Realidad demonizada: trabajo y desempleo durante los años '90
-
Planes sociales y formación de capital humano
-
Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
¿Cómo puede ser que el número de ocupados haya aumentado tanto a lo largo de la década de 1990, si subió tan fuertemente la tasa de desocupación? Buena pregunta. En efecto, en 1990 la tasa de desocupación era de 8,6% de la fuerza laboral (alta, para los promedios existentes hasta ese momento, «nada» en función de lo que ocurrió después), en 1995 aumentó a 18,4% (¡más que se duplicó!) y en 2000 había caído, pero todavía estaba en 15,4 por ciento.
Si el empleo subió mucho, y la tasa de desocupación también, entonces la explicación hay que buscarla en el comportamiento de la oferta de trabajo, y no en el de la demanda. Efectivamente, la tasa de actividad o participación, es decir, la proporción de la población total que quiere trabajar (en otros términos, que integra la fuerza laboral), pasó de 39% en 1990, a 42,6% en 1995. O sea, aumentó 3,6 puntos porcentuales. Pero cada punto porcentual de la tasa de actividad o participación, equivale a 2,5 puntos porcentuales de la tasa de desocupación (porque ésta se mide como proporción de la población total; y la segunda, de la fuerza laboral). Por consiguiente, el aumento de 3,6 puntos porcentuales de la tasa de actividad equivale a nueve puntos porcentuales de la tasa de desocupación.
Conclusión: 90% del aumento de la tasa de desocupación entre 1990 y 1995 se debió a razones de oferta, no de demanda, de mano de obra.
¿Por qué no se dice esto? Porque es « políticamente incorrecto». ¿A quién se le ocurre pegarles hoy a Menem y al resto de las autoridades de entonces, por una «explosión laboral del lado de la oferta»? Queda mucho más paquete insistir con la destrucción de fuentes de trabajo (hubo destrucción bruta, es decir, fábricas cerradas, puestos de trabajos reducidos, etc.; pero no neta).
¿Por qué aumentó la oferta laboral, como proporción de la población total? El análisis económico ofrece dos respuestas posibles: a) porque el salario real era tan bajo, que el resto de la familia salió a complementar el jornal del «jefe»; b) porque el salario real era tan alto, que el resto de la familia dejó el ocio para otro momento.
¿Cuál fue la realidad? Debió haber de todo, seguramente, en proporciones que sólo Dios conoce.
• Mujeres
Una ayuda para entender lo que ocurrió: 3 de cada 4 nuevos integrantes de la fuerza laboral son... mujeres. Como ocurre en el resto del universo, la mujer se integra más y más a la fuerza laboral. Sólo que en la Argentina, durante los últimos 15 años, el fenómeno adquirió fuerza inusitada.
¿Y del lado de la demanda no ocurrió nada? Sí, ocurrió algo importante, que ya se venía insinuando desde antes, pero que en la década de 1990 se manifestó con más fuerza, porque se cayeron velos. Me refiero a la precarización del trabajo.
El trabajo es precario, es decir, la demanda de trabajo fluctúa, y no está en condiciones de garantizar nada, porque vivimos en un mundo precario. Todo es precario; la demanda de trabajo depende de la demanda de bienes, y el valor de los servicios laborales depende, no solamente de la habilidad física del trabajador, y de la calidad de las máquinas a las que se aplican dichos servicios laborales, sino también del precio al cual se vende el producto en el cual están incorporados dichos servicios laborales. Mi ejemplo preferido: el más productivo fabricante de hielo del mundo se funde... ¡en la Antártida!
La precariedad del mundo, con perdón de los partidarios de las explicaciones conspirativas, no deriva de la perversidad del neoliberalismo, sino de la caída de los costos de transporte y comunicación, que es lo que verdaderamente genera la globalización, del tamaño y la facilidad con que se mueven los capitales, de la situación política internacional, etcétera. De miles de factores que sólo Dios maneja.
• Legislación
La precariedad del mundo, y la del mercado local, no la elimina ninguna legislación laboral. Lo que hace la legislación laboral es concentrar la totalidad del riesgo en aquellos que no están amparados por ella (de la misma manera que cuando, frente al racionamiento de gas, los obreros de algunas fábricas impiden el corte del fluido, lo que generan son mayores cortes en el resto de las fábricas).
Otra vez, esto es políticamente incorrecto; queda mucho más paquete insistir con la fantasía de que, vía legislación, se puede garantizar certeza sobre el futuro de la evolución económica nacional e internacional.
Desde setiembre de 1978 vivo sin sueldo fijo, jugándome la vida en cada conferencia, cada programa de televisión,cada curso que dicto en la universidad. En una palabra, vivo haciendo «changas». No me considero un excluido -ni, mucho menos, un integrante de la economía informal-; por el contrario, me considero un trabajador moderno, con alta capacidad de adaptación... a lo que venga, que por definición no sé qué va a ser.
Empleo y desempleo son cuestiones muy serias, porque afectan profundamente el bienestar concreto de seres humanos. ¿Y si antes de hablar de cosas tan serias nos ponemos a ver qué fue lo que pasó y está pasando, y a pensar? ¡Animo!
(*) Artículo extraído de su «newsletter» Contexto.




Dejá tu comentario