Qué hay detrás de TikTok, un nuevo soldado en la vanguardia del poder blando chino

Opiniones

La irrupción de la aplicación TikTok, de la firma china ByteDance, está dando que hablar en el mundo entero. Como es su costado geopolítico y que implicancias tiene.

Con la guerra comercial Estados Unidos-China en el freezer por el Covid-19, el foco que apuntaba al gigante de las telecomunicaciones chino Huawei, sospechado de poseer capacidades de intrusión a través de su equipamiento para redes 5G, ahora apunta hacia la aplicación de redes sociales más bajada desde que ha comenzado la pandemia: TikTok (Douyin en China).

¿Qué es TikTok?

La aplicación que cautiva a los preadolescentes y crece día a día en la franja 16-24, con gran penetración en Estados Unidos, India, Turquía o Rusia entre otros países, no solamente le quita horas de sueño a sus jóvenes usuarios en busca de sumar mayores capacidades de edición de video y/o diversión. También inquieta a los servicios de inteligencia de las naciones de Occidente (e inclusive algunas de Oriente) que apuntan a la App china como un Caballo de Troya para hacer espionaje, amenazar la seguridad interna y/o diseminar información falsa (fake news).

Las sospechas no carecen de sustento. Bytedance, la compañía creadora de TikTok, fue constituida en 2012 y originalmente era conocida por su plataforma de noticias y microblogging llamada Jinri Toutiao, de gran alcance en el territorio chino. Hoy Toutiao estaría contando con 120 millones de usuarios activos y una característica que enciende las alarmas: la firma tiene varios acuerdos con medios estatales, ligados de una u otra forma al Partido Comunista Chino (PCCh).

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La aplicación TikTok ya ha sido descargado 1.500 millones de veces, con más de 1.000 millones de usuarios activos en el mundo.

La aplicación TikTok ya ha sido descargado 1.500 millones de veces, con más de 1.000 millones de usuarios activos en el mundo.

Al respecto, en diciembre de 2019 la empresa cerró una alianza con el medio estatal Shanghai Dongfang Newspaper Co para desarrollar una plataforma de Inteligencia Artificial y Blockchain; a esto puede sumársele también la antigua relación que tuvo con el desaparecido Beijing Times, periódico fundado por el Departamento de Propaganda del Beijing Municipal Party Committee, que funcionara hasta 2017; un dato de color: en marzo de este año fue nombrado Zhang Lidong, con pasado en Beijing Times, como nuevo presidente de Bytedance.

Todo lo mencionado más la obligación que pesa sobre las firmas chinas de compartir su información con el Estado, le ha valido a TikTok su prohibición en Nueva Zelandia, una breve exclusión en India y el bloqueo para su uso por parte de las fuerzas armadas norteamericanas y australianas. Pesa la presunción sobre Bytedance no solo de compartir información sino de ejercer censura sobre determinado contenido dentro de China y de generar desinformación.

De acuerdo con la consultora norteamericana Sensor Tower, TikTok ya ha sido descargado 2.000 millones de veces, con más de 1.000 millones de usuarios activos en el mundo que acumulan también más de 1.000 millones de vistas de videos por día. La mayor penetración de la aplicación es en India, con 611 millones de descargas (y en pleno crecimiento), seguido de China (197 millones) y Estados Unidos (165 millones).

Contactos políticos

Las primeras reacciones concretas han surgido desde los cuarteles de Facebook. Para contrarrestar el avance de Tik Tok en India, Mark Zuckerberg ha hecho el segundo desembolso más importante en la historia de la compañía, pagando u$s5.700 millones por el 9,99% de Reliance Jio, firma india del sector de telecomunicaciones perteneciente al holding Reliance Industries, del magnate Mukesh Ambani, la primer fortuna del país.

En este sentido, se considera a Ambani un aliado muy cercano e influyente de Narendra Modi, primer ministro de India, país que es considerado geopolíticamente por Estados Unidos el único por su tamaño que puede oficiar de tapón al avance de China. Constructor de puentes entre la figura de Modi y Donald Trump, el multimillonario Ambani ha sido felicitado recientemente por el presidente norteamericano por su “gran trabajo” en los sectores de telecomunicaciones y energía. Otro dato de color: Reliance Jio, operador líder en una India que ya alcanza más de 1.350 millones de habitantes, no tiene un solo equipo chino para sus pruebas de 5G, haciendo las mismas con la surcoreana Samsung Electronics, alineada con Washington.

Volviendo a Facebook, dueña de Whatsapp y de Instagram, cabe recordar sus números: 2.200 millones de cuentas activas hoy en todo el mundo y particularmente 251 millones en India. La apuesta por Reliance Jio es acrecentar sus actuales 400 millones de cuentas de Whatsapp locales, sumando poder de fuego ante el avance chino.

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La aplicación de videos TikTok se convirtió en un furor entre los jóvenes. Como red social, compite con Facebook, dueña de Whatsapp y de Instagram.

La aplicación de videos TikTok se convirtió en un furor entre los jóvenes. Como red social, compite con Facebook, dueña de Whatsapp y de Instagram.

Llegados a este punto es difícil creer que, así como se relaciona a ByteDance o a Huawei con el PCCh, no exista ninguna relación entre Facebook y el gobierno norteamericano. También hay motivos para pensarlo: el affaire de Cambridge Analytica, las acusaciones sobre los servicios de Facebook Research o la app Onavo sobre colección de información sobre sus usuarios, o el alcance de la reciente medida de compartir datos con Washington para combatir el Covid-19.

Así, en esta Guerra Fría, las batallas son por las bases de datos, donde el hard power o poder duro corre por cuenta de las grandes firmas fabricantes de equipamiento de redes (Huawei, Nokia, Ericsson, Samsung). En tanto que el soft power o poder blando queda a cargo de los grandes players que juegan en las plataformas y servicios OTT (Facebook, Google, Apple, Amazon, Bytedance, Alibaba, Tencent), todas compitiendo por un lugar en nuestros smartphones.

La inquietud natural que surge de este escenario es la tendencia, cada vez más marcada, hacia un mundo orwelliano dominado por (y a través de) las pantallas, donde actualmente se están disputando el control de las mismas y no se generan demasiados disensos acerca de sus profundas implicancias sociales. Menos aún en el estado actual generado por el coronavirus.

(*) Analista de Relaciones Económicas Internacionales, Tecnología y Geopolítica. Director de ESPADE (Estudios para el Desarrollo).

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