Las grandes concentraciones y cambios en la logística internacional que impactan al consumidor final

Opiniones

Ante la suba exponencial de los costos de los fletes marítimos, muchas compañías han comenzado a repensar sus esquemas productivos. El mundo se está transformando una vez más y son muchos los desafíos por delante.

Como ha sucedido a lo largo de la historia, hechos disruptivos como la pandemia COVID, que sin duda marcará a nuestro tiempo, han acelerado procesos de cambios que ya se encontraban en desarrollo.

En nuestro mundo globalizado actual, donde el avance de la tecnología nos permite estar más conectados que nunca, la actividad económica encontró en la internacionalización de la producción el esquema más eficiente para producir y comercializar.

Así, los países asiáticos, con China a la cabeza, se convirtieron en la “fábrica del mundo”, abasteciendo de productos a los grandes centros de consumo, para lo que se desarrolló una compleja logística donde a través de extensas cadenas globales transitan materias primas y productos terminados que cruzan el mundo de lado a lado.

En este esquema el transporte marítimo se volvió vital, al ser responsable nada menos que del 80% de las cargas que se movilizan en el planeta.

Posición dominante

Este actor fundamental del comercio internacional, como es el transporte marítimo, se encuentra en plena transformación, en un proceso de concentración y fusiones que se inició en los años noventa, cuando las 30 compañías navieras más importantes representaban alrededor del 63% de la flota total mundial.

En la actualidad, solo 7 alianzas aglutinan prácticamente el 85% del mercado de transporte marítimo global. Una posición demasiado dominante, que ante las múltiples congestiones de los tráficos internacionales que generó la crisis sanitaria del COVID, no encontraron ningún obstáculo para realizar una suba exponencial, de hasta 5 veces, del costo de los fletes marítimos. Según World Container Index, el valor promedio de los fletes marítimos para un contenedor de 40 pies pasó de US$ 1.913 a US$ 10.300. Los cargadores repercuten estos aumentos de precios a los exportadores e importadores y estos, a su vez, a los clientes. El gran perdedor es el consumidor final y, por ende, la sociedad en su conjunto.

Desembarco

Hoy las grandes alianzas se expanden verticalmente hacia los puertos, la gestión aduanera y los servicios logísticos terrestres y aéreos, con la premisa de que una mayor integración ofrecerá mayor eficiencia a los exportadores e importadores.

Sin embargo, la realidad que muchos países de Latinoamérica expresan, es que a medida que esta expansión avanza, los exportadores e importadores se ven obligados a contratar los servicios adicionales de estos grandes grupos para conseguir contenedores o lugar en los buques, así como para agilizar los despachos de las operaciones. Nuevamente, clientes y consumidores son los grandes perdedores.

Claramente a medida que aumenta la concentración y se reducen las opciones los usuarios se ven perjudicados.

La logística se volvió un sector estratégico para todas las organizaciones, que cada vez más necesitan servicios especializados y dedicados que se adapten a sus necesidades específicas. La competitividad de las empresas depende en gran medida de su cadena de abastecimiento, por eso actualmente más que proveedores de servicios, las compañías buscan socios estratégicos.

“Quien mucho abarca poco aprieta” reza el dicho, y sin dudas esta avanzada de los grandes jugadores marítimos, no se encuentra alineada con la necesidad de especialización y de servicios personalizados que demandan los mercados.

Recalculando

Ante la suba exponencial de los costos de los fletes marítimos, muchas compañías han comenzado a repensar sus esquemas productivos. Adicionalmente, más allá del Covid, las cadenas globales sufren cada vez más disrupciones, por tensiones geopolíticas, así como por los cada vez más frecuentes incidentes climáticos.

Todos estos factores impulsan la búsqueda de esquemas productivos y de comercialización menos dependientes de estas extensas cadenas logísticas, tanto para reducir los costos como para incrementar la previsibilidad, un factor fundamental para planificar y ser eficiente.

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De hecho, la mano de obra más económica que impulsó la radicación de muchas industrias en los países asiáticos, cada vez reduce más su brecha en relación a los costos de occidente. Y la necesidad de ser más sustentable, reduciendo las emisiones contaminantes del transporte, es también una tendencia creciente que suma fuerza a estos cambios.

Surgen nuevos actores y propuestas que impulsan, por ejemplo, la implementación de los contenedores de 53 pies para el transporte intermodal potenciando la actividad de los camiones con los trenes, la circulación de bitrenes a través de las fronteras y un mayor uso de las hidrovías para el comercio interregional.

El mundo se está transformando una vez más y son muchos los desafíos por delante. Si volvemos a las bases, el principal objetivo del comercio internacional es “cubrir las necesidades de los países involucrados, buscar su beneficio mutuo al intercambiar productos y lograr que se expandan hacia mercados extranjeros”. El crecimiento y desarrollo de las sociedades, de las personas, debería ser el fin último de las actividades comerciales.

Sin dudas, la diversidad de opciones, la especialización, la colaboración y la posibilidad de elegir son los caminos que demanda el futuro. Donde cada vez se toma más consciencia de la importancia del rol de las personas, de los vínculos, y de las relaciones colaborativas por sobre toda posición dominante.

Director de Movant Connection

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