14 de enero 2022 - 08:14

Reflexiones de 2021

“Quien sueña solo, solo sueña”. Mario Cafiero

UVMAYES/INAES realizó una reflexión sobre su rol de fomento de Comunidades Organizadas (C.O.) en ámbitos locales con la certeza que:

En la “democracia representativa”, las mayorías poseen un poder simbólico. El pueblo es un convidado de piedra al que se le pide que opte por listas confeccionadas por quienes controlan los partidos políticos y donde juegan: intereses personales o de grupos, lealtades, adulaciones, compromisos, devoluciones de favores, vínculos familiares, coacciones mafiosas… La igualdad sólo se manifiesta en el acto electoral (una persona un voto). Los dirigentes “suben al caballo por la izquierda y bajan por la derecha” y no tienen empacho en traicionar sus promesas. “Esto ocurre aquí y en cualquiera de las llamadas grandes democracias. Mientras en los países totalitarios el pueblo es un esclavo sin voz ni voto, en los democráticos es un paralítico con la ilusión de la libertad al que las pandillas financieras usurpan la voluntad hablando de sus mandatos” (Arturo Jauretche). Desde la solución republicana de Rousseau, la representación falla y fortalece la “tesis de hierro de la oligarquía” (Michels).

Sin organización, el pueblo no será el centro de poder real de la sociedad. No hay posibilidad de alcanzar el bienestar general sin una Comunidad Organizada. Un nuevo orden de justicia e inclusión se construye de abajo hacia arriba y desde la periferia (territorio) hacia el centro (puerto). El terreno más favorable al florecimiento de comunidades organizadas son los espacios locales, allí donde vivimos y del cual depende, mayormente, nuestro bienestar.

Hasta el momento, el poder real (económico-político-religioso-mediático-académico) se sostiene a través de diluvios de imposiciones y mensajes orientados a fomentar el individualismo, la codicia, el egoísmo, el narcisismo, la mezquindad, aprovechando la diversidad y la pluralidad de las mayorías.

A la práctica de fragmentación es necesario actuar en “contrario sensus”. Desde el INAES, con Mario Cafiero nos propusimos revivir el mandato de Perón de fomentar la organización de las comunidades locales. La idea fue que las cooperativas y mutuales, dotadas de ADN asociativo, convocaran a sindicatos, clubes, instituciones académicas y científicas, organizaciones sociales, asociaciones civiles, entidades religiosas y otras fuerzas vivas a organizarse a través de Mesas locales comunitarias. Desde el origen la idea trascendía lo económico (eje supremo de las concepciones e instituciones dominantes: moneda, capital, trabajo, relaciones de producción…), debíamos ingresar a la concepción holística del peronismo que, por doctrina, da preeminencia a los vínculos humanos, sociales, fraternales y pone a las cuestiones materiales a su servicio. Sabíamos que no sería una tarea fácil. Debíamos despojarnos de las aspiraciones personales, evitar ser centro de atención, abandonar las prácticas de poder oligárquico que sostiene a los partidos y agrupaciones políticas influenciadas por “La República” de Platón o “El que hacer” de Lenin y demostrar que el “hierro” es maleable. No sería sencillo tender puentes con quienes no comulgan con nuestra identidad política y a quienes no les llega la política convencional; pero el carácter diverso de las comunidades lo requería. Tampoco sería simple asumir la misión de ayudar a construir un colectivo que no persigue la unificación del pensamiento sino lograr confluencia en base a principios y objetivos comunes de pensamientos diversos; algo en lo que estamos incluidos pero que no somos; que debe nacer, aprender a volar y decidir su propio rumbo.

A pesar de que la naturaleza de la especie humana es gregaria, y que su capacidad de comunicarse y cooperar permitió avances prodigiosos (Harari) y que el óptimo no se logra por vía de la competencia sino por cooperación (Nash); llevó a la oligarquía dominante, cuyo mayor temor es el pueblo unido, a utilizar toda su fuerza y poder para arrastrar a los comunes a actuar en contra de sus propios intereses y poner en la sombra todo pensamiento de coalición popular y bien común.

