hizo todos los esfuerzos para que eso no ocurra. Pero también el excesivo uso de esa arma («yo te debo mucho y decido qué hacemos») genera un precedente malo para la comunidad financiera inter-nacional, que dice se premia a un país que parece que extorsionaba a los organismos multilaterales. El G-7 endureció su posición, pero la situación actual en la que el FMI se separó de la negociación con los acreedores externos es cómoda para ambos lados. Ahora, hay un grado de congelamiento de la negociación con un programa que no está caído, y básicamente acordaron volver a hablar en vez de seguir con escaramuzas permanente, una vez que esté todo definido.
Entrevista de Guillermo Laborda




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