El primer combate lo debíamos dar en el mismo campo popular, porque el mensaje subliminal del poder penetró en la militancia y ya la historia demostró que las “patrullas perdidas” y las “vanguardias iluminadas” no generan “efectividades conducentes”, coartan la creatividad y obstruyen la emancipación popular. Y cuando acceden al rango de funcionarios caen en el mareo de “apunamiento de alfombra” y hasta líderes de asonadas anti-sistema son convertidos en celebridades por la prensa y terminan integrados al poder dominante (Hardt/Negri).

Sólo el pueblo es capaz de transformar la sociedad, para eso es necesario organizarse, tomar conciencia “de” y “para sí”, y asumir su rol transformador. La comunidad debe fijar la estrategia y la militancia adoptar un rol táctico, facilitador.

El poder real no pudo narcotizar la memoria del pueblo argentino que recuerda que sus mejores años fueron peronistas. Por eso, a pesar de la dotación escasa, pocos recursos, exiguo apoyo institucional y un entorno negativo (post pandemia amarilla y aislamiento por el covid19), con la ratificación del cometido realizado por Alexandre Roig, actual Presidente del INAES, la propuesta alcanzó a alrededor de 200 Municipios, donde Mesas, Núcleos Promotores y Semillas están avanzando, a diferentes velocidades, en la ruta trazada, superando apatías, impacientes desencantados y reemplazando a quienes quieren controlar y aprovechar para bien propio o de grupos la organización de comunidades. Los nodos activos nos maravillan con su creatividad (muchos registrados por la “bitácora de las mesas”) y sus obras irán aumentando en calidad y profundidad con la creación de espacios colectivos de aprendizaje, experiencias compartidas, transferencia de saberes y ejecución de acciones conjuntas que fortalecerán los entramados. El proceso, aunque lento será acumulativo e irreversible, y no puede ser demorado por situaciones coyunturales ni apurado por expectativas desmedidas.

Nuestro abrevadero es poderoso: está fundado en el pensamiento de Juan Domingo Perón y fertilizado por el “don” de las culturas pre-colombinas que han iluminado experiencias vivas a lo largo de nuestra América Latina.

El movimiento va acorde a los nuevos tiempos, el mundo asiste a una proliferación de asambleas, cabildos, consejos barriales y parroquiales, movimientos comunales y de base, mancomuniones, audiencias públicas, presupuesto participativo, control social de las actuaciones y gastos del Estado. Las experiencias surgen de fuentes ideológicas y políticas diversas, están alentados por la prédica de sabios generosos (la organización de las comunidades guarda estrecha sintonía con el llamado realizado por Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco en la Encíclica “Fratelli Tutti”, 4/10/2020) y difundida por prestigiosos comunicadores. En la República Argentina se han intensificado las referencias a la Comunidad Organizada y han florecido experiencias parecidas a escala provincial o sectorial, no nos creemos causantes del movimiento, pero estamos orgullosos de haber ayudado a activarlo. El futuro de bienestar general no será obra de las militancias sino de las Comunidades Organizadas, pero se requiere de un apostolado vigoroso y masivo para apuntalar su nacimiento y vida, superar el sectarismo y el interés personal o grupal y contribuir a la convergencia de las múltiples experiencias respetando la diversidad cultural, las etnias y el carácter telúrico de las mismas. La gesta “sorprendente, genial y loca” de la Comuna de París es memoria presente a pesar de su vida corta, sangrienta, maravillosa.

Carlos Cleri ocupó el cargo de Subsecretario de Comercio Exterior y Jefe de Gabinete del Ministerio de Economía y Producción de la Nación, actualmente ocupa el cargo de Coordinador de la Unidad de Vinculación con las Mesas del Asociativismo y la Economía Social del INAES.

